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ROYAL BALLET DE LONDRES
Mayerling: historia
de una pasión
Por Fátima
Nollén (Londres)
Ciertamente,
Kenneth MacMillan no sentía atracción
alguna por los cuentos de hadas. Si bien, como Marius
Petipá, sus obras tienen profusión de
personajes y varios actos y escenas. A diferencia de
éste, MacMillan remplaza la fantasía con
dramas de realismo psicológico y en algunos casos,
histórico como en "Mayerling". La obra
creada en 1978, retrata la vida del príncipe
heredero del imperio austro-húngaro, quien mata
a su amante de diecisiete años y luego se suicida
en el coto de caza cuyo nombre bautiza al ballet.
El
drama, real y por lo escandaloso, oculto por el emperador
Francisco José por razones políticas,
describe a Rudolf como un joven conflictivo, sifilítico,
adicto a la morfina y mujeriego. MacMillan, creó
maravillosos pas des deux para relatar la relación
de Rudolf con cada una de las mujeres de esta historia.
No importa cuán larga sea la función,
estos dúos vibrantes de pasión y de gran
exigencia física, artística y técnica,
lo valen.
Como
parte de las celebraciones internacionales de los diez
años de la muerte del gran coreógrafo
inglés, que sucedió justamente durante
una presentación de esta obra en 1992, el Royal
Ballet repuso "Mayerling" esta temporada.
La obra en sí misma, es majestuosa. Tan rica
la trama como los diseños de Nicholas Georgiadis,
con trajes y joyería opulentos y la exquisita
música de Liszt arreglada por John Lanchbery.
El exceso de personajes, merece siempre una revisión
detenida del argumento antes de ver la obra. No obstante,
el desarrollo inteligente de la trama y la belleza estética
de la coreografía son suficientes para decir
por qué MacMillan se transformó en el
Marius Petipá del siglo XX y por qué "Mayerling"
es considerada la cima de su creatividad.
El
estilizado Jonathan Cope, logra un príncipe Rudolf
atormentado, violento, persuasivo, perverso y brutal;
variantes histriónicas fundamentales para el
personaje principal. Su técnica depurada, su
seguridad y su versatilidad para adaptarse a las cuatro
diferentes bailarinas a quienes debe prestar su "partnering"
son impecables. La española Tamara Rojo, longilínea
y precisa, da vida a una Baronesa Mary Vetsera (la joven
amante), desprejuiciada, a veces ingenua, a veces manipuladora,
con gran facilidad. Sus posiciones altísimas,
su "cambré" y sus bellísimos
brazos, la convierten en la compañera ideal para
Cope en esta obra, y en particular, para el acrobático
y sensual dúo en la recámara real, brillantemente
logrado por ambos.
Cabe
destacar igualmente la escena con su madre, interpretada
por la dramática Zenaida Yanowsky; la escena
perversa de su noche de bodas con la princesa Stephanie,
a cargo de la limpísima Jane Burn y el pas de
deux con su prostituta favorita, Mitzi Caspar, de gran
brillo, en los pies de la argentina Marianela Nuñez.
JaimieTapper, recrea magníficamente a la confabuladora
Condesa Marie Larisch que presenta a los amantes. Tapper
es excelente en este importante papel. El cuerpo de
baile del Royal, como nunca, alcanza gran cohesión
en las escenas de conjunto y brinda el entorno palaciego,
político y social apropiado para cada momento.
Mayerling,
es una obra moderna en su concepción, de lenguaje
clásico en su ejecución, y desafiante
para sus intérpretes y para el público.
MacMillan y su genio apelan con ella a lo más
profundo y mórbido de las pasiones humanas. Un
plato suculento magistralmente preparado y presentado
por el Royal Ballet.
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"Mayerling", un drama histórico
creado por MacMillan, moderno en su concepción
y clásico en su ejecución.
Foto: Bill Cooper. Gentileza del Royal Ballet
de Londres. |
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al principio |
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Christophe Roméro, del Ballet Biarritz,
trata de emular al gran Nijinsky, en "La
Siesta de un Fauno," mientras centra sus
extraños caprichos en pañuelos de
papel.
Foto: Olivier Houeix. Gentileza de Ellen
Jacobs Associates.
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BALLET
BIARRITZ
Parientes lejanos
Por Célida
P. Villalón (USA)
Para
rendir un homenaje de recuerdo a los maravillosos Ballets
Russes de Serge Diaghilev, el Ballet Biarritz llegó
por primera vez a la ciudad de Nueva York con su contingente
de catorce bailarines, y su director-coreógrafo,
Tierry Malandain. El programa, cuyo título es
"Homenaje a los Ballets Rusos", incluyó
cuatro piezas que causaron furor cuando fueron estrenadas
en los tiempos del célebre Diaghilev: "Pulcinella"
de Stravinsky (vista por vez primera en 1920 con coreografía
de Leonide Massine), "L'Après-midi d'un
Faune" de Debussy (original de Vaslav Nijinsky,
estrenada en 1912), "El Espectro de la Rosa"
(de Weber, que Fokin compuso en 1911) y por último
el tan gustado "Bolero" de Ravel, al que Bronislava
Nijinska añadió pasos en 1928.
Por
supuesto que estas obras como las ha concebido Malandain
en el presente, tienen poco o casi nada que ver con
las originales, aunque mantienen el trasfondo erótico
que estaba presente especialmente en una de ellas, y
que fueron motivo de escándalo en los comienzos
del siglo pasado. Los integrantes del Ballet Biarritz
-entre los que, dicho sea de paso, hay cuatro españoles-,
bailan muy bien. Su base es clásica, como debe
ser en una compañía que se denomina a
sí misma de "ballet", pero sus movimientos,
o mejor dicho, los movimientos que Malandain usa en
sus composiciones, son modernos, si bien encierran gran
plasticidad. Por otra parte, las mujeres no parecen
demasiado delgadas como es la moda imperante entre las
"ballerinas" de la actualidad, sino que muestran
plenas formas femeninas en donde éstas deben
aparecer.
"Pulcinella"
trata de tener algún parentesco con la "comedia
del arte" italiana, sobre la que se basaba la primera,
pero aquí los personajes no parecen tener relación
cercana con los originales. Por otra parte, "La
Siesta de un Fauno" está mejor lograda y
mayormente se debe a la personalidad avasalladora y
al extraordinario dominio que el solitario intérprete,
Christophe Roméro, tiene de su cuerpo y de la
escena. El Fauno original de Nijinsky sublimó
su momento sexual sobre la bufanda de una Ninfa; este
otro fauno, o como quieran llamarlo, tiene obsesión
con los pañuelos de papel (tissues), y termina
sus fantasías tirándose de cabeza dentro
de una caja de ellos. Muy inventivo, no hay duda. A
su vez, "El Espectro de la Rosa" original,
trataba de una doncella que regresa de un baile y sueña
que la rosa que lleva en la mano se convierte en un
galán que danza con ella casi sin tocarla. No,
en esta instancia
La doncella, o mejor dicho,
esta joven de la actualidad, a cargo de Magali Praud,
pertenece a la sociedad del presente, mayormente grosera
y sin ilusiones, y quien en vez de portar una delicada
rosa, infla vulgarmente un globo que lleva en la boca
(¿o es acaso un chicle-balón?). En fin
de cuentas, el galán de sus sueños, Giuseppe
Chiavaro -de exquisita línea clásica-,
no solo la manipula, sino que logra la realización
total de sus deseos sexuales, que también parecen
ser los de ella, en plena escena. Después del
legendario "grand jeté" final, que
esta vez no es a través de una ventana sino detrás
de un biombo, se sueltan al aire una variedad de globos
desde el fondo de la escena. Todo sea en aras de la
novedad... Como colofón, le llegó el turno
al famoso "Bolero" de Ravel, en el que el
conjunto utiliza pasos tan repetitivos como la partitura
musical, pero que en fin de cuentas, sirvió de
digno final al espectáculo, presentado con acompañamiento
electrónico.
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BALLET DE SANTIAGO
Una bella bella
Por Tito
Barbón (Desde Chile)
Entre
1891 y 1899 Ivan Alexandrovich Vsevolojski asumió
el cargo de Director de los Teatros Imperiales
en la Rusia de los Romanoff, y se propuso hacer
del ballet un arte mayor. Ante todo decidió
jerarquizar la música, que por entonces
era sólo un mero acompañamiento
y revitalizar aquello que la Corte consideraba
un "ligero entretenimiento". Decidido
a poner en práctica esas ideas, se abocó
a la tarea de producir un ballet inspirado en
el cuento de hadas "La Bella Durmiente del
Bosque" de Charles Perrault (1628 -1703)
extraído de su libro "Mi madre la
Oca". Encomendó la música a
Peter Illich Tchaikovsky a pesar del relativo
éxito de su anterior ballet "El Lago
de los Cisnes". Y sin dejar de reconocer
el talento indiscutible del todopoderoso coreógrafo
del Ballet Imperial Marius Petipa, aceptó
discutir con él aspectos del argumento
y la puesta en escena. El mismo Vsevolovsky diseñó
el vestuario y encargó los decorados a
Ivann Andreiev, Mikhail Bocharov, Constantin Ivanov,
Henrykh Levogt y Matvei Shishkov; mientras que
el autoritario Petipa, no vaciló en imponer
a Tchaikovsky la duración de cada escena
y los ritmos de las variaciones.
Finalmente
"La Bella Durmiente" se estrenó
el 16 de enero de 1890 en el Teatro Mariinskii
de San Petersburgo. El Zar Alejandro III presenció
el ensayo general, y opinó, en voz baja
y con indiferencia: "Muy bonito". Carlotta
Brianza bailarina italiana de sólo 23 años
fue la princesa Aurora, Pavel Gerdt el príncipe
Desiré, María Petipa, hija del coreógrafo,
el Hada Lila y la versatilidad del maestro Enrico
Cecchetti quedó demostrada en la interpretación
de roles tan opuestos como el hada Carabosse y
el Pájaro Azul.
"La
Bella Durmiente", creada a instancia de Vsevolovjski
está considerara no sólo la mejor
partitura para ballet compuesta por Tchaikovsky,
sino también, la obra cumbre del Ballet
Clásico del Siglo XIX. A ello contribuyó
de manera superlativa la coreografía de
Marius Petipa, quien aportó el oficio y
el gusto por la grandiosidad del espectáculo.
Alexandre Benois, colaborador de Serge Diaghilev
y los Ballets Russes, dijo de ella, "la historia
del ballet en Rusia y en el mundo entero, habría
seguido otro curso sin "La Bella Durmiente".
A
partir de las anotaciones de Stepanov, 31 años
después, Nicolas Sergueyev, antiguo "regisseur"
del teatro Mariinskii, la recreó para la
compañía de Diaghilev con escenografía
y vestuario de Leon Bakst en el teatro Alhambra
de Londres. Olga Spessivtzeva y Pierre Vladimirov
bailaron los roles principales. Carlotta Brianza,
reapareció en aquella oportunidad como
el hada Carabosse. Después de ciento quince
representaciones la obra bajó de cartel
debido a las grandes pérdidas económicas
que ocasionó.
A
pedido de Ninette De Valois, el mismo Sergueyev,
repuso nuevamente "La Bella Durmiente"
para el Sadlers Wells Ballet en 1939. Así
comenzó el exitoso camino de la obra más
emblemática del Royal Ballet, como también,
la celebridad de Margot Fonteyn, la protagonista
de aquel entonces. La producción de Sergueyev
fue revisada sucesivamente por Nijinska, Ninette
De Valois, Frederick Ashton, Keneth Mac Millan
y Antony Dowell.
Para
el Ballet de Santiago, es ésta la cuarta
producción de "La Bella Durmiente"
y Sir Peter Wright fue el responsable de llevarla
a escena, asistido por Louise Lester. Su eminente
trayectoria internacional y sobre todo su vínculo
con el Royal Ballet y la obra, son garantía
suficiente de la calidad de ésta producción.
Afortunadamente Sir Peter permaneció fiel
a lo mejor de Petipa, no obstante, introdujo cambios
acertados en el Vals de las Guirnaldas y la rivalidad
entre los cuatro príncipes del "Adagio
de la rosa" en el primer acto. En la escena
de caza, al comienzo del segundo acto, incluye
además una segunda y melancólica
variación para el Príncipe y rescata
el Pas de Quatre original en el tercero.
No
acierta en cambio en la composición del
Hada Lila, despegada del mundo feérico
al que también pertenece el Hada Carabosse.
No parece necesario subrayar bondad y maldad cuando
ambos sentimientos están claramente implícitos
en los personajes del cuento. Tampoco fue elocuente
la solución en la escena, conocida como
"Panorama". La grandeza de la música,
exige mayor correspondencia escénica durante
el viaje que emprende el Hada Lila junto al Príncipe
para rescatar a la princesita Aurora yacente junto
a la corte. La maldición de Carabosse,
el hada malvada, ofendida porque olvidaron invitarla
al principesco bautismo, vaticinó que al
cumplir 16 años, un pinchazo en la mano
de Aurora le causaría la muerte. Sin embargo
Lila, el Hada buena, mitigó la sentencia.
La princesa, no moriría, sólo dormiría
un dulce sueño de 100 años, hasta
que el beso del Príncipe Deseado, enamorado
de tanta belleza, la despertase. Luego, tal como
sucede en los cuentos de hadas, se casarían
y serían felices. Eso ocurrió efectivamente
en el 3er. Acto, generalmente conocido como "Las
Bodas de Aurora".
La
exigente producción de Sir Peter Wright
fue un desafío del que salieron triunfantes
los artistas del Ballet de Santiago y los técnicos
del Teatro Municipal; en particular Pablo Nuñez,
creador de las escenografías y el vestuario.
La narración se desarrolla con pompa y
circunstancia, en un prólogo y tres actos
a través de suntuosos salones palaciegos,
jardines y bosques enmarañados en una corte
decididamente francesa, durante los Siglos XVI
y XVII. El vestuario combina exquisitos matices
de color y la opulencia que se aprecian en las
pinturas de Le Brun o los retratos de Rigaud.
Esta admirable ambientación del diseñador
chileno Pablo Nuñez, realzada por la iluminación
de Luis Fiorruccio, recrea el lujo del Ballet
Imperial en época de los zares y puede
afirmarse que son pocas las compañías
de ballet de repertorio capaces de producir en
el mundo, un montaje escénico similar.
En
medio de ese universo de fantasía, brilló
Julie Kent, primera bailarina del American Ballet
Theatre en el rol protagónico. La belleza
de su figura, el encanto natural de su presencia
o la pulcra calidad técnica hicieron de
su Princesa Aurora un deleite mayor. Con delicadeza
sin par fue tallando las facetas del personaje
hasta obtener una fina pieza de orfebrería.
La conjunción armoniosa de los brazos,
el torso y el rostro, reflejaron, con claridad,
candidez, levedad y brillantez, al tiempo que
realizaba prodigios de bravura sin la menor afectación.
La Aurora de Julie Kent es emocionante y sin duda
una de las más calificadas de la actualidad.
A
su lado brilló también un bailarín
excepcional, el argentino Luis Ortigoza que milita
hace tiempo en el Ballet de Santiago. El bailarín,
quien está en plena madurez técnica
y artística, acompañó con
seguridad y nobleza a la bailarina invitada sin
dejar de lado el virtuosismo que lo caracteriza,
comparable con el de tres famosos compatriotas.
Una verdadera revelación fue César
Morales; un joven bailarín chileno premiado
en el Festival de Lausanne. De físico elegante
y espigado tiene la flexibilidad del junco. Bailó
el "Pájaro Azul" con saltos livianos,
giros precisos y ejemplares "entrecha-six".
Acompañó con firmeza a la segura
Natalia Berríos en ese comprometido "Pas
de Deux".
Si
la maldad pudiera personificarse, no hay duda
que Edymar Acevedo lo haría a la perfección.
Impacta cuando entra a escena personificando a
Carabosse acompañada por una corte de monstruos.
Impresionante la máscara; sinuoso el serpentear
de los brazos; maldice con gestos enérgicos,
pero lo hace con mesura de gran actriz, contorneando
una composición sobresaliente. Largas piernas
y brazos caracterizan la figura de Lidia Olmos.
Bailó con clase y estilo la variación
del Hada Lila, mientras Georgette Farías
en el mismo personaje, pero mimado, se enfrentaba
a las maldades del Hada Carabosse.
La
Orquesta Filarmónica de Santiago ofreció
una vibrante versión de la partitura de
Tchaikovsky dirigida por José Luis Domínguez,
más atento al foso que al escenario. Disciplina
y estilo caracterizan al Ballet de Santiago, una
compañía que ha alcanzado un alto
nivel artístico y que cuenta en sus filas
a tres uruguayos: Mónica García,
Ana Kovac y Daniel Galarraga. La exigente producción
de "La Bella Durmiente" es un ejemplo
en ese sentido. Claro que detrás de esos
méritos hay un Director Artístico,
Ricardo Bustamante, con trayectoria y conocimientos
más que suficientes para conducir con acierto
ese notable grupo de artistas. La larga experiencia
de Luz Lorca en la Sub-Dirección es, sin
duda, otro elemento significativo en el crecimiento
de la compañía; como también
lo son la asistente del Director Artístico
Louise Lester y los maestros de baile Elba Rey
y Pablo Aharonian. Esta delicada armonía
gestada durante todos estos años por Bustamente,
ponen al Ballet de Santiago en el vértice
superior de excelencia dentro de las compañías
de repertorio que existen en Latinoamérica.
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Julie
Kent del American Ballet Theatre y Luis Ortigoza
del Ballet de Santiago realizaron una magnífica
interpretación de este clásico del
ballet.
Foto: Juan Millán. Gentileza del Teatro
Municipal de Santiago. |
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BALLET
HISPANICO
Cecilia
en Nueva York
Por Célida
P. Villalón (USA) |
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"Slices",
un estreno del Ballet Hispánico, con
coreografía de Ann Reinking.
Foto: Andrew Unangst. Gentileza de Ellen
Jacobs Associates.
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El
Ballet Hispánico, dirigido por Tina Ramírez,
comenzó su usual temporada de otoño
en el teatro Joyce de Manhattan con el estreno
de "Cecilia", una coreografía
de Pedro Ruiz, sobre la afamada novela costumbrista
cubana del escritor Cirilo Villaverde, "Cecilia
Valdés o la Loma del Ángel".
Publicada en Cuba en primera instancia, en 1839,
durante la dominación española,
la obra literaria no alcanzó la fama hasta
aparecer en su versión definitiva en 1882.
Fue lectura obligada en todos los cursos adelantados
de la Isla antillana durante la era republicana,
y hoy forma parte del currículo de algunos
cursos de profesores isleños que enseñan
el idioma castellano fuera de su país.
El compositor Gonzalo Roig sucumbió al
hechizo de la prosa escrita y la convirtió
en 1932 en una popular zarzuela de tres actos,
"considerada internacionalmente como la zarzuela
más representativa del teatro lírico
cubano", que llevaba un libreto de Agustín
Rodríguez y José Sánchez
Arcilla. Desde entonces fue representada en Cuba
y en otras partes del mundo infinidad de veces,
y existen varias grabaciones de la obra.
Convertir
"Cecilia Valdés" en ballet, es
un proyecto harto ambicioso. La trama no sólo
señala las injusticias de las clases privilegiadas
antes de que la esclavitud fuera abolida en la
Isla en 1890, sino que aborda otros temas que
son tabú, como el incesto -la cautivadora
mulata Cecilia, hija natural de un rico hacendado
español y una negra esclava, se enamora
de Leonardo, su medio-hermano, situación
que ambos ignoran- que en esa lejana época
debe haber escandalizado a la mayoría de
los que la leyeron.
Otros
coreógrafos ya probaron llevar a la escena
esta historia: en 1975, el Ballet Nacional de
Cuba (BNC) presentó un trabajo original
de Gustavo Herrera, inspirado en la partitura
de Roig, que no tuvo una larga vida. Hace pocas
semanas, una exiliada cubana, Rosario "Charín"
Suárez, bailarina muy admirada en los predios
de la ciudad de Miami, usó la partitura
de la zarzuela e intercaló parte de la
música incidental que crearan para la puesta
en escena de 1975 los entonces directores de orquesta
del BNC, Manuel Urbay y su hija Marlene -ambos
también hoy exiliados- y realizó
un montaje escénico de la obra que obtuvo
gran éxito.
Para
esta nueva versión de "Cecilia",
sin embargo, el coreógrafo Ruiz echó
mano a la música de otros compositores,
entre los que aparecen Leo Brouwer, José
M. Vitier, Ernesto Lecuona y José White
(con la conocida partitura "La Bella Cubana"),
y confinó la de Roig a unos escasos compases
tomados de "la salida de Cecilia", aria
con la que la linda mulata cuarterona hace su
entrada inicial en la zarzuela.
El
coreógrafo redujo la novela (que consta
de 45 capítulos) a una escasa media hora
de duración. Unas simples escenas en el
comienzo, con los amantes del pasado (Don Cándido
y la esclava Rosario, madre de Cecilia) y los
del presente (Cecilia y Leonardo) no son suficientes
para establecer la premisa romántica de
amores imposibles y diferencia de clase. El mulato
Pimienta de esta versión -personaje crucial
en la trama-, que se lo describe en el programa
como "un Chino cubano", está
interpretado por Jae-Man Yoo, un dúctil
bailarín asiático, dramático
por añadidura. No obstante, no parece necesario
haberle cambiado la identidad por la clara definición
de sus facciones. El personaje era en realidad
un músico mulato, enamorado de Cecilia
(sin esperanzas a ser correspondido) y a quien
ella incita a que apuñale a Leonardo el
día de su boda con la aristocrática
Isabel, para vengar el engaño. Las dos
sociedades de la trama -la española y la
mestiza-, no son fáciles de discernir en
la escena: el vestuario de Candice Donnelly los
hace a todos elegantes por igual. Las notas del
programa intentan explicar el argumento según
la escueta adaptación de Ruiz. Sin embargo,
los pocos personajes que sobreviven al recorte
no están desarrollados plenamente. El mejor
logrado es el Eshu (diablito ñáñigo)
o Destino, a cargo de Chan Koo Paik, sutil e imponente,
quien revela a Don Cándido, en fin de cuentas,
la pecaminosa situación que existe entre
sus dos hijos, y al mismo tiempo, le muestra su
fatal destino.
Respecto
de la coreografía, hay varios bailes que
por carecer de sutileza, parecen acrobacia; se
hace escaso uso de la contradanza (el baile de
la época) y no aparece ninguno de estilo
folklórico o ritual por los esclavos del
batey. Las cadenciosas melodías de Lecuona
son, en su mayoría, valses ligeros y armoniosos
que establecen un extraño contraste con
los rasgueos de la guitarra contemporánea
de Brouwer, que aparece en las partes de más
dramatismo. Ruiz, como Don Cándido y Jennifer
DePalo, como Rosa, su mujer, tienen un interesante
Pas de Deux, en el que la magnífica DePalo
expresa con gran emoción las desavenencias
que existen entre ella y su marido. Respecto de
Cecilia, Natalia Alonso, tiene belleza suficiente
como para seducir a Leonardo y a Pimienta, aunque
este Leonardo, a cargo de Yarden Ronen, no parece
vibrar de emoción en los brazos de la atractiva
joven.
"Cecilia
Valdés" trata de "un amor incestuoso,
remordimiento paterno, sumisión de los
humildes, los problemas raciales, con un desenlace
trágico que dan a la novela un marcado
contenido romántico", según
explica un tratado de Literatura Cubana (Cuarto
Curso), publicado por los profesores Oscar Fernández
de la Vega y Juan F. Carvajal en 1940. Todo esto,
parece perdido en esta puesta en escena.
El
segundo estreno de la temporada fue una deliciosa
pieza que lleva la firma de Ann Reinking, titulada
"Slices", con música de Hamilton,
Haburg & Arlen; Sierra; Thiele y Weiss, y
luce un atractivo y múltiple vestuario
de Candice Donnelly. Definida como (traducción
textual) "Una lasca de la vida en cuatro
variaciones", "Slices" es un entretenimiento
encantador que transporta a los musicales de Brodaway
-donde Reinking tuvo una carrera esplendorosa-,
no solo por el vigoroso movimiento de las rutinas
bailables, sino por permitir al conjunto regodearse
en su maravillosa juventud y en su versatilidad
escénica. Los bailarines adornan sus rutinas
con algunas palabras y un resuello más
que otro, y finalizan con una movida salsa, capaz
de incitar a cualquier simple mortal a moverse
dislocadamente.
El
resto de la programación fueron cuatro
obras ya vistas con anterioridad: "Club Havana"
-un producto "made in USA" sobre los
bailes de salón de procedencia caribeña-
y "Guajira" -la campiña cubana
bajo el sol tropical o bajo la brisa de las palmas
en la noche-, ambas de Ruiz, junto a "Cada
Noche Tango" -un compendio de bellas milongas
en burdeles de Buenos Aires- de Graciela Daniele,
y "Bésame" -sobre antiguas conocidas
canciones de amor-, original de Ramón Oller.
Una programación harto atractiva, responsable
de llenar el teatro en cada representación.
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Un
diálogo sobre la vida en "L'animal
a lesquena", el nuevo espectáculo
de la compañía Mal Pelo.
Foto gentileza de Dantzaldia |
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COMPAÑIA
CATALANA MAL PELO
Hostilidad animal
Por Iratxe
de Arantzibia (España)
La
compañía gerundense Mal Pelo presentó,
dentro del marco de la tercera edición
del festival de danza contemporánea de
Bilbao, Dantzaldia, su espectáculo "Lanimal
a lesquena" ("El animal en la
espalda"). Con este montaje, el tándem
creativo formado por María Muñoz
y Pep Ramis celebra el décimo aniversario
de su compañía de danza. Dos personajes
unidos por el amor, arrastrados en la espiral
del tiempo hasta otear el horizonte de la muerte;
los diferentes estadios entre el amor y la muerte,
representados a través de siete escenas
de diálogo constante, donde la danza, la
teatralidad y una imaginación desbordante
van de la mano.
El
punto de partida de la pieza de Mal Pelo procede
de una profunda reflexión sobre el ser
humano: el animal que habita dentro de todo hombre.
El ser humano se pone como medida de todas las
cosas, aunque es la animalidad la que le permite
reconocer su propia humanidad. El escenario es
un pequeño monstruo mecánico, complejo
en su estructura, pero sencillo en cada uno de
los siete espacios escénicos y conceptuales
que sugiere en sus transformaciones. Siete escenas
para cada uno de los paisajes diferenciados empujan
a los personajes a un diálogo sobre la
vida, a un lado el amor, al otro la muerte: la
edad, la mirada, el lomo
del animal, el artefacto y los sueños,
cabinas de piel, la emoción
y la gran mentira componen los retratos
del septeto de breves piezas que conforman el
"patchwork" final que es "Lanimal
a lesquena".
Cada
una de las escenas se desarrolla en un espacio
diferente, gracias, principalmente, a una plataforma
de madera, elevada hasta la vertical por medio
de un sistema de poleas. Así, las infinitas
posibilidades escénicas de la tarima -pared
de "graffitis", especie de ring de boxeo,
campo del que brotan árboles- contribuyen
a revestir de un halo diferente los siete momentos
coreográficos. La imaginación desbordante
de la compañía gerundense crea un
artefacto -un híbrido entre un triciclo
y un ala de parapente- que bien podría
recordar a los ingenios mecánicos del polivalente
Leonardo Da Vinci.
La
versatilidad del espacio escénico, así
como el creativo atrezzo contribuyen a dar un
aire de complejidad y artificiosidad innecesaria
al espectáculo. Porque frente a esta barroca
laboriosidad, el vocabulario coreográfico
de Mal Pelo es de una aparente simplicidad. El
movimiento se aprovecha de la propia poesía
del cuerpo que está habitado inevitablemente
por el tiempo, instante a instante. Muñoz
y Ramis apuestan por un movimiento orgánico,
lejos de aparatosas florituras académicas.
Trabajan los gerundenses una danza vital, emanada,
precisamente, de la animalidad del ser humano,
porque, aunque lo niegue, el hombre guarda escondido
en lo más recóndito de su ser a
ese animal, ahora domesticado que, una vez, vagó
a sus anchas.
"L´animal
a l´esquena" presenta, por un lado,
un desarrollo dramático sencillo que permite
al espectador acercarse con profundidad a los
personajes, y por otro, una puesta en escena compleja
que aúna elementos mecánicos y audiovisuales
para crear la sugerencia de siete paisajes diferentes.
La idea parte de un proyecto que comenzó
en el año 2000 con la presentación
de una exposición y la edición de
un libro, planteados como una revisión
y reflexión sobre los diferentes temas
que han alimentado esencialmente el trabajo artístico
de la compañía, y así concluye
con este espectáculo. Como broche a esta
laboriosa investigación, el dúo
María Muñoz- Pep Ramis obtuvo el
Premio de Danza de Cataluña, con el que
conmemoran su décimo aniversario en el
mundo de la danza. Desde sus primeros espectáculos
de pequeño formato -"Quarere",
"Lucas", "Sur" o "Perros
del sur"- marcados por el tono intimista
y la sencillez, hasta sus últimas apuestas
-"La calle del imaginero", "Orache"
o "El alma del bicho"- donde se ahonda
en la riqueza expresiva y la búsqueda de
la calidad del movimiento, media una década,
ahora reconocida con el máximo galardón
artístico catalán. El montaje de
los gerundenses dividió al público
asistente al bilbaíno Palacio Euskalduna.
El quid de la cuestión estriba en que el
espectador se sintiera atraído por la narrativa
de Muñoz-Ramis o, simplemente, no hallara
aliciente en la ruda y hostil animalidad del ser
humano.
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"Ágora",
la obra de Gigi Caciuleanu donde se enfrentan
la fragilidad y la fuerza humana.
Foto: Jorge Sánchez. Gentileza
del BANCH. |
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BALLET NACIONAL DE CHILE
Cosas de la vida
Por Mabel
Diana (Chile)
En
la temporada llamada "En Vivo", que
se realizó desde el 21 de noviembre al
6 de diciembre en el Teatro Universidad de Chile,
el Ballet Nacional Chileno (BANCH) presentó
tres obras de Gigi Caciuleanu, su coreógrafo
y director, quien comparte este cargo con su trabajo
internacional en la compañía que
lleva su nombre y que está instalada en
París. El título de este espectáculo
se funda en que las funciones se realizaron con
la Orquesta Sinfónica de Chile en vivo,
dirigida esta vez, por Juan Rodríguez (Argentina)
como director invitado. El programa estuvo compuesto
por "Actos", "Interferencias"
y "Ágora".
"Astros",
basada en una escenografía que semeja a
un reloj y el personaje principal, el tiempo que
pasa, los bailarines aparecen con las caras pintadas
de blanco y con un vestuario en colores rojo y
negro. Los movimientos son lineales como las agujas
del reloj. Siempre con el foco al frente, los
desplazamientos y las evoluciones de los bailarines
tienen como referencia al público, lo hacen
destinatario de sus miradas. El Joker, es el personaje
que une las escenas y el reloj como una presencia
constante que cambia la hora con la llegada de
cada pareja o grupo. Un reloj del tiempo movido
al compás de la "Sinfonía N°
59 en La Mayor" de Joseph Hayden. La decisión
de que los bailarines se movieran como si sus
brazos fueran agujas que señalan las horas,
hizo que la coreografía tuviera un substrato
obsesivo.
Sin
perder la rigidez de la obsesión, el Andante
bailado por Paola Moret y Cristian Contreras,
fue de una ejecución tan fluida como expresiva.
El Allegretto interpretado por Kana Nakao y Alfredo
Bravo sirvió para marcar la excelencia
técnica de ambos. Las parejas, las relaciones,
todas movidas por ese demiurgo indiscutible e
imperturbable que es el tiempo. La escenografía
y la iluminación, presencias muy fuertes
en la obra, fueron diseñadas por Dan Mastacan.
Gigi
Caciuleanu utilizó para "Interferencias"
la música de Claude Debussy, "La siesta
de un fauno". Una pareja de bailarines, mallas
blancas, iluminación in crescendo con la
música, dos áreas definidas en una
pequeña diagonal. El diseño de luces
y el vestuario -de una sencillez espartana-, también
estuvieron a cargo de Mastacan. La pareja no se
mira y comienza a moverse sin que los bailarines
pierdan su independencia. Se cruzan, se acercan,
se alejan, a veces se tocan como para dar un apoyo
a un movimiento, o para sostener un equilibrio.
Movimientos abstractos, y de repente, aparece
esa electricidad del contacto. La música
crea una atmósfera sensual mientras Vivian
Romo y Jorge Carreño atrapan, pero sin
abandonarse a ella. La ejecución es muy
limpia, con un alto desempeño técnico,
el diseño muy cuidado, con una estructura
de A, B, A que los lleva al lugar de donde partieron.
El
espacio determinado por un semicírculo
de columnas de color rojo y dos rampas, fue el
campo donde se desarrolló "Agora".
El diseño del vestuario, la iluminación
y la escenografía fueron de Alberto García.
Para Caciuleanu, esta obra representa un lugar
donde se enfrentan la fragilidad y la fuerza humana.
Es, en cierta forma, una reflexión sobre
la fragilidad de la desnudez y de la soledad de
la persona frente a la fuerza mágica del
entorno social y a la solidez de la muchedumbre.
El comienzo marca la entrada de todo el grupo,
transformados en oficinistas, con trajes, camisas,
corbatas, zapatos y portafolios. Una diversidad
de tonos de grises que remiten al centro de Santiago
a la hora de entrada al trabajo. La muchedumbre
como una sola fuerza. En esa multitud se encuentra
una pareja; ese encuentro con el amor que los
aísla de la multitud. Comienzan a quitarse
la ropa, y eso los diferencia de los grises.
A
partir de ese primer encuentro, también
se destacan otras parejas que, tocadas por el
amor, reaccionan quitándose prendas de
su bien compuesta vestimenta. No todos logran
quitarse sus armaduras sociales. La mayoría
regresa a su conducta habitual. Con movimientos
de las rampas -hechos por los propios bailarines-
se modifica el espacio en varias ocasiones. Un
bufón, un torero y la pareja, vestidos
todos de blanco, entre el gris del grupo y el
rojo de las columnas, son los personajes que en
medio de la muchedumbre representan la fragilidad
de la poesía que se vuelve mas fuerte que
la masa de los seres indefinidos. La música
de las "Danzas Sinfónicas" de
Sergei Rachmaninoff, fue la encargada de cobijar
la obra.
La
pareja de enamorados, formada por los bailarines
Carola Alvear y Alfredo Bravo logró con
su interpretación internarse en el mundo
del amor. Ismael Arias, de una presencia etérea,
de líneas finas y alargadas dibujó,
en contraste, un torero fuerte. César Sepúlveda
con un gorro de bufón que le exigía
un complicado movimiento de cabeza, por las extensiones
de metros de tela que salían de su tocado,
supo utilizar eso para mostrar su trabajo de torso
y de piernas. La compañía volvió
a mostrar su excelente entrenamiento técnico
y su entrega. Mientras tanto, Caciuleanu cierra
el 2002 con otro éxito. Durante este año
el BANCH presentó las obras "Tierra
de Nadie", "Gente", "Cuerpos",
"Mozzartíssimo", "Las Cuatro
Estaciones", "Oskolki", "Piazza
Italia", "Actos", "Interferencias"
y "Ágora". Por otra parte, a
partir de la publicación de su libro "Viento,
Volúmenes y Vectores" editado por
la Universidad de Chile, el mundo del coreógrafo
rumano comienza a internarse en la vida de Sudamérica.
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Un solo de Julio Bocca en la obra de Ana Maria
Stekelman, "Piazzola Tango Vivo".
Foto: Archivo |
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JULIO
BOCCA Y EL BALLET ARGENTINO
Sólo por un
día
Por Célida
P. Villalón (USA)
El
Brooklyn Center for the Performing Arts, en el conocido
condado neoyorquino de Brooklyn, abrió sus puertas
para presentar el Ballet Argentino dirigido por Julio
Bocca, aunque los balletómanos deben haberse
quedado con deseos de más. Una sola función
no es suficiente para gozar del magnífico arte
del aplaudido bailarín y constatar el desarrollo
del juvenil y atractivo conjunto que forma el núcleo
del Ballet Argentino, instituido en Buenos Aires en
1990.
Una
de las características más interesantes
del grupo es dar oportunidad a coreógrafos del
patio a que su arte sea conocido fuera de su país.
En esta instancia, los coreógrafos Mauricio Wainrot
(responsable de "Ecos", con música
de Barber, y de "Desde Lejos" de Wim Mertens),
Ricky Pashkus (de "Casta Diva" de Bellini")
y Ana Maria Stekelman (de "Piazzola Tango Vivo")
montaron piezas originales dignas de tenerse en cuenta.
Hubo también dos exponentes en la parte de los
clásicos más conocidos: un Pas de deux
de "Coppélia", a cargo de una correcta
Stephanie Bauger, en compañía de Vincenzo
Capezzutto, y el "Pas de Deux a Trois" de
"El Corsario", interpretado por la brillante
Cecilia Figaredo, una bailarina con madera de estrella,
que fue secundada por un discreto Herberth Riasco, junto
a Hernán Piquín, que estaba en una noche
poco afortunada.
"Ecos"
es un dúo de cuerpos entrelazados que extienden
sus músculos al máximo, para seguir luego
con la suavidad y el lirismo del "Adagio para Cuerdas"
de Barber. En esta obra intervinieron Bocca (con un
discreto "goatee" o chivo, en la barbilla
y un escaso bigote), con la dúctil Rosana Pérez
como su digna compañera. "Desde Lejos"
no fue una sorpresa, ya que esta atractiva obra se había
presentado el año anterior por el Ballet Florida
(Ver Danza
en español N° 5-Críticas: Con un pie
en la gran ciudad). No obstante, su frescura y encanto
particular, que sugiere espacios abiertos y danzas que
semejan ritos, para terminar en un cuadro de familia,
es siempre un encanto de repetir, sobre todo si cuenta
con el "plus" de tener a Bocca como figura
central. "Casta Diva", sobre la música
de la ópera del mismo nombre, a cargo de Julieta
Paul y Lisandro Casco, resultó la menos interesante,
donde la música de Bellini conduce a los intérpretes
a través de los callejones del amor.
La
función terminó con los eternos y subyugantes
tangos de Astor Piazzola, que sirvieron de acompañamiento
a bailables que derrochan sensualidad, con el elenco
vestido con ropa de color negro diseñada por
Jorge Ferrari, que provee la ambientación sombría
a la par que elegante de ciertas salas nocturnas de
baile. No obstante, el solo de Bocca puede llamarse
"el plato fuerte" de la obra: El magnífico
bailarín se retuerce, sufre y desgrana sus sentimientos
sobre el reducido cuadrilátero de una mesa. Un
magnífico fin de fiesta, al compás de
bandoneones que parecen sollozar.
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BALLET BRITISH COLUMBIA
Un toque moderno
Por Noemí Sabaté (Canadá)
El
Ballet British Columbia inició su temporada
con el estreno absoluto de "Sheherazade o
las Mil y una noches", con coreografía
de John Alleyne. La historia de este célebre
libro relata la traición de Zobaide, mujer
del rey Schahiar, con su esclavo favorito, "El
Dorado". El sultán acaba por no confiar
en ninguna mujer y decide desposar cada día
una diferente, para luego matarla al amanecer.
Sheherazade, hija del visir Shahriyar, trama un
plan para detener la matanza. Se casa con el sultán,
y cada noche le cuenta una historia inacabada.
Con la promesa de continuar al día siguiente,
posterga su vida un día más. Así
pasan mil y una noches, el sultán se convence
de su fidelidad y anula la sentencia de muerte.
Esta
historia se presentó por primera vez en
la ópera de París el 4 de junio
de 1910 por Les Ballets Russes de Serge Diaghilev.
Los intérpretes: Ida Rubinstein como Zobeida,
Vaslav Nijinsky como el esclavo favorito de Zobeida
y Enrico Ceccheti como el Gran Eunuco. "Sheherezade",
con coreografía de Michel Fokine, puesta
en escena de Bakst y música de Rimski-Korsakov,
marcó un estilo característico:
colores en llamas, trajes y ambientes de una novedosa
calidad para los escenarios de ballet. La escenografía
y el vestuario que Bakst creó, hechizaron
al público con sus reminiscencias orientales,
que inmediatamente fueron puestas de moda por
diseñadores y joyeros.
Alleyne,
director del Ballet British Columbia, rompió
con la fastuosidad del ballet de Diaghilev, y
concibió "Sheherazade" como una
historia de "sexo y muerte", con cierta
impronta de tragedia griega, según el propio
creador. Atraído por el carácter
provocativo, sensual, erótico e intrigante
de la trama, decidió darle su toque personal.
El estilo de Alleyne queda claramente reflejado:
posturas inusuales, recurrentes torsiones de los
cuerpos, "arabesques" con pies en flex,
posturas rígidas como marionetas. En general,
movimientos repetitivos, nada cautivadores. El
corógrafo no logra transmitir la magia
de oriente, el mundo que, de alguna manera, condiciona
la imaginación a través de la lectura
de "Las mil y una noches". Ese universo
ambivalente, impredecible y soñado, donde
se siente el perfume del almizcle que confunde
el espíritu y anima los sentidos, con sultanes
rodeados de voluptuosas y bellas mujeres.
El
coreógrafo estructura el ballet en viñetas,
crea pausas, esperas ante el intercambio de los
bailarines, quienes interpretan diferentes personajes.
Un recurso que hace muy complejo el entendimiento
de la historia. Exóticas parejas -emocionalmente
inexpresivas y sin seducción-, dejan al
cuerpo ajeno de su objetivo principal. El vestuario
se aleja de la suntuosidad de las producciones
rusas, y la sencillez del decorado, formado únicamente
por una tela suspendida que simula la tienda del
príncipe; permiten que la música
y la iluminación de Pierre Lavoie, se conviertan
en las primeras estrellas de este ballet.
"The
Winter Room" fue, indiscutiblemente, la sensación
de la noche. Un dueto creado por el maestro de
Québec, Jean Grand-Maître en 1995.
Acacia Schachte y Edmon Kilpatrick, realizaron
un excelente trabajo expresivo y muscular. Cada
uno de los componentes del ballet están
armónicamente relacionados. La original
escenografía creada por Sterling McLean
and Gary Spencere, acompañada por la iluminación
de Ian Arnold, dan el primer golpe de impacto
de la pieza. El decorado, envuelto en un universo
blanco, muestra un hermoso árbol suspendido
con raíces que cuelgan hasta alcanzar el
suelo. Por un lado del escenario, neblina y, a
través de ella, se divisan unas sombras
de gente ataviada con gorros y abrigos. El momento
más sorprendente es cuando unos finos cordeles
tiran de las ropas de los bailarines y los dejan
con unos "maillots" blancos que, combinados
con el maquillaje, dan una sensación lúgubre.
Movimientos primarios, como nacidos de la tierra,
pero al mismo tiempo, de una bella frialdad. El
cuadro se completa con la música celestial
de Laurel McDonald, Kyrie (extracto de "Kiss
closed my eyes"), y Mantra, que genera un
aire casi tenebroso.
"There,
below", la tercera pieza de la noche, descubre
un mundo misterioso y privado para cinco parejas.
Estrenada en 1995 por el Ballet de British Columbia
en Vancouver, y anteriormente, representada por
el Houston Ballet y Les Grands Ballets Canadiens
de Montreal. James Kudelka después de trabajar
en 1988 con BalletMet, aceptó el ofrecimiento
del director artístico John McFall de crear
un nuevo ballet para la compañía.
La música, compuesta por el inglés
Ralph Vaughan Williams, "Fantasia on a Theme
by Thomsa Tallis", posee nueve melodías
enlazadas por un órgano. Frescura, fluidez
y armonía entre las cinco parejas, fueron
las notas destacables de esta última pieza.
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Simone
Orlando y Justin Peck en "Sheherazade"
en la versión de John Alleyne. Foto: David
Cooper.
Gentileza del BBC. |
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"Retablos de provincia" un espectáculo
del grupo Ensambles Ballet Folklórico de
San Francisco que hace un recorrido por las danzas
de diferentes regiones de México.
Foto: Rodolfo Lo Bianco. |
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ENSAMBLES
BALLET FOLKLÓRICO DE SAN FRANCISCO
La fuerza de la tradición
Por Maritza
Gueler (USA)
Vibrante
y enérgica, la "Danza de Quetzales"
irrumpe en el escenario en un arrasador despliegue de
colorido y movimiento. Un gran penacho circular adornado
con cintas multicolores, es uno de los símbolos
más característicos del vestuario utilizado
en esta danza que, según aseguran algunos historiadores,
proviene de las altiplanicies del Estado de Puebla y
de la región Totonaca. Zenon Barron, director
de Ensambles Ballet Folklórico de San Francisco,
eligió este cuadro para comenzar "Retablos
de provincia", el espectáculo anual que
la compañía realiza en la ciudad de San
Francisco en esta época del año. La agrupación
creada en 1992, está integrada por bailarines
de sólida formación y de un amplio conocimiento
de las tradiciones mexicanas. No obstante el grupo,
cuyo nivel es de un profesionalismo envidiable, no ha
logrado el reconocimiento merecido, no sólo por
el esfuerzo de mantener una compañía de
veinticuatro bailarines, sino por la calidad y el cuidado
de cada detalle.
A
lo largo de todos estos años Barron logró
forjar una compañía sólida que
va creciendo artísticamente. Amplio conocedor
de las tradiciones, el director se encarga del diseño
y realización del vestuario, finamente cuidado
según documentos de época. Con buen criterio,
Barron inició este ciclo de dos funciones con
danzas del estado de Puebla. Coreografías de
gran limpieza y dinamismo que permiten el lucimiento
de los bailarines.
Es
en México donde el danzón, originalmente
nacido en Cuba, se sigue cultivando y bailando en algunas
regiones. Su llegada a tierras mexicanas fue a través
de la península de Yucatán, posteriormente
llegó a Veracruz. Una danza de salón que
rescata la sensualidad y la seducción de las
parejas. Atractiva puesta, la que realizó Ensambles
para rememorar aquellos tiempos en los que las parejas
bailaban muy pegados y sacrificaban la velocidad por
el estilo.
En
este recorrido, Veracruz es otro punto esencial y quizás
uno de los más fuertes de esta compañía.
Una brillante y efectiva "Danza de Negritos"
inicia la partida veracruzana. Danza que se remonta
al siglo XVI, basada en una historia relacionada con
los esclavos negros de la zona. Ritos y leyendas se
funden en esta pieza tradicional mexicana, originalmente
bailada sólo por hombres, dado que las mujeres
estaban prohibidas en los teatros. Bellísima
realización. "El jarabe loco", "Los
panaderos" y "El zapateado" cierran este
ciclo en el que se advierte la marcada influencia española
a través de sus zapateados y evoluciones en las
que el hombre corteja a la mujer. El vestuario, por
su parte, es de una enorme belleza, especialmente el
de las mujeres, hecho de finas telas y atractivos adornos.
Barron
se interna con el grupo en las danzas del sur, llega
a Michoacán con sus Jarabes en armoniosos cuadros
donde las mujeres resaltan su seducción a través
de la sencillez de las danzas cuya delicadeza es conmovedora.
La "Danza del Venado", baile tradicional de
tradición religiosa que revive el sentimiento
del pasado histórico de los yaquis es otra de
las propuestas de este variado programa. Una dramática
representación característica del Estado
de Sonora. En el final de este espectáculo los
bailes del Estado de Guerrero incorporan más
belleza y colorido a este encuentro con las raíces.
La
Chilena es, tal vez, el género musical más
distintivo de la Costa Chica de Guerrero; sus orígenes
vienen de Sudamérica (Chile y Perú), y
se impuso tanto en los grupos indígenas como
en los mestizos. Los lugareños le fueron dando
su toque personal a través de descansos y zapateados.
Las parejas bailan una suerte de desafío de seducción
y mueven magníficamente pañuelos de colores
en una especie de cortejo sensual y atractivo. Interesante
el cuadro interpretado por Laura Bustamante, en un excelente
zapateo al ritmo de cajón ejecutado por Zenon
Barron. Luego, un final con toda la energía y
un despliegue de habilidades.
"Retablos
de provincia" convocó también al
grupo musical Cascada de Flores, integrado por Arwen
L. de Castellanos en voz, guitarra, vihuela, jarana
veracruzana, zapateado, claves y güiro, Jorge Liceaga
en guitarra , voz, tambor y cajón y Sabra Weber,
en voz, flauta, tambor, cajón y güiro. Junto
a ellos, invitados especiales: Miguel Govea en guitarrón
y acordeón y Gerardo Moreno en violín.
La realización de vestuario de Zenon Barron es
otro de los puntos atractivos de este espectáculo.
Impecable en su diseño y en el respeto por la
tradición. Allí, la belleza hace su conjuro
con la calidad.
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BALLET CONTEMPORÁNEO
Un rito pagano
Por Enrique
Honorio Destaville (Argentina)
Mauricio
Wainrot preparó silenciosamente el montaje
de la famosa obra que conmovió al mundo
músico-coreográfico en 1913 más
por "el martilleo y sonidos cacofónicos"
(¡eso se dijo de la música del maestro
Igor en aquellos años!...), que por la
coreografía de Nijinski, que reincidía
en las posiciones cerradas ("en dedans")
y en desenfrenada danza evocativa de la Rusia
pagana. El director del Ballet Contemporáneo
con sede en el Teatro General San Martín
de Buenos Aires ideó -para esta audaz empresa-
una coreografía que sabe de feliz integración
de la danza contemporánea con la clásica,
singularmente vibrante en el movimiento, basada
en la potente técnica del elenco. Cabe
destacar que en esta oportunidad, el director-coreógrafo
dio mayor énfasis a la intervención
del grupo femenino. Cierto es que esta "Consagración"
no se aleja grandemente de la matriz de barbarie
y salvajismo gestados por Vaslav Nijinski en 1913.
Son las mismas ideas a las que cabe agregar el
paganismo, en que abrevaron talentos de la talla
de Maurice Béjart, Oscar Araiz, y la famosa
neoexpresionista alemana Pina Bausch. Pero Wainrot
ha sabido darle un vuelco puramente danzado, donde
no falta la dinámica ascensional por la
que "la elegida" es elevada y arrojada
furiosamente por el grupo masculino. Wainrot,
formado hacia fines de los años 50
y gran parte de los 60, también revisita
con éxito algunas de las poses y secuencias
de los años 60, tan propias de aquellos
ballets de Oscar Araiz en que él también
era protagonista, o del repertorio de aquél
bien recordado Ballet Théâtre Contemporain.
En pocas palabras: período de gloria de
la danza contemporánea, y de gran creatividad,
que definió su arraigo en la Argentina.
De esta bienvenida obra, surgen algunos contrastes
con la original de Nijinski. Éste cambió
el curso de la danza en occidente al introducir
las cerradas posiciones "en dedans",
de las que tanto se quejaron los bailarines del
Ballet Russe de Diaghilev, formados en el puro
"en dehors" de la Escuela Imperial de
San Petersburgo, incluso afectados dolorosamente
por el "desvío" ordenado por
Nijinski. En cambio, Wainrot no ha vacilado en
introducir empeines bien estirados cuantas veces
lo consideró necesario, con evidente criterio
de belleza estética. También aparece
un gran estanque de agua al que acuden los bailarines
para empapar a la elegida de esta versión:
Wanda Ramírez, conocida en el medio desde
que era alumna del Instituto María Ruanova.
Para ella, el baño de agua cristalina como
signo de la purificación. Entre tanto,
surge -vistoso e intrigante- el pictórico
dispositivo de fondo que, como murallón
carcelero, entorna la escena y representa el dogma,
con la puerta abierta hacia la libertad, obra
del plástico Carlos Gallardo, autor también
del discreto vestuario, nada llamativo, apropiado
para tamaños desplazamientos. Wanda Ramírez
se consagra en este papel luego de ascensos que
la acreditaban como notable contemporánea,
llena de fuerza y vibrante expresividad. Otro
tanto para Juan Pablo Ledo, quien mostró
superior técnica de base clásica
y viril reciedumbre. Dramática y esencial
la mujer de Laura Cucchetti, y relevante en todo
el elenco consustanciado con el coreógrafo.
¡Bravo! al impacto lumínico de Eli
Sirlin.
Otro
montaje del espectáculo: "Tiempo Suspendido"
de Arvo Pärt-Vasco Wellenkamp, obra que tiende
a danza de bellas líneas muy propias para
esta joven compañía, no desdeña
las marchas casi procesionales, los movimientos
amplios, pero todo lento, muy lento, como el Stabat
Mater de Pärt, su soporte musical. El programa
tuvo inicio con el estreno de "A la Hora
de Oro", estreno de Diana Szeimblum sobre
heterogénea música que incluye hasta
mambos y fragmentos de ópera ejecutados
por bandas musicales. Se trata de una obra con
connotaciones teatrales impregnadas de neoexpresionismo
"a lo Bausch". Así presenta cuatro
estados de ánimo expresados notablemente
en la danza. Sólo la lentitud y los silencios
del comienzo conspiran contra la atención
dentro de un programa bastante extenso. Relevante
aquí Cucchetti y la precisión técnica
del homogéneo elenco.
Por
otra parte, Wainrot anunció antes, e hizo
distribuir después, un interesante e ilustrado
folleto que recuerda las Bodas de Plata de la
Compañía. De acuerdo al texto y
a los anuncios, el Ballet Contemporáneo
del Teatro San Martín habría tenido
iniciación en 1977, con la aparición
del Grupo de Danza Contemporánea del T.G.S.M.
Si bien esto o no deja de ser verdad, dado que
desde aquellas primeras representaciones del pequeño
elenco en que revistaban Ana M. Stekelman, Alejandro
Cervera, Norma Binaghi, Mónica Fracchia,
entre otros importantes bailarines, nunca dejaron
de tener continuidad. Luego pasaron a la compañía
que hoy dirige Wainrot, como lo hizo también
en otros períodos. Pero esto se contradice
lisa y llanamente con la posición que sustenta
Oscar Araiz (actualmente al frente del Ballet
del Teatro Argentino de La Plata). Araiz sostiene
que la iniciación debe contarse a partir
del afincamiento en el Teatro San Martín
de la que fue famosa troupe -que él creó
y dirigió con notable talento y eficacia-
y contaba con el aditamento "de la Ciudad
de Buenos Aires", disuelta en 1971. Por cierto,
esta extensión llevaría a más
de treinta años la existencia del actual
Ballet Contemporáneo. Esto también
es verdad y merece evaluación y el condigno
respeto histórico, muy por encima de posiciones
tan personales de quienes pujan por uno u otro
partido.
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"La
consagración de la primavera" bajo los
ojos del coreógrafo y director Mauricio Wainrot,
interpretada por el Ballet Contemporáneo
del Teatro San Martín.
Foto: Carlos Flynn. Gentileza del TGSM. |
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