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Por
la esperanza
Oscuras
predicciones de astrólogos famosos, analistas
políticos, futurólogos y adivinos vaticinaron
desastres con la llegada del nuevo siglo. La crisis
moral y económica, también formó
parte de estas siniestras predicciones que no dejan
de tener cierta cuota de advertencia y de verdad. Ante
la sombra aterradora de la guerra, símbolo indiscutible
de la destrucción y la ambición del hombre,
el arte puede convertirse en esa llama de esperanza
que conserva y preserva el sentido de la existencia.
Frente
a los millones de niños desnutridos de todo el
mundo, frente a esos ojos sin esperanza y sin ilusión
que nos juzgan con la inocencia perdida, el arte surge
como un camino esencial para recomponer el espíritu,
para forjar la ilusión y también, como
un medio que suplanta la labor que los gobernantes no
hacen.
Los
locos, los artistas, los poetas, se lanzan en la encrucijada
de este siglo incipiente en busca de otros lenguajes,
de alternativas que intentan ser diferentes dentro del
vasto y acabado mundo de la creación. El arte
de la crisis mostró sus huellas a finales del
siglo que pasó. Y aún queda la esperanza
de una nueva evolución.
No
obstante, de nada vale la evolución del arte
sin el público al que convoca en busca de la
belleza y de la claridad. El público que aprende
a ver, también, la belleza de la fealdad y reflexiona
sobre ella. En esta sociedad que inicia el siglo XXI,
inmersa en el avance de la tecnología y en sus
trampas, el arte es el camino que permanece intacto,
el que permite soñar con mundos ideales, el que
permite internarse en el incontenible universo de los
sentidos. En ese espacio donde lo racional poco cuenta
y muestra al hombre en su sencillez más transparente.
Un
escenario iluminado, imágenes, sombras, cuerpos
que se mueven, voces, sonidos, colores, convierten un
minúsculo instante de la vida en algo mágico,
sólo repetible en el alma. Cuando los ojos de
los niños están allí, con su corazón
palpitante, la boca entreabierta por el asombro y la
intuición de los sabios, el arte se convierte
en esperanza.
Los
escépticos reirían a carcajadas de sólo
pensar que el arte puede transformar la vida de los
hombres, despertar la ilusión de un niño
hambriento, o iluminar la vida en este mundo que agoniza.
Danza
en español apuesta por la Paz, por la Justicia
y por el valor indiscutible del Arte.
¡Felicidades!
Hasta el año que viene
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