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danza mexicana ha tenido, en este ya agónico
año 2002, una notable presencia fuera de nuestras
fronteras. Públicos de diversas partes del mundo
pudieron constatar, en vivo, la evolución y la
renovación de la danza mexicana. Esta apertura
al mundo es posible por el esfuerzo compartido entre
instituciones gubernamentales y asociaciones civiles,
como también, de los propios coreógrafos
y bailarines. Entre todos, se unen en defensa de la
danza.
En
la Décima Bienal de Lyon, donde los grupos mexicanos
lograron un importante desempeño, se planteó
la situación crítica por la que atraviesan
los grupos latinoamericanos. Muchos de ellos, librados
a la "fuerza del destino" y a la buena voluntad
de las entidades culturales de sus países de
origen, deben batallar contra molinos de viento. Desde
hace varios años, la danza de México empezó
a ganarse su lugar a fuerza de persistencia y talento.
Los programas de intercambio internacional permitieron
una apertura mayor y, por lo tanto, gestaron nuevas
ilusiones entre coreógrafos y bailarines. Uno
de los casos más interesantes en este rubro fue
el reencuentro que el público y la crítica
norteamericana tuvo con Gloria Contreras.
Discípula
de George Balanchine, la coreógrafa mexicana
tuvo una promisoria carrera internacional en la década
de los 70, carrera que dio un gran giro cuando
decidió regresar a México para fundar
el Taller Coreográfico de la UNAM (TCUNAM). Tras
consolidar este proyecto y erigirlo en la compañía
neoclásica más relevante de México,
Contreras comenzó a conquistar espacios relevantes
en el exterior, en ciudades como Nueva York, Washington,
Los Ángeles y, más recientemente, Oakland.
Este
último punto geográfico fue el resultado
de la labor de promoción que realiza la Sociedad
Mexicana de Coreógrafos de México (SOMEC)
en el extranjero. En esa oportunidad la SOMEC sirvió
de puente entre la coreógrafa mexicana y el Ballet
de Oakland, para establecer un vínculo entre
ambos. De esta manera, esta compañía,
clasificada entre las diez primeras de los Estados Unidos,
actualmente bajo la dirección artística
de Karen Brown, decidió incluir en su repertorio
dos obras de Contreras: "Opus 45" (1979) y
"Danzón N° 2 "(2000). La reacción
del público y de la crítica fueron entusiastas,
como lo ejemplifica un texto de Octavio Roca, crítico
de danza del "San Francisco Chronicle", quien
consideró que Contreras es "una coreógrafa
mexicana que claramente merece ser más conocida
aquí".
"Opus
45" es una coreografía inspirada en la "Sonata
opus 1" de Alban Berg, de gran intensidad erótica;
en tanto "Danzón N° 2", basada
en la partitura de Arturo Márquez, constituye
un homenaje que la creadora rinde a este género
de danza, de gran ascendencia en la población
popular mexicana. Si Contreras vuelve a capturar la
atención del público norteamericano, su
labor en México al frente del TCUNAM constituiría
un caso para observar detenidamente en relación
a la trascendencia de la danza contemporánea
mexicana en el exterior.
El
TCUNAM fue fundado en septiembre de 1970 con el apoyo
de la Universidad Nacional Autónoma de México.
En aquel momento, Gloria Contreras se planteó
dos metas primordiales: conformar un repertorio propio
y hacerse de un público fiel a su estilo y a
sus propuestas. Después de más de tres
décadas de labor -sin interrupciones de ninguna
índole-, dichos objetivos han tenido gran éxito,
tanto en la comunidad estudiantil de la universidad
más importante de México, como en el público
en general, aficionado a la danza basada en el lenguaje
del ballet contemporáneo.
En
la actualidad, el TCUNAM cuenta con un repertorio vivo
de casi un centenar de obras (la gran mayoría,
de Contreras, pero también de otros coreógrafos
mexicanos y latinoamericanos). Por otra parte, el TCUNAM
tiene una particular continuidad que se extiende durante
nueve meses del año, con ciclos que se dividen
en dos temporadas. Cada uno de ellos propone dos funciones
semanales, lo cual permite ir moldeando un público
fiel, entendido, ávido de acercarse a la danza
como un rito inevitable.
Gloria
Contreras logró gestar, con esfuerzo, inteligencia
y talento, un movimiento continuo en pos de la danza,
lo cual permite crear una nueva corriente de jóvenes
espectadores. "La danza transmite emociones, impugna,
remueve, tranquiliza -afirma la coreógrafa-.
La coreografía puede ser juego intelectual, placer
estético, medio para encontrar el alma, reprobación
amarga... Siempre ejecutada por el hombre y para él.
Es fuerza contra el alineamiento".
El
hecho de que la danza mexicana trascienda las fronteras
de su propio país es un logro en sí mismo.
No obstante, la fuerza de este fenómeno radica
en una actividad de promoción unificada entre
instituciones gubernamentales, coreógrafos y
bailarines. Un compromiso con la danza que trasciende
las individualidades y apuesta por la danza.
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