DANZA CONTEMPORANEA
La bendición azteca
Por Patricia Aulestia (México)
 
 
"Opus 45" obra de Gloria Contreras (1979) que se presentÛ en los Estados Unidos.
Foto: Juan Loera. Gentileza del TCUNAM.
 

a danza mexicana ha tenido, en este ya agónico año 2002, una notable presencia fuera de nuestras fronteras. Públicos de diversas partes del mundo pudieron constatar, en vivo, la evolución y la renovación de la danza mexicana. Esta apertura al mundo es posible por el esfuerzo compartido entre instituciones gubernamentales y asociaciones civiles, como también, de los propios coreógrafos y bailarines. Entre todos, se unen en defensa de la danza.

En la Décima Bienal de Lyon, donde los grupos mexicanos lograron un importante desempeño, se planteó la situación crítica por la que atraviesan los grupos latinoamericanos. Muchos de ellos, librados a la "fuerza del destino" y a la buena voluntad de las entidades culturales de sus países de origen, deben batallar contra molinos de viento. Desde hace varios años, la danza de México empezó a ganarse su lugar a fuerza de persistencia y talento. Los programas de intercambio internacional permitieron una apertura mayor y, por lo tanto, gestaron nuevas ilusiones entre coreógrafos y bailarines. Uno de los casos más interesantes en este rubro fue el reencuentro que el público y la crítica norteamericana tuvo con Gloria Contreras.

Discípula de George Balanchine, la coreógrafa mexicana tuvo una promisoria carrera internacional en la década de los ‘70, carrera que dio un gran giro cuando decidió regresar a México para fundar el Taller Coreográfico de la UNAM (TCUNAM). Tras consolidar este proyecto y erigirlo en la compañía neoclásica más relevante de México, Contreras comenzó a conquistar espacios relevantes en el exterior, en ciudades como Nueva York, Washington, Los Ángeles y, más recientemente, Oakland.

Este último punto geográfico fue el resultado de la labor de promoción que realiza la Sociedad Mexicana de Coreógrafos de México (SOMEC) en el extranjero. En esa oportunidad la SOMEC sirvió de puente entre la coreógrafa mexicana y el Ballet de Oakland, para establecer un vínculo entre ambos. De esta manera, esta compañía, clasificada entre las diez primeras de los Estados Unidos, actualmente bajo la dirección artística de Karen Brown, decidió incluir en su repertorio dos obras de Contreras: "Opus 45" (1979) y "Danzón N° 2 "(2000). La reacción del público y de la crítica fueron entusiastas, como lo ejemplifica un texto de Octavio Roca, crítico de danza del "San Francisco Chronicle", quien consideró que Contreras es "una coreógrafa mexicana que claramente merece ser más conocida aquí".

"Opus 45" es una coreografía inspirada en la "Sonata opus 1" de Alban Berg, de gran intensidad erótica; en tanto "Danzón N° 2", basada en la partitura de Arturo Márquez, constituye un homenaje que la creadora rinde a este género de danza, de gran ascendencia en la población popular mexicana. Si Contreras vuelve a capturar la atención del público norteamericano, su labor en México al frente del TCUNAM constituiría un caso para observar detenidamente en relación a la trascendencia de la danza contemporánea mexicana en el exterior.

El TCUNAM fue fundado en septiembre de 1970 con el apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México. En aquel momento, Gloria Contreras se planteó dos metas primordiales: conformar un repertorio propio y hacerse de un público fiel a su estilo y a sus propuestas. Después de más de tres décadas de labor -sin interrupciones de ninguna índole-, dichos objetivos han tenido gran éxito, tanto en la comunidad estudiantil de la universidad más importante de México, como en el público en general, aficionado a la danza basada en el lenguaje del ballet contemporáneo.

En la actualidad, el TCUNAM cuenta con un repertorio vivo de casi un centenar de obras (la gran mayoría, de Contreras, pero también de otros coreógrafos mexicanos y latinoamericanos). Por otra parte, el TCUNAM tiene una particular continuidad que se extiende durante nueve meses del año, con ciclos que se dividen en dos temporadas. Cada uno de ellos propone dos funciones semanales, lo cual permite ir moldeando un público fiel, entendido, ávido de acercarse a la danza como un rito inevitable.

Gloria Contreras logró gestar, con esfuerzo, inteligencia y talento, un movimiento continuo en pos de la danza, lo cual permite crear una nueva corriente de jóvenes espectadores. "La danza transmite emociones, impugna, remueve, tranquiliza -afirma la coreógrafa-. La coreografía puede ser juego intelectual, placer estético, medio para encontrar el alma, reprobación amarga... Siempre ejecutada por el hombre y para él. Es fuerza contra el alineamiento".

El hecho de que la danza mexicana trascienda las fronteras de su propio país es un logro en sí mismo. No obstante, la fuerza de este fenómeno radica en una actividad de promoción unificada entre instituciones gubernamentales, coreógrafos y bailarines. Un compromiso con la danza que trasciende las individualidades y apuesta por la danza.

 
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