"For heaven’s sake", exquisita coreografía-denuncia de Itzik Galili que plantea la esterilidad de la guerra.
Foto: Karel Zwaneveld. Gentileza de Galili Dance.
 
 
   
     
GALILI DANCE
No más guerra
Por Iratxe de Arantzibia

La compañía holandesa Galili Dance clausuró la tercera edición del festival de danza contemporánea de Bilbao, Dantzaldia, con su espectáculo "For heaven’s sake". El coreógrafo israelí Itzik Galili construye este poético alegato a favor de la paz, brillante broche de oro del certamen bilbaíno. El montaje, de una hora de duración, se compone de tres partes diferenciadas encaminadas a poner de relieve la esterilidad de cualquier conflicto bélico. Una decena de bailarines desgranan los pormenores de la coreografía firmada por Galili, quien, a su vez, dota de música en vivo, interpretada por un quinteto, a su pacifista pieza. El público que asistió al Palacio Euskalduna, de pie, ratificó con vítores y aplausos tan sentida denuncia a la irracionalidad de la guerra.

Itzik Galili tuvo que hacer frente al dilema de cómo trasladar al lenguaje coreográfico el horror derivado de la guerra. Desde el sentimiento de rechazo a la violencia, el creador israelí plantea un tríptico: la autoflagelación, la lucha tribal y las horribles consecuencias del conflicto bélico. Se inicia el espectáculo con una pareja de bailarines que se golpea con sus propias manos. A medida que incrementan el ritmo de su castigo, el cuerpo se va enrojeciendo y la conciencia del espectador queda marcada, a sangre y fuego, por la virulencia de esas lesiones.

Una decena de bailarines -Yaron Barami, Shimrit Kovalio, Laura Lohi, Jussi Noussiainen, Luc Richard, Stephen Shoropshire, Philipp Stummer, Ivonne Weschke, Sara Wiktorowicz y Hilde Mulder- irrumpe en escena con unos tambores que desprenden un haz de luz, que cumple a su vez las funciones de foco, en el preciso momento en que el espectador ya no soporta ni un instante más del macabro ritual de autoflagelación. El grupo se fragmenta en dúos, claramente iluminados. Los bailarines entran en el escenario al tiempo que saltan, empujan, golpean, pisan, enganchan sus piernas como aros y cruzan ansiosamente sus brazos para conseguir abrazar sólo el vacío. No se permiten un respiro. El diseño de luz los fuerza a cambiar de lugar una y otra vez. En este entorno, la danza se torna visceral, vibrante y vital. La fuerza de la percusión musical ilustra esta lucha tribal cuya finalidad es esbozar, en clave de danza, el "fragor de la batalla".

"For heaven’s sake" encara su última escena con una demostración de las desgarradoras consecuencias de la guerra: enfermedad, hambre y muerte. Los jinetes del Apocalipsis cabalgan de nuevo. Galili se nutre de diversa simbología, a veces, bíblica, para narrar los horrores derivados de la beligerancia humana: bailarines con prótesis ortopédicas ponen el acento en la mutilación de extremidades, la hambruna se ceba en la cola de supervivientes que, en ocasiones, comparten el pan judío, para entablar áridas discusiones por una hogaza del necesario sustento, y carteles, cual piezas de puzzle, que, combinados, exponen citas existenciales. El coreógrafo israelí controla los tiempos y orquesta de tal manera la coreografía del grupo, que la atmósfera se va intensificando gradualmente. Aquí, gracias también a los cinco músicos, que, con flauta, sitar y percusión, trasladan al espectador hacia el universo creativo de Itzik Galili, con una presencia liviana. A su vez, los bailarines rompen las barreras de las prótesis con ingeniosos movimientos y arriesgadas peleas.

"Ahora estoy aquí, pero tú no. Una parte de ti se queda conmigo, vive en mi. Tú vives en mí. Camino hacia ti y tú vienes", breve fragmento del desgarrado poema con el que un bailarín despide el espectáculo. El amor se postula como el bálsamo para aliviar las heridas que cualquier superviviente porta en el interior de su alma. Esas bellísimas palabras, enunciadas por un solitario bailarín lisiado, se posan en lo más profundo del corazón del espectador, quien, a esas alturas, ya está completamente absorto por la exquisita coreografía-denuncia de Itzik Galili.

Magnífica elección del Dantzaldia para la clausura de su tercera edición. El festival bilbaíno parece haber definido sus grandes líneas maestras, cuyos principales ingredientes han sido un toque de flamenco ("Amargo" del bailaor Rafael Amargo), una pizca de espectáculo infantil ("El país sin nombre", Roseland Musical), un pellizco de producción nacional ("L’animal a l’esquena", Mal Pelo) y un aliño de vanguardias internacionales ("ShowRoomDummies" de Groupe DACM y "For heaven’s sake" de Galili Dance). Una sutil combinación de elementos que, en el caso del estreno español de la compañía holandesa, supone un acierto a añadir a la breve existencia del certamen vizcaíno. El público certificó la calidad del trabajo de Galili Dance, ensimismado aún por los clamores de las trompetas de Jericó, pidió paz en vez de estéril guerra.

   Volver al principio
 
 
 
"Minotauro", la última obra de Antonio Canales se interna en temas que son tabú para el flamenco.
Foto: Claudio Álvarez.
 
 
 

MINOTAURO
Antonio Canales: por el tamiz del flamenco
Por Noemí Sabaté (España)

La compañía de Antonio Canales, en su décimo aniversario, decidió celebrar con una creación un tanto particular. Debutaron en septiembre en La Bienal de Flamenco de Sevilla y en el emblemático Teatro Lope de Vega, pasaron por el Teatro Novedades de Barcelona y luego seguirán la gira por el exterior. El espectáculo, de casi dos horas, estuvo formado por dos partes. La primera, albergó "Minotauro", 42 minutos en los que Canales no abandona el escenario. Tras una pausa, la compañía ofreció un espectáculo de flamenco tradicional, "Suite Flamenca".

Dice la mitología que Pasifae, esposa del rey Minos, se enamoró de un toro bravo, Zeus, y fruto de esa unión contranatural, nació el Minotauro, un monstruo que fue confinado a vivir en un laberinto del cual no podía escapar. El bailarín y coreógrafo convirtió este mito en una metáfora de la lucha del hombre por el bien y el mal. El Minotauro es la vida laberíntica de cualquier ser, la lucha constante del hombre consigo mismo. Una batalla individual entre el bien y el mal que lo conduce a salir del laberinto. Canales, con la colaboración de Juan de Juan, transporta la obra a la vida contemporánea, y se anima a tocar temas que son tabú en el mundo del flamenco. El alcoholismo, el maltrato, la bisexualidad subyacen de manera directa o indirecta en esta realización.

"Minotauro", insiste en la temática taurina, ya abordada por el bailaor en "Torero"; y en la mitológica, a la que se acercó, en distintas ediciones del Festival de Teatro Clásico de Mérida, con obras como "Narciso", "Venus" y "Prometeo". Es un espectáculo vanguardista que se aleja de los cánones del puro flamenco en baile y música. Si bien Canales se rodea en la escena de ocho bailaores, dos cantaores-Antonio Suárez "Guadian" y José Luis Carmona-, dos guitarristas, un cajón y un violín, hay fragmentos de música pop y rock, en inglés. En cuanto a lo coreográfico, se advierte una gran influencia del ballet contemporáneo, en movimiento, formas y posturas. Esta nueva expresión del flamenco de Canales, totalmente alejada del tradicional, dejó muy desconcertado al público de Barcelona, hasta llegar a la intolerancia de los más puristas. La promesa que hizo ante los medios de comunicación, quedó sobradamente cumplida: no dejó indiferente a nadie. La escenografía es sumamente compleja, basada en cadenas y elementos que, de alguna manera, representan planos opresivos. Canales adaptó la coreografía flamenca a los tiempos del teatro o del cine: momentos cortos e intensos.

En la segunda parte, la compañía mostró un espectáculo de flamenco en estado puro que hizo vibrar al público. En el escenario, preparado con dos cantaores, tres guitarras, un cajón y un violín, al más puro estilo andaluz, fueron apareciendo cada uno de los cuatro bailaores: Juan de Juan, David Paniagua, Nacho Blanco y Paul Vaquero, que realizaron una interpretación formidable. El joven Juan de Juan mostró al público su gran talento, sobre todo en la segunda parte cuando bailó sólo. El público entusiasmado se levantó de sus sillas gritando "¡Bravo!". El punto final, la guinda del pastel, fue un solo de Antonio Canales, que recordó al público el verdadero mito del flamenco. Antonio Canales es fuerza, es clase, es baile. Después de una vida dedicada a la danza, el bailaor sevillano ya prevé la retirada de los escenarios, una retirada que quiere que sea como su aparición en el mundo del flamenco: despacito y suave "como el humo".

Volver al principio
 
 

ALVIN AILEY AMERICAN DANCE THEATRE
Ritos y virtuosismo
Por Célida P. Villalón (USA)

Vitalidad, ritmo y emoción, son los adjetivos que mejor definen a los integrantes del Alvin Ailey American Dance Theatre. Desde hace varios años, bajo la dirección de Judith Jamison -quien en su época fuera la musa indiscutible de Ailey-, hay oportunidad, cada mes de diciembre, de admirar a la compañía en las cuatro semanas de actuación que ofrece en el City Center de Manhattan. Esta vez hubo estrenos y reposiciones, además de los aplaudidos clásicos de Ailey, así como una gala especial para festejar a Masazumi Chaya, director artístico asociado, por sus 30 años de labor con la compañía.

"Black Milk" es una obra para cinco hombres, fue compuesta en 1985 por Ohad Naharin, sobre música de Paul Smadbeck, y vestuario de Rakefet Levy, para la Kibbutz Contemporary Dance Company. Durante este vehemente rito tribal, cada hombre sumerge ambas manos en un cubo que intercambian entre sí, las pasan luego por la cara y el cuerpo hasta mancharse con franjas de color oscuro. Clifton Brown, Jeffrey Gerodias, Jamar Roberts, Matthew Rushing y Glenn A. Sims, ejecutan danzas misteriosas, espectaculares y masculinas, donde el lodo que se han untado en el cuerpo parece ser determinante en su estado emocional.

En un cambio total de atmósfera, "Treading", estrenado en 1979 con coreografía de Elisa Monte, con partitura musical del repetitivo Steven Reich, presenta a una pareja escultural que luce sugestivo vestuario de Marisol. Interpretada por los magnéticos Linda-Denise Fisher-Harrell y Clifton Brown, ambos se enredan y desenredan entre ellos, mientras crean formas esculturales y evocan con sus brazos aves exóticas de gran belleza, prontas a alzar el vuelo. La pose final, intrincada a la par que atrayente, rinde tributo a la profundidad de sus sentimientos.

"Apex", otro estreno de la temporada, es una composición original de Francesca Harper, inspirada en una partitura electrónica de Rolf Elmer, y según reza el programa, "está dedicada a todos los que salen en defensa de la dignidad humana y la libertad". El vestuario de Epperson confunde el mensaje, ya que una bailarina aparece vistiendo un escaso traje de cuero, cinturón con tachuelas plateadas y botas altas de charol, que no son precisamente una muestra de la dignidad humana.

La aplaudida coreógrafa Lynne Taylor Corbett estuvo representada en la programación por su nueva composición, "Prayers from the Edge", que lleva acompañamiento de Peter Gabriel -de su álbum "Passion"-, y apropiado vestuario de Judanna Lynn. La historia es una tragedia similar a Romeo y Julieta, en la cual los amantes, Linda Celeste Sims y Brown, con hermosas viñetas coreográficas llenas de gran pasión y fluidez, hacen patente su amor mientras desafían las fuerzas que tratan de separarlos. Asha Thomas, como la Plegaria por la Paz, y Matthew Rushing y Bahiyah Sayyed-Gaines, simulando la Plegaria por la Supervivencia, vibran de emoción en sus relevantes intervenciones, mientras tratan de salvar a los amantes que, en fin de cuentas, sucumben a manos de los contrarios.

No podían faltar algunas de las obras de Ailey que le dieron una identidad definida a la compañía: entre ellas, "Love Songs", cuyas palabras quedaron plasmadas en movimiento con los amplios gestos del intenso Gerodias. "Cry", dedicado a las "mujeres negras, especialmente a nuestras madres", dio oportunidad a la majestuosa Fisher-Harrell de convertir en danza las tribulaciones de quienes las sufren en silencio, y finalmente, la sempiterna "Revelations", considerada la "marca" o "firma" del conjunto, sobre música de gospel, entonada por un coro mixto en grabación electrónica, volvió a reafirmar el enorme potencial de esta joya exquisita.

Grandes cosas esperan al Alvin Ailey American Dance Theatre en sus nuevos y amplios predios del centro de Manhattan, que a un coste de varios millones de dólares, incluirán además una escuela. La inauguración se anticipa para el año 2004.

 
 
"Treading", una coreografía de Elisa Monte, con partitura musical de Steven Reich, que se estrenó en 1979. Foto: Andrew Eccles. Gentileza de AAADT.
 
 
Volver al principio
  EL CASCANUECES - Hadas, garrapiñadas y confituras que danzan    
 

EN NEW YORK: NEW YORK CITY BALLET
Por Célida P. Villalón

 
   
"El Cascanueces" de Georges Balanchine estrenada en 1954 por el New York City Ballet, sube todos los años al escenario del State Theatre del Lincoln Center.
Foto: Paul Kolnik. Gentileza del NYCB.
 
   
   
   

La época navideña no es sólo bienvenida por las alegrías que trae consigo, sino porque aparece de nuevo "El Cascanueces", ese encantador espectáculo que gusta tanto a los balletómanos como a los niños, en cualquiera de sus muchas existentes versiones. El cuento de E.T.A. Hoffman en que está basado, "El Cascanueces y el Rey de los Ratones", que data de 1816, contiene algunas connotaciones sórdidas y existe como ballet desde 1892, cuando Marius Petipa, entonces coreógrafo del Ballet Imperial del Teatro Mariinski de San Petersburgo, le entregó al compositor Pyotr Tchaikovski, especificaciones exactas para que compusiera la música sobre los pasos que ya él había anotado. Sin embargo, fue Lev Ivanov quien terminó el proyecto, ya que Petipa cayó enfermo de cuidado.

El resultado fue un ballet sobre la fiesta de Navidad que se celebra en la casa de la familia de Marie (o Clara, como es también llamada), con la llegada del misterioso Herr Drosselmeier -que trae consigo a su sobrino, y marionetas que bailan-, hasta que Fritz rompe el preciado cascanueces que Drosselmeier regaló a su hermana. La impresionable niña logra recuperar su adorado muñeco algo dañado, y como consecuencia, sueña esa noche que el árbol de Navidad que adorna la sala de la casa, crece y crece, hasta perderse en las alturas, mientras hay ratones que la atacan, capitaneados por su rey que lleva tres coronas en la cabeza. El cascanueces, rodeado de soldaditos que marchan junto a él, se bate contra los enemigos, pero es finalmente la niña quien le salva la vida y ayuda a ganar la batalla.

La historia continúa cuando Marie y el Cascanueces, convertido en un diminuto príncipe, prosiguen el viaje a la tierra de las golosinas. Allí los recibe el Hada Garapiñada, quien hace su variación al compás de la celesta -pequeño piano que lleva varillas de metal en vez de cuerdas que y fue escuchado por vez primera en el estreno de 1892-. Hay también angelitos, bastones de caramelos, pastorcitas que bailan al ritmo de flautines, Madre Ginger con un grupo de polichinelas que esconde bajo su voluminosa falda, y bailarines que simbolizan el Chocolate de España, el Café de Arabia, y el Té de la China. Se reserva para la gran final, el conocido Vals de las Flores, con la Gota de Rocío como figura central, y el Pas de Deux del Hada Garapiñada y su caballero.
Los más distinguidos de la noche fueron, sin duda alguna, los encantadores niños Melying Thai como Marie, y Shimon Ito, en la doble personalidad del Cascanueces y el príncipe; Tom Gold, ligero y saltarín como el principal Bastón de Caramelo; la exquisita Miranda Weese como la Gota de Rocío, y el Hada Garapiñada estuvo a cargo de Sofiane Sylve, una artista invitada de gran presencia escénica, acompañada por el atento Richard Askegard.

De las miles de versiones que existen a través del mundo, la de George Balanchine, compuesta en 1954 para el New York City Ballet, con hermosa escenografía de Rouben Ter Arutunian y deslumbrante vestuario de Karinska, podría decirse que es la definitiva. Cada diciembre sube al escenario del State Theatre del Lincoln Center, donde su popularidad la mantiene en cartelera por un mes completo y ayuda a repletar los cofres de la compañía con sus éxitos continuados. Existe una cinta fílmica de la obra, con MacCaulay Caulkin haciendo travesuras, mientras la pareja principal, formada por Darci Kistler y Damian Woetzel, muestran al mundo la técnica balanchiniana en todo su esplendor.

Balanchine le dio la vuelta a la historia, convirtiéndola en un verdadero un cuento infantil, sin los trasfondos ocultos o tenebrosos que aparecen en otras producciones. Es una obra de niños y para niños -hay infinidad de ellos que proceden de la Escuela de Ballet Americana, presentes en el escenario-, por más que los mayores que van al teatro con su prole, disfrutan de la función tanto o más que ellos. La orquesta, bajo la excelente batuta de Andrea Quinn, sonó hermosa y potente. Un magnífico regalo en las fiestas navideñas.

 
 
 
 
El famoso vals de las flores en la versión coreográfica de Carlos Carvajal para el Península Ballet Theatre.
Foto: Patrick Power. Gentileza del Península Ballet Theatre
 

EN SAN MATEO: PENINSULA BALLET THEATRE
Por Patricia Aulestia (Enviada especial)

El Península Ballet Theatre ofreció una corta temporada en el San Mateo Performing Arts Center con la versión coreográfica de Carlos Carvajal de "El Cascanueces". Una gozosa puesta en escena del renombrado coreógrafo internacional nacido en San Francisco. El argumento, claramente expuesto, justifica el desarrollo de la historia donde lo mejor fue la imaginativa coreografía de los cuerpos de baile salpicada por destellos geniales de personajes inolvidables como lo fueron el cocinero Brier Buchalter, el bailarín Irish Brendon Crosson, el torero Carlos González, la odalisca árabe Amy Stahl y las estrellas de los Candy Ribbons, Natalia García y Ksen Schmalle. Detalles graciosísimos como tres monos y un perro de verdad que acompañó a los Mirlitons. Estupenda la actuación de Drosselmeyer personificado por Dudley Brooks y la dulce presencia de la casi adolescente Clara, interpretada por Chelsea McLaughlin. Una mención especial merece el director de orquesta Chris Christensen que con gran conocimiento y sentimiento dio vida a la famosísima partitura. Funciones como ésta cumplen una importante labor en pro de la buena danza.

 
 
 

EN FLORIDA: BALLET ESTUDES COMPANY OF SOUTH FLORIDA
Por Krysten Villalón

 
   
Las danzas rusas deslumbraron al público por el dinamismo y el colorido.
Foto: Luis Castañeda. Gentileza del Ballet Etudes Company of South Florida.
 
   
   
   

En el sur de la Florida sería difícil percatarse de la proximidad de las fiestas navideñas si no fuera por la temporada del popular ballet "El Cascanueces" que a partir de fines de noviembre se exhibe aquí, al igual que en multitudes de países a través del mundo. Aunque dichosos de poder disfrutar de brisas tropicales y sol radiante cuando otros se deben abrigar de pies a cabeza contra el frió invernal, los floridanos de todas las edades se deleitan con la magia que trae consigo el espectáculo esplendoroso de este ballet que, precisamente, toma lugar una víspera de Navidad en un hogar alemán del siglo XIX. La función que subió al escenario del Teatro Jackie Gleason de Miami Beach fue la de Ballet Etudes Company of South Florida, bajo la dirección artística de Susana Prieto Elden, y Rodolfo Rodríguez.

Al levantarse el telón, la familia Stahlbaum está preparándose para recibir a sus invitados a la tradicional fiesta. Los padres, vestidos con elegantes trajes de época, y los hijos, en coloridos atuendos confeccionados en múltiples combinaciones de rojo y verde, disfrutan de juegos y danzas. El misterioso padrino de Clara, Herr Drosselmeyer, llega con sus muñecos mágicos que bailan y un cascanueces para Clara. Franz le arrebata el regalo a su hermana y lo rompe, lo cual provoca un gran desconsuelo en la niña. Durante la noche, Clara regresa a buscar su cascanueces, se recuesta debajo del árbol y comienza a soñar. La trama se desarrolla a partir de los cánones tradicionales y ambos personajes, Clara y el príncipe Cascanueces inician su viaje hacia el reino de las golosinas, luego de pasar por el reino de las nieves.

En el segundo acto, pequeñísimos angelitos ejecutan pasitos tan graciosos y ligeritos que parecen flotar en el aire. El Hada Garapiñada y su caballero, dan la bienvenida a la pareja, y al escuchar sus relatos de la batalla y del viaje, le ordenan a las golosinas que bailen para los agasajados, danzas exóticas propias de sus tierras. Las danzas rusas, con el solista Michael Cusumano, deslumbraron al público. El Café de Arabia también impresionó por los bellos trajes y la sensualidad de la coreografía. Después del Vals de las Flores y el Grand Pas de Deux por el Hada de Azúcar y su Caballero, las golosinas rinden tributo a Clara por haber salvado a su príncipe galante.

En numerosas versiones de "El Cascanueces", se toman libertades creativas para darle oportunidad al talento juvenil. En esta producción, montada por Susana Prieto con música de Pyotr Tchaikovsky, basada sobre la trama de Marius Petipa, casi todo el reparto está compuesto por alumnas del Ballet Etudes: Clara (Amnerie Lemoine), Franz (Patricia Tumelty), Espíritu (Jessica Maharbiz) y Rey Ratón (David Fernández). El papel de Herr Drosselmeyer estuvo a cargo del propio consejero artístico de la compañía, Rodolfo Rodríguez, (antiguo partenaire de la bailarina cubana Alicia Alonso). Dagmar Moradillos, distinguida bailarina en el sur de la Florida, con gran presencia escénica y elegancia, encabezó el elenco profesional como Reina de la Nieve y El Hada Garapiñada.

Entre los artistas invitados: Marcelo Gomes en el rol de Rey de la Nieve y Caballero (cortesía del ABT), quien impresionó al público con su fuerte técnica, caracterizada por saltos y elevaciones sin esfuerzo aparente. Joaquín de Luz (cortesía del ABT) cubrió el rol de "El Cascanueces" en una notable representación. La Orquesta Clásica de la Florida, dirigida por el Maestro Alfredo Munar, acompañó la obra con inspiración y consideración con los bailarines.

"El Cascanueces" es, sin duda, una experiencia imperdible, que continuará siendo el favorito de todos. Balletómanos o recién iniciados, adultos o pequeñitos, este cuento danzado permite imaginar mundos maravillosos en una época del año, donde las memorias dulces viven felices por los siglos de los siglos.

 

EN VANCOUVER: ALBERTA BALLET Y BALLET BRITISH COLUMBIA
Por Noemí Sabaté

Del 5 al 8 de Diciembre se presentó "El Cascanueces", en el Queen Elisabeth Theatre de Vancouver. Una coproducción del Alberta Ballet y el Ballet British Columbia. La coreografía estuvo a cargo del Director Artístico del Ballet Alberta, Mikko Nissinen. La música de Pyotr Ilyich Tchaikovsky, una de las figuras esenciales de esta obra, fue interpretada en vivo por la Orquestra Sinfónica de Vancouver. El ballet tuvo como artistas invitados a Evelyn Hart, Jesús Corrales y cincuenta niños de la ciudad. La magia de la Navidad inundó el escenario con la originalidad del decorado, la sala, el misterioso árbol de Navidad y el palacio del Hada de Azúcar, creados por Roger La Voie. Los rutilantes, exquisitos y suntuosos vestidos diseñados por Paul Daigle, añadieron aún mayor belleza a la producción. Los bailarines alternaron sus roles a través de las distintas representaciones. Si bien los papeles protagónicos son los más esperados por el público, las variaciones también tienen su encanto. Un espectáculo genial para toda la familia.

 
EN SAN FRANCISCO: SAN FRANCISCO BALLET
Por Maritza Gueler
 
 
El oso del San Francisco Ballet es la estrella absoluta de la primera parte de este cuento de Navidad.
Foto: Lloyd Englert. Gentileza del SFB.
 
El San Francisco Ballet, primera compañía de los Estados Unidos donde se estrenó "El Cascanueces" en 1944, todos los años hace honor a este clásico del ballet por excelencia. En 1986, Helgi Tomasson, actual director de la compañía, introdujo ciertas modificaciones a la versión original de William Christensen. Una puesta naif, que se asemeja a los libros cuento para niños por su colorido y por su diseño, introduce al espectador en un engolosinado mundo mágico. Drosselmeyer, interpretado en forma alternativa, por Jorge Esquivel y Val Caniparoli, es un simpático y dulce viejito que logra encantar a los niños en la noche de Navidad. Hasta el punto de hacer aparecer un oso danzante que entretiene a la platea con sus graciosos movimientos.

El grupo de niños es la nota tierna del comienzo. Ratones mecánicos que cruzan el escenario durante el sueño de Clara, otros, que parecen salidos del mundo de Disney y hasta una coqueta ratona que llora a su rey muerto por un zapatillazo, forman parte de la primera parte de este cascanueces que apunta a conquistar al público infantil. La fantasía y la belleza encuentran el punto de mayor encantamiento cuando Clara llega al reino de las nieves. Muriel Maffre, Katita Waldo, Vanesa Zahorian, Yuan Yuan Tan, Leslie Young, Nicole Starbuck, Lorena Feijoó y Kristin Long, entre otras primeras bailarinas, asumen este rol, de igual forma que se internan en el papel del Hada de Azúcar o de La Mariposa. Por otra parte, La coreografía de la danza de las flores, apartada de la versión tradicional de Petipa-Ivanov, se juega por el despliegue visual, sin demasiada exigencia técnica.

El cuerpo de baile y los solistas, al igual que los primeros bailarines, muestran a una compañía sólida y consistente en cuanto a su técnica e integración. Sin duda, el gran final recupera esa suerte de ensoñación con la que se inicia el viaje de Clara a través de una especie de trineo volador que lleva a la protagonista, al príncipe cascanueces y a Drosselmeyer.

 

EN MEXICO: COMPAÑIA NACIONAL DE DANZA
Por Patricia Aulestia

La Compañía Nacional de Danza (CND) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), dirigida por Cuauhtémoc Nájera presentó 20 funciones de "El Cascanueces", en el Auditorio Nacional con la participación de 203 artistas. La actual versión, estrenada en 1999, es la del coreógrafo James Kelly, quién aprovechó el nivel técnico de los intérpretes y ofreció un ballet más contemporáneo en su dinámica, con cambios radicales en la versión original. Kelly usó el mismo vocabulario clásico, con ciertas diferencias en el ataque, la dinámica y la velocidad. La compleja coreografía mostró situaciones simultáneas para destacar la historia de una Clara quinceañera que "sueña con un enamorado", el Cascanueces convertido en un príncipe y su padrino Drosselmeyer que mueve mágicamente su ensoñación.

Ya que el Auditorio Nacional cuenta con cinco mil quinientas cincuenta butacas y la distancia entre el público y el espectáculo es mayor que en un teatro convencional, se amplió la escenografía, se renovó el vestuario y se colocaron pantallas gigantes en los extremos del escenario. Lo más relevante de esta puesta fue la participación de sesenta y tres niños de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA.

Kelly es maestro y coreógrafo en residencia de la CND desde 1998 y montó más de cuarenta coreografías en el Springfield Ballet, Stage 7 Dance Theatre y The International Ballet Company. La mayoría de las representaciones contaron con la participación de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, integrada por 70 músicos bajo la dirección huésped de Enrique Patrón de Rueda, aunque se realizaron algunas funciones con grabaciones.

Volver al principio
 
 

CINE: CHICAGO
Todo un show
Por Maritza Gueler (USA)

Velma Kelley llega con los minutos contados, esconde el arma con la que asesinó a su hermana y a su marido y sube a escena para lanzar toda su seducción sobre los compases de "All That Jazz". Desde la platea, Roxie Hart, una insignificante aspirante a estrella, la observa con la ambición de, algún día, ocupar ese lugar. Rob Marshall, en su ópera prima para el cine ("Annie" y coreografías para la televisión), lanzó toda la artillería creativa para provocar un indiscutible impacto en el espectador. "Chicago", película basada en el musical que Bob Fosse creó en 1975, con música de John Kander y letra de Fred Ebb, es un arrollador espectáculo donde se funden la intriga, el amor, la traición y la rivalidad.

Esta versión cinematográfica que se desarrolla entre la prisión, la corte y el escenario, es un azote de dinamismo, sensualidad y talento. Marshall también es el responsable de la atractiva coreografía, basada en la de Fosse, si bien difiere bastante de la concepción original. A través de ella, logra escenas de gran intensidad visual y dramática, apoyado por un cuerpo de bailarines que se adaptan sobradamente a las exigencias de una propuesta coreográfica de alto nivel. Marshall hizo de la prisión, un cabaret en el cual cada una de las prisioneras cuentan sus dramáticas historias a través de escenas de jazz-dance. Osada coreografía, que impacta de igual manera que las imágenes visuales que el director va hilando a través de los personajes. Un excelente camino para traducir al lenguaje cinematográfico esta arrolladora pieza musical.

"Chicago" encierra una historia de crímenes, corrupción y coristas asesinas que transcurre en los años ’20. El guión, escrito por Bill Condon, ganador del Oscar por su adaptación de "Gods and Monsters", es irónico, intenso, agudo. El autor usa como pivote el juicio a Roxie Hart, condenada por haber matado a su amante. Por su parte, Marshall optó por superponer escenas reales con escenas imaginadas, que se desarrollan al ritmo desbordante de la música de Danny Elfman y del texto de las canciones de Ebb.

Un reparto de lujo: Richard Gere, como Billy Flynn, Catherine Zeta-Jones (Velma Kelley) y Renée Zellweger (Roxie Hart). Los tres, cantan, actúan y bailan -sin doblaje- como verdaderos artistas de comedia musical, y logran escenas magníficas y de gran impacto. Una de las más brillantes y mejor logradas es cuando Richard Gere, convertido en múltiple titiritero y ventrílocuo, manipula como marionetas a los periodistas que lo acosan en busca de la noticia "fresca y caliente". Con humor sardónico, Gere mueve su cuerpo y conduce su voz para hacer uno de los cuadros más interesantes -en cuanto a realización musical- de este film que deja al espectador subyugado ante tanto despliegue de talento.

Zellweger logra cautivar con su magnífica interpretación de Roxi. Artera, especuladora, ambiciosa, ella entreteje los hilos de su propia fama. Actúa, canta y baila con una deliciosa e inteligente frescura. Jones, compone a una Velma Kelly más dramática y menos sarcástica que la del personaje de la comedia musical, Subyugante en sus movimientos, impecable al bailar, ardientemente seductora y déspota en su actuación. Ambas actrices establecen una perfecta lucha de "opuestos-semejantes" y se baten a duelo artístico en la pantalla. El elenco de reparto, mantiene el mismo nivel de excelencia que los protagónicos. Queen Latifah en su rol de carcelera hace una estupenda interpretación tanto a nivel actoral como en su versión de "When You're Good to Mama". John C. Reilly, como el marido de Roxie, compone un conmovedor personaje que llega a su clímax cuando canta "Mr. Cellophane". El film, que ya tiene siete nominaciones para los Globos de Oro de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, es una realización fascinante que logra captar los rasgos esenciales del musical original y lo transforma en lenguaje cinematográfico. ¿Hace falta decir que es, sencillamente, excelente?

 
_Nominaciones para el Globo de Oro

Mejor Comedia o Musical

  • "Chicago"

  • "Adaptation"

  • "Mi gran boda griega"

  • "Nicholas Nickelby"

  • "About a Boy"

Mejor Director

  • Rob Marshal ("Chicago")

  • Stephen Daldry ("The Hours")

  • Peter Jackson ("El señor de los anillos:Las dos torres")

  • Martin Scorsese ("The Gangs of New York")

  • Spike Jonze ("Adaptation")

  • Alexander Payne ("About Schmidt

Mejor Actor Comedia o Musical

  • Richard Gere ("Chicago")

  • Kieran Culkin ("Igby Goes Down")

  • Nicolas Cage ("Adaptation")

  • Hugh Grant ("About a Boy")

  • Adam Sandler ("Punch Drunk Love")
 

Mejor Actriz Comedia o Musical

  • Rene Zellwegger ("Chicago")

  • Catherine Zeta-Jones ("Chicago")

  • Maggie Gyllenhaal ("Secretary")

  • Nia Vardalos ("Mi gran boda griega")

  • Goldie Hawn ("The Banger Sisters")

Mejor Actor de reparto

  • John C. Reilly ("Chicago")

  • Paul Newman ("Camino de Perdición")

  • Chris Cooper ("Adaptation")

  • Dennis Quaid ("Far From Heaven")

  • Ed Harris ("The Hours")

Mejor Actriz de reparto

  • Queen Latifah ("Chicago")

  • Kathy Bates ("About Schmidt")

  • Meryl Streep ("Adaptation")

  • Cameron Díaz ("The Gangs of New York")

  • Susan Sarandon ("Igby Goes Down")
 

Chicago en el teatro

El musical "Chicago", original de Bob Fosse (1975), no se llevó ningún Tony en la temporada de su primer estreno, a pesar de sus 11 nominaciones. No obstante, Fosse (ganador y nominado por "Cabaret", "Lenny" y "All that jazz") es el único director que logró, en un mismo año, 1973, un Oscar por "Cabaret", un Tony por "Pippin" y un Emmy por "Liza with a Z". En 1997, año en que se repuso el musical en Broadway en conmemoración de los 10 años de la muerte de su creador, la obra se llevó seis Tonys. Premios que nunca había logrado recibir antes de la muerte de Fosse en 1987.
La obra se estrenó, con elencos locales, en diferentes países del mundo y el ingreso mundial asciende a más de 550 millones de dólares, un hecho sin precedentes para los productores Barry y Fran Weissler que, en 1997, la llevaron a Broadway.

 
 
Catherine Zeta-Jones es una vibrante Velma Kelley en la versión cinematográfica de "Chicago".
Fotos: David James. (Miramax).
 
 
 
Los sueños de Roxie Hart, interpretada por Renée Zellweger.
 
Volver al principio
 
 

BALLET DEL SODRE
Entre cisnes,gitanos y tangos
Por Tito Barbon (Uruguay)

En un gesto plausible, el Consejo Directivo del SODRE (Servicio Oficial de Radiotelevisión y Espectáculos) decidió ofrecer como regalo de fin de año: siete funciones gratuitas a los fieles balletómanos uruguayos. En éste "annus horribilis" para el país, la idea fue bien recibida por el público que desbordó la sala del Auditorio y aplaudió a rabiar un espectáculo de variados gustos.

El segundo acto de "El Lago de Los Cisnes" abrió el programa. Hacía mucho tiempo que el Ballet Nacional del SODRE no representaba la obra; un clásico de tremenda exigencia técnica y estilística. Eduardo Ramírez, director del conjunto, introdujo algunos cambios en la coreografía, que favorecieron la versión y los bailarines se comportaron con cierta homogeneidad. Aunque debe asumirse con modestia, que en la actualidad, el elenco oficial no está en condiciones de abordar esta obra dignamente.

Rimsky-Korsakov creó efectos innovadores en la brillante orquestación de sus obras, así como Pablo Picasso inventó nuevos modos de expresión o de interpretación de culturas diferentes con el Cubismo. No es casual que nuestro recordado escenógrafo y diseñador Carlos Carvalho, haya encontrado en ellos las formas y colores del bien inspirado vestuario para el "Capricho Español". Cuando el telón se alzó, Alicia Carballo proyectó sobre el panorama una figura alusiva a "Les damoiselles d’Avignon", al tiempo que se iluminaron los trajes de Carvalho reproduciendo la esencia de esa imagen. A ello se sumaron los movimientos angulosos de la coreografía de Ramírez, lo cual permitió rememorar la primavera de 1907 en París, cuando el movimiento Cubista nacía. Muy bien iluminados por Batlle Da Cunha desfilaron majos, jotas y sobre todo, dos gitanos bien plantados y con garbo: Patricia Martínez y Alejandro González.

Después del deslumbrante colorido orquestal y visual del español capricho, irrumpió el tan de moda baile ciudadano rioplatense, el "Tango". Con ironía Madame Chanel hubiera agregado: "Las modas pasan, sólo el estilo permanece". Pero el tango, quejándose en el sonido del bandoneón, continúa su andar sentimental, agrisado y austero. La escenografía: un farol y un banco. En la escena dos personajes vibrantes, precisos, sensuales encarados por Sofía Sajac y Luis Ramos. Él, "compadrito" (hombre jactancioso, provocativo y pendenciero), sinuoso, liviano en los saltos, ensombrecida su cara por el "gacho" (sombrero) negro que, lamentablemente, cuando los caprichos de la luz la revelaba, mostraba la expresión severa del "malevo arrabalero" (hombre matón y pendenciero que vivía en barrios marginales). Ella, la "percanta" (mujer), controla su poderosa fuerza interior porque "en el tango el macho manda". Sumisa ante el desaire, firme en la embestida, los pómulos salientes que acentuaban los matices del rostro que, sin gesticular, realzaban el expresivo discurso de piernas y puntas de acero con musicalidad excepcional.

Cuando Ramírez estrenó este Pas de Deux en el 2000, lo tituló "Tangueando", y lo hizo con dos piezas de Astor Piazzolla, vocabulario académico y algunas pinceladas "canyengues" (manera especial de bailar e interpretar el tango). Más tarde agregó otro título de Piazzolla y tres parejas de bailarines para terminar, a manera de Coda con el himno tanguero, "La Comparsita", del uruguayo Gerardo Matos Rodríguez, sin que por ello la obra creciera.

El último programa de la Temporada de Ballet 2002 puso de manifiesto una vez más el potencial de los bailarines; aunque comienza a notarse la ausencia de algunos valores y se anuncian otros para el 2003. Curiosamente, como por ósmosis, el Ballet del SODRE logró conformar un formidable equipo de artistas con notable proyección escénica, cualidad que no poseen muchos conjuntos con técnica, estilo y disciplina superiores a éste. Es posible que estén necesitando encontrar su propio perfil artístico. Perfil que contemple las posibilidades y limitaciones del conjunto. El equilibrio sería, tal vez, una buena solución.

   
 
Volver al principio
 
 

THE FOUNDRY
El valor de la búsqueda
Por Maritza Gueler (USA)

 
   
  "The Fleshing Memory", una obra experimental realizada por el grupo The Foundry.
Foto: Alex Ketley. Gentileza de Yerba Buena Center for the Arts.
   
   
   

Dos funciones a sala llena y con localidades agotadas fue el resultado del último estreno de la compañía The Foundry como parte del programa "Bay Area Now 3" que se realiza en el Yerba Buena Center for the Arts de San Francisco. "The Fleshing Memory" es una obra de danza multimedia creada por Christian Burns y Alex Ketley. En el hall de entrada, una serie de pantallas de televisión, muestran escenas relacionadas con la obra. En la sala, en un espacio no convencional en el cual el público rodea el cuadrilátero donde se desarrolla la pieza. Dos parvas de papeles arrugados, ubicados en dos rincones opuestos, ofician de escenografía.

La obra, producto de un trabajo de investigación, improvisación y experimentación, es una combinación de danza, teatro, texto y video. Su objetivo: hacer una meditación sobre la percepción de la memoria. Música electrónica y ciertos efectos acústicos semejantes a sonidos de la naturaleza, en algunos casos, generan un clima estático y contenido. Cuando se apagan las luces, sobre las dos pantallas de video ubicadas sobre las parvas de papeles, se proyecta la imagen de un hombre que corre por un campo, con diferentes intensidades y actitudes corporales. La proyección de esa escena permanece durante largos minutos, tal vez excesivos, y sin resolución aparente. Diversas secuencias visuales continuarán hasta el final de la obra coreográfica a modo de acompañamiento alegórico.

Mientras la proyección en la pantalla continúa, un haz de luz marca una diagonal sobre el espacio escénico. Desde uno de los rincones, a contraluz, aparece una de las bailarinas, Andrea Flores, e inicia un largo y lento camino que la llevará hacia el lado opuesto, lugar donde la espera otro bailarín, Ketley, con quien iniciará un diálogo corporal de gestos contenidos y quebrados. Flores, bailarina que formó parte de las huestes de Alonzo King’s Lines Ballet, y es frecuente compañera de Homer Avila, realiza un trabajo que –con las limitaciones de la obra– es, sencillamente, excelente. Delicados brazos, pies magníficos y una sólida estructura.

Ketley, cubre su rostro y su cuerpo con papeles, hasta quedar totalmente envuelto en ellos, rodeado por cinta adhesiva. De esta manera, y durante toda la obra, peregrinará amarrado por esos papeles que no le permiten ver y que limitan sus movimientos. Un interesante solo se desarrolla a través de esa diagonal que, por momentos, deja de estar iluminada para dar lugar a otros espacios de la escena. Cuando llega el final de la obra, Ketley logra desembarazarse de esos papeles que, de alguna manera, le impidieron avanzar.

Nick Yagoda, con movimientos espásticos también cruza ese camino diagonal donde converge quizá, la soledad de la memoria. Intenso trabajo corporal que rompe los cánones tradicionales del movimiento. Un banco ubicado en el medio de uno de los lados de ese cuadrilátero cobra sentido y razón de ser cuando Summer Lee Rhatigan comienza a leer un texto con atractiva cadencia, medida entonación y una hermosa voz. El recurso de introducir textos, es frecuente en The Foundry, tal como puede serlo en innumerables compañías de danza moderna.

El resto de los bailarines, Torsten Z. Burns, Rita di Lorenzo, Marina Hotchkiss, Anthony Luensman, Derek Powel y Nick Yagoda, van apareciendo, por turno, a veces en dúos o en tríos, para continuar con el mismo estatismo y la misma diagonal donde comenzó la primera escena en vivo. La sólida formación clásica de los bailarines es el punto más interesante de esta obra que, sin ellos, se caería, irremediablemente. Los intérpretes, vestidos en ropa de calle, calzados con zapatillas deportivas, utilizan sus recursos corporales para transitar una gestualidad posmoderna que, sin embargo, carece de fuerza dramática y poética.

 
 

Groupe DACM
Arriesgadas "Top models"
Por Iratxe de Arantzibia (España)

Rotundidad es la principal característica de "ShowRoomDummies", espectáculo de la compañía francesa Groupe DACM, penúltima cita de la tercera edición de Dantzaldia, festival de danza contemporánea de Bilbao. El Palacio Euskalduna acogió esta artística y original propuesta, que parte de una profunda reflexión sobre el lenguaje del cuerpo humano y del maniquí, utópico ideal de la perfección de belleza. De factura impecable, el montaje, de una hora de duración, presenta a cinco bailarines que vagan por los terrenos de lo animado y lo inerte. Gustó y sorprendió este espectáculo de hondos planteamientos psicológicos, cuidada estética y fino lenguaje coreográfico.

El punto de arranque del montaje es el desorden, aquel que puede crear un cuerpo vivo en la frontera de lo inanimado que, sin embargo, suscita la pasión por su simple y única presencia, inmóvil y provocativa. Los textos "Ivonne, Princesse de Bourgogne" (W. Gambrowicz) y "La Vénus á la Fourure" (L.von Sacher-Masoch) proporcionan los personajes de Ivonne y Wanda, respectivamente, arquetipos inspiradores de la coreografía. Por su parte, Ivonne, a la que se une el príncipe por provocación, se muestra en la corte generando escándalo, horror y repulsión hasta lo insoportable. A pesar de su naturaleza taciturna y su inmovilidad, consigue encarnar todos los defectos, e inquieta a la gente al mostrárselos, por ser el vivo reflejo de sus propios vicios.

El texto de "La Vénus á la Fourure" cuenta como protagonista a Severine, quien, envuelto en un torbellino de deseo, se desvive por una estatua de Venus para encontrar después a una mujer, Wanda, a la que manipula de manera masoquista hasta que encarna esta Venus para él. Ella suscita, a su vez, el conflicto erótico. Yvonne y Wanda tienen en común que crean el desorden con su sola presencia. Su inercia se manifiesta, por la ausencia de reacciones en el caso de Yvonne, y por el carácter glacial de una Wanda con apariencia de estatua. Estos dos personajes comparten su existencia pasiva en un entorno que, a la vez, es capaz de romper los mecanismos psicológicos -e incluso sociales- de sus manipuladores y escapan a su propia naturaleza de instrumentos en manos ajenas.

Un maniquí de escaparate es un ser humano vulgarizado. Propone una imagen de perfección, pero nunca lo consigue. Y, aunque no es absolutamente real, apela a la imaginación del espectador. Constituye un lienzo en blanco sobre el que se proyecta su deseo, incluso su rechazo. La coreografía juega con la alternancia de roles en la persona del bailarín: por un lado, representa un ser humano en toda su extensión, y por el otro, encarna un maniquí. Así, el lenguaje de la danza se inspirará en una doble fuente. El vocabulario del cuerpo, en el que se incorpora el uso de máscaras, y el movimiento robótico del maniquí. De este modo, los creadores Gisèle Vienne y Etienne Bideau-Rey confeccionan una coreografía que produce, al final, una mezcla sin fin entre bailarines y cuerpos artificiales: todos ellos maniquíes con un lenguaje común. Sin duda, el trabajo realizado en función de la dual calidad de movimiento (ser humano-maniquí) resulta impecable, así como la construcción del patrón de conductas a través del cual, en un par de segundos, el bailarín rota dentro de su doble personalidad escénica.

La compañía gala demuestra una preocupación sin igual por el aspecto plástico de su montaje. El espacio escénico, cuidado hasta el más mínimo detalle, presenta una hilera de sillas ocupadas por una quincena de seres inertes. ¿Son seres humanos o maniquíes? Gracias al movimiento, se descubre la naturaleza de cada uno de los elementos en escena. Finalmente, serán cinco los bailarines-marionetas -Jonathan Capdeville, Olivier Balzarini, Yves-Noel Genod, Marie-Caroline Hominal y Hélène Iratchet-, intérpretes de este original "ShowRoomDummies".

Sin embargo, el dúo de coreógrafos exime a sus maniquíes danzantes de una introspección de sus sentimientos. Toda la interioridad de los personajes se halla en su superficie. No hay nada más que lo expuesto en ese escaparate público que es el escenario. Pero esto encierra una trampa. Vienne y Bideau-Rey traspasan la carga emocional al espectador. El "travestimiento", malformación y "marionetización" de los bailarines, la crudeza de la música y la sobria puesta en escena confluyen en una amalgama de sentimientos, desde la comicidad, hasta el erotismo y la repulsión, que genera una sensación de desasosiego en el público asistente. No se trata de un espectáculo complaciente, ni mucho menos. No se buscan innecesarias concesiones al público.

Directa, dura e impenitente, "ShowRoomDummies", obra de la compañía gala DACM (Grenoble), remueve los espacios recónditos del alma del espectador. El bilbaíno festival de danza contemporánea, Dantzaldia demuestra así su osado compromiso con las vanguardias coreográficas. Si bien, el fin último del arte no consiste en proporcionar placer a su público, no es menos cierto que arriesgadas apuestas como este universo de "top-models" de cartón piedra requieren una gran sensibilidad y conocimiento del mundo de las artes escénicas. Aunque ello no sea óbice para tildar de magnífica la confección de esta colección de danza de "haute-couture", no apta para públicos más cercanos al "prêt-à-porter" en materia de baile.

   
 
Volver al principio
 
© 2003 - Todos los derechos reservados.