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"For heavens sake", exquisita
coreografía-denuncia de Itzik Galili que
plantea la esterilidad de la guerra.
Foto: Karel Zwaneveld. Gentileza de Galili Dance. |
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GALILI
DANCE
No
más guerra
Por Iratxe
de Arantzibia
La
compañía holandesa Galili Dance clausuró
la tercera edición del festival de danza contemporánea
de Bilbao, Dantzaldia, con su espectáculo "For
heavens sake". El coreógrafo israelí
Itzik Galili construye este poético alegato a
favor de la paz, brillante broche de oro del certamen
bilbaíno. El montaje, de una hora de duración,
se compone de tres partes diferenciadas encaminadas
a poner de relieve la esterilidad de cualquier conflicto
bélico. Una decena de bailarines desgranan los
pormenores de la coreografía firmada por Galili,
quien, a su vez, dota de música en vivo, interpretada
por un quinteto, a su pacifista pieza. El público
que asistió al Palacio Euskalduna, de pie, ratificó
con vítores y aplausos tan sentida denuncia a
la irracionalidad de la guerra.
Itzik
Galili tuvo que hacer frente al dilema de cómo
trasladar al lenguaje coreográfico el horror
derivado de la guerra. Desde el sentimiento de rechazo
a la violencia, el creador israelí plantea un
tríptico: la autoflagelación, la lucha
tribal y las horribles consecuencias del conflicto bélico.
Se inicia el espectáculo con una pareja de bailarines
que se golpea con sus propias manos. A medida que incrementan
el ritmo de su castigo, el cuerpo se va enrojeciendo
y la conciencia del espectador queda marcada, a sangre
y fuego, por la virulencia de esas lesiones.
Una
decena de bailarines -Yaron Barami, Shimrit Kovalio,
Laura Lohi, Jussi Noussiainen, Luc Richard, Stephen
Shoropshire, Philipp Stummer, Ivonne Weschke, Sara Wiktorowicz
y Hilde Mulder- irrumpe en escena con unos tambores
que desprenden un haz de luz, que cumple a su vez las
funciones de foco, en el preciso momento en que el espectador
ya no soporta ni un instante más del macabro
ritual de autoflagelación. El grupo se fragmenta
en dúos, claramente iluminados. Los bailarines
entran en el escenario al tiempo que saltan, empujan,
golpean, pisan, enganchan sus piernas como aros y cruzan
ansiosamente sus brazos para conseguir abrazar sólo
el vacío. No se permiten un respiro. El diseño
de luz los fuerza a cambiar de lugar una y otra vez.
En este entorno, la danza se torna visceral, vibrante
y vital. La fuerza de la percusión musical ilustra
esta lucha tribal cuya finalidad es esbozar, en clave
de danza, el "fragor de la batalla".
"For
heavens sake" encara su última escena
con una demostración de las desgarradoras consecuencias
de la guerra: enfermedad, hambre y muerte. Los jinetes
del Apocalipsis cabalgan de nuevo. Galili se nutre de
diversa simbología, a veces, bíblica,
para narrar los horrores derivados de la beligerancia
humana: bailarines con prótesis ortopédicas
ponen el acento en la mutilación de extremidades,
la hambruna se ceba en la cola de supervivientes que,
en ocasiones, comparten el pan judío, para entablar
áridas discusiones por una hogaza del necesario
sustento, y carteles, cual piezas de puzzle, que, combinados,
exponen citas existenciales. El coreógrafo israelí
controla los tiempos y orquesta de tal manera la coreografía
del grupo, que la atmósfera se va intensificando
gradualmente. Aquí, gracias también a
los cinco músicos, que, con flauta, sitar y percusión,
trasladan al espectador hacia el universo creativo de
Itzik Galili, con una presencia liviana. A su vez, los
bailarines rompen las barreras de las prótesis
con ingeniosos movimientos y arriesgadas peleas.
"Ahora
estoy aquí, pero tú no. Una parte de ti
se queda conmigo, vive en mi. Tú vives en mí.
Camino hacia ti y tú vienes", breve fragmento
del desgarrado poema con el que un bailarín despide
el espectáculo. El amor se postula como el bálsamo
para aliviar las heridas que cualquier superviviente
porta en el interior de su alma. Esas bellísimas
palabras, enunciadas por un solitario bailarín
lisiado, se posan en lo más profundo del corazón
del espectador, quien, a esas alturas, ya está
completamente absorto por la exquisita coreografía-denuncia
de Itzik Galili.
Magnífica
elección del Dantzaldia para la clausura de su
tercera edición. El festival bilbaíno
parece haber definido sus grandes líneas maestras,
cuyos principales ingredientes han sido un toque de
flamenco ("Amargo" del bailaor Rafael Amargo),
una pizca de espectáculo infantil ("El país
sin nombre", Roseland Musical), un pellizco de
producción nacional ("Lanimal a lesquena",
Mal Pelo) y un aliño de vanguardias internacionales
("ShowRoomDummies" de Groupe DACM y "For
heavens sake" de Galili Dance). Una sutil
combinación de elementos que, en el caso del
estreno español de la compañía
holandesa, supone un acierto a añadir a la breve
existencia del certamen vizcaíno. El público
certificó la calidad del trabajo de Galili Dance,
ensimismado aún por los clamores de las trompetas
de Jericó, pidió paz en vez de estéril
guerra.
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"Minotauro",
la última obra de Antonio Canales se interna
en temas que son tabú para el flamenco.
Foto: Claudio Álvarez. |
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MINOTAURO
Antonio Canales: por
el tamiz del flamenco
Por Noemí
Sabaté (España)
La
compañía de Antonio Canales, en su décimo
aniversario, decidió celebrar con una creación
un tanto particular. Debutaron en septiembre en La Bienal
de Flamenco de Sevilla y en el emblemático Teatro
Lope de Vega, pasaron por el Teatro Novedades de Barcelona
y luego seguirán la gira por el exterior. El
espectáculo, de casi dos horas, estuvo formado
por dos partes. La primera, albergó "Minotauro",
42 minutos en los que Canales no abandona el escenario.
Tras una pausa, la compañía ofreció
un espectáculo de flamenco tradicional, "Suite
Flamenca".
Dice
la mitología que Pasifae, esposa del rey Minos,
se enamoró de un toro bravo, Zeus, y fruto de
esa unión contranatural, nació el Minotauro,
un monstruo que fue confinado a vivir en un laberinto
del cual no podía escapar. El bailarín
y coreógrafo convirtió este mito en una
metáfora de la lucha del hombre por el bien y
el mal. El Minotauro es la vida laberíntica de
cualquier ser, la lucha constante del hombre consigo
mismo. Una batalla individual entre el bien y el mal
que lo conduce a salir del laberinto. Canales, con la
colaboración de Juan de Juan, transporta la obra
a la vida contemporánea, y se anima a tocar temas
que son tabú en el mundo del flamenco. El alcoholismo,
el maltrato, la bisexualidad subyacen de manera directa
o indirecta en esta realización.
"Minotauro",
insiste en la temática taurina, ya abordada por
el bailaor en "Torero"; y en la mitológica,
a la que se acercó, en distintas ediciones del
Festival de Teatro Clásico de Mérida,
con obras como "Narciso", "Venus"
y "Prometeo". Es un espectáculo vanguardista
que se aleja de los cánones del puro flamenco
en baile y música. Si bien Canales se rodea en
la escena de ocho bailaores, dos cantaores-Antonio Suárez
"Guadian" y José Luis Carmona-, dos
guitarristas, un cajón y un violín, hay
fragmentos de música pop y rock, en inglés.
En cuanto a lo coreográfico, se advierte una
gran influencia del ballet contemporáneo, en
movimiento, formas y posturas. Esta nueva expresión
del flamenco de Canales, totalmente alejada del tradicional,
dejó muy desconcertado al público de Barcelona,
hasta llegar a la intolerancia de los más puristas.
La promesa que hizo ante los medios de comunicación,
quedó sobradamente cumplida: no dejó indiferente
a nadie. La escenografía es sumamente compleja,
basada en cadenas y elementos que, de alguna manera,
representan planos opresivos. Canales adaptó
la coreografía flamenca a los tiempos del teatro
o del cine: momentos cortos e intensos.
En
la segunda parte, la compañía mostró
un espectáculo de flamenco en estado puro que
hizo vibrar al público. En el escenario, preparado
con dos cantaores, tres guitarras, un cajón y
un violín, al más puro estilo andaluz,
fueron apareciendo cada uno de los cuatro bailaores:
Juan de Juan, David Paniagua, Nacho Blanco y Paul Vaquero,
que realizaron una interpretación formidable.
El joven Juan de Juan mostró al público
su gran talento, sobre todo en la segunda parte cuando
bailó sólo. El público entusiasmado
se levantó de sus sillas gritando "¡Bravo!".
El punto final, la guinda del pastel, fue un solo de
Antonio Canales, que recordó al público
el verdadero mito del flamenco. Antonio Canales es fuerza,
es clase, es baile. Después de una vida dedicada
a la danza, el bailaor sevillano ya prevé la
retirada de los escenarios, una retirada que quiere
que sea como su aparición en el mundo del flamenco:
despacito y suave "como el humo".
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ALVIN
AILEY AMERICAN DANCE THEATRE
Ritos y virtuosismo
Por Célida
P. Villalón (USA)
Vitalidad,
ritmo y emoción, son los adjetivos que mejor
definen a los integrantes del Alvin Ailey American Dance
Theatre. Desde hace varios años, bajo la dirección
de Judith Jamison -quien en su época fuera la
musa indiscutible de Ailey-, hay oportunidad, cada mes
de diciembre, de admirar a la compañía
en las cuatro semanas de actuación que ofrece
en el City Center de Manhattan. Esta vez hubo estrenos
y reposiciones, además de los aplaudidos clásicos
de Ailey, así como una gala especial para festejar
a Masazumi Chaya, director artístico asociado,
por sus 30 años de labor con la compañía.
"Black
Milk" es una obra para cinco hombres, fue compuesta
en 1985 por Ohad Naharin, sobre música de Paul
Smadbeck, y vestuario de Rakefet Levy, para la Kibbutz
Contemporary Dance Company. Durante este vehemente rito
tribal, cada hombre sumerge ambas manos en un cubo que
intercambian entre sí, las pasan luego por la
cara y el cuerpo hasta mancharse con franjas de color
oscuro. Clifton Brown, Jeffrey Gerodias, Jamar Roberts,
Matthew Rushing y Glenn A. Sims, ejecutan danzas misteriosas,
espectaculares y masculinas, donde el lodo que se han
untado en el cuerpo parece ser determinante en su estado
emocional.
En
un cambio total de atmósfera, "Treading",
estrenado en 1979 con coreografía de Elisa Monte,
con partitura musical del repetitivo Steven Reich, presenta
a una pareja escultural que luce sugestivo vestuario
de Marisol. Interpretada por los magnéticos Linda-Denise
Fisher-Harrell y Clifton Brown, ambos se enredan y desenredan
entre ellos, mientras crean formas esculturales y evocan
con sus brazos aves exóticas de gran belleza,
prontas a alzar el vuelo. La pose final, intrincada
a la par que atrayente, rinde tributo a la profundidad
de sus sentimientos.
"Apex",
otro estreno de la temporada, es una composición
original de Francesca Harper, inspirada en una partitura
electrónica de Rolf Elmer, y según reza
el programa, "está dedicada a todos los
que salen en defensa de la dignidad humana y la libertad".
El vestuario de Epperson confunde el mensaje, ya que
una bailarina aparece vistiendo un escaso traje de cuero,
cinturón con tachuelas plateadas y botas altas
de charol, que no son precisamente una muestra de la
dignidad humana.
La
aplaudida coreógrafa Lynne Taylor Corbett estuvo
representada en la programación por su nueva
composición, "Prayers from the Edge",
que lleva acompañamiento de Peter Gabriel -de
su álbum "Passion"-, y apropiado vestuario
de Judanna Lynn. La historia es una tragedia similar
a Romeo y Julieta, en la cual los amantes, Linda Celeste
Sims y Brown, con hermosas viñetas coreográficas
llenas de gran pasión y fluidez, hacen patente
su amor mientras desafían las fuerzas que tratan
de separarlos. Asha Thomas, como la Plegaria por la
Paz, y Matthew Rushing y Bahiyah Sayyed-Gaines, simulando
la Plegaria por la Supervivencia, vibran de emoción
en sus relevantes intervenciones, mientras tratan de
salvar a los amantes que, en fin de cuentas, sucumben
a manos de los contrarios.
No
podían faltar algunas de las obras de Ailey que
le dieron una identidad definida a la compañía:
entre ellas, "Love Songs", cuyas palabras
quedaron plasmadas en movimiento con los amplios gestos
del intenso Gerodias. "Cry", dedicado a las
"mujeres negras, especialmente a nuestras madres",
dio oportunidad a la majestuosa Fisher-Harrell de convertir
en danza las tribulaciones de quienes las sufren en
silencio, y finalmente, la sempiterna "Revelations",
considerada la "marca" o "firma"
del conjunto, sobre música de gospel, entonada
por un coro mixto en grabación electrónica,
volvió a reafirmar el enorme potencial de esta
joya exquisita.
Grandes
cosas esperan al Alvin Ailey American Dance Theatre
en sus nuevos y amplios predios del centro de Manhattan,
que a un coste de varios millones de dólares,
incluirán además una escuela. La inauguración
se anticipa para el año 2004.
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| "Treading",
una coreografía de Elisa Monte, con partitura
musical de Steven Reich, que se estrenó en
1979. Foto: Andrew Eccles. Gentileza de AAADT. |
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EL
CASCANUECES - Hadas, garrapiñadas y confituras
que danzan |
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EN
NEW YORK: NEW YORK CITY BALLET
Por Célida
P. Villalón
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"El
Cascanueces" de Georges Balanchine
estrenada en 1954 por el New York City
Ballet, sube todos los años al
escenario del State Theatre del Lincoln
Center.
Foto: Paul Kolnik. Gentileza del
NYCB. |
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La
época navideña no es sólo
bienvenida por las alegrías que trae
consigo, sino porque aparece de nuevo "El
Cascanueces", ese encantador espectáculo
que gusta tanto a los balletómanos
como a los niños, en cualquiera de
sus muchas existentes versiones. El cuento
de E.T.A. Hoffman en que está basado,
"El Cascanueces y el Rey de los Ratones",
que data de 1816, contiene algunas connotaciones
sórdidas y existe como ballet desde
1892, cuando Marius Petipa, entonces coreógrafo
del Ballet Imperial del Teatro Mariinski
de San Petersburgo, le entregó al
compositor Pyotr Tchaikovski, especificaciones
exactas para que compusiera la música
sobre los pasos que ya él había
anotado. Sin embargo, fue Lev Ivanov quien
terminó el proyecto, ya que Petipa
cayó enfermo de cuidado.
El
resultado fue un ballet sobre la fiesta
de Navidad que se celebra en la casa de
la familia de Marie (o Clara, como es también
llamada), con la llegada del misterioso
Herr Drosselmeier -que trae consigo a su
sobrino, y marionetas que bailan-, hasta
que Fritz rompe el preciado cascanueces
que Drosselmeier regaló a su hermana.
La impresionable niña logra recuperar
su adorado muñeco algo dañado,
y como consecuencia, sueña esa noche
que el árbol de Navidad que adorna
la sala de la casa, crece y crece, hasta
perderse en las alturas, mientras hay ratones
que la atacan, capitaneados por su rey que
lleva tres coronas en la cabeza. El cascanueces,
rodeado de soldaditos que marchan junto
a él, se bate contra los enemigos,
pero es finalmente la niña quien
le salva la vida y ayuda a ganar la batalla.
La
historia continúa cuando Marie y
el Cascanueces, convertido en un diminuto
príncipe, prosiguen el viaje a la
tierra de las golosinas. Allí los
recibe el Hada Garapiñada, quien
hace su variación al compás
de la celesta -pequeño piano que
lleva varillas de metal en vez de cuerdas
que y fue escuchado por vez primera en el
estreno de 1892-. Hay también angelitos,
bastones de caramelos, pastorcitas que bailan
al ritmo de flautines, Madre Ginger con
un grupo de polichinelas que esconde bajo
su voluminosa falda, y bailarines que simbolizan
el Chocolate de España, el Café
de Arabia, y el Té de la China. Se
reserva para la gran final, el conocido
Vals de las Flores, con la Gota de Rocío
como figura central, y el Pas de Deux del
Hada Garapiñada y su caballero.
Los más distinguidos de la noche
fueron, sin duda alguna, los encantadores
niños Melying Thai como Marie, y
Shimon Ito, en la doble personalidad del
Cascanueces y el príncipe; Tom Gold,
ligero y saltarín como el principal
Bastón de Caramelo; la exquisita
Miranda Weese como la Gota de Rocío,
y el Hada Garapiñada estuvo a cargo
de Sofiane Sylve, una artista invitada de
gran presencia escénica, acompañada
por el atento Richard Askegard.
De
las miles de versiones que existen a través
del mundo, la de George Balanchine, compuesta
en 1954 para el New York City Ballet, con
hermosa escenografía de Rouben Ter
Arutunian y deslumbrante vestuario de Karinska,
podría decirse que es la definitiva.
Cada diciembre sube al escenario del State
Theatre del Lincoln Center, donde su popularidad
la mantiene en cartelera por un mes completo
y ayuda a repletar los cofres de la compañía
con sus éxitos continuados. Existe
una cinta fílmica de la obra, con
MacCaulay Caulkin haciendo travesuras, mientras
la pareja principal, formada por Darci Kistler
y Damian Woetzel, muestran al mundo la técnica
balanchiniana en todo su esplendor.
Balanchine
le dio la vuelta a la historia, convirtiéndola
en un verdadero un cuento infantil, sin
los trasfondos ocultos o tenebrosos que
aparecen en otras producciones. Es una obra
de niños y para niños -hay
infinidad de ellos que proceden de la Escuela
de Ballet Americana, presentes en el escenario-,
por más que los mayores que van al
teatro con su prole, disfrutan de la función
tanto o más que ellos. La orquesta,
bajo la excelente batuta de Andrea Quinn,
sonó hermosa y potente. Un magnífico
regalo en las fiestas navideñas.
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El
famoso vals de las flores en la versión
coreográfica de Carlos Carvajal
para el Península Ballet Theatre.
Foto: Patrick Power. Gentileza
del Península Ballet Theatre |
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EN
SAN MATEO: PENINSULA BALLET THEATRE
Por
Patricia
Aulestia (Enviada especial)
El
Península Ballet Theatre ofreció
una corta temporada en el San Mateo Performing
Arts Center con la versión coreográfica
de Carlos Carvajal de "El Cascanueces".
Una gozosa puesta en escena del renombrado
coreógrafo internacional nacido en
San Francisco. El argumento, claramente
expuesto, justifica el desarrollo de la
historia donde lo mejor fue la imaginativa
coreografía de los cuerpos de baile
salpicada por destellos geniales de personajes
inolvidables como lo fueron el cocinero
Brier Buchalter, el bailarín Irish
Brendon Crosson, el torero Carlos González,
la odalisca árabe Amy Stahl y las
estrellas de los Candy Ribbons, Natalia
García y Ksen Schmalle. Detalles
graciosísimos como tres monos y un
perro de verdad que acompañó
a los Mirlitons. Estupenda la actuación
de Drosselmeyer personificado por Dudley
Brooks y la dulce presencia de la casi adolescente
Clara, interpretada por Chelsea McLaughlin.
Una mención especial merece el director
de orquesta Chris Christensen que con gran
conocimiento y sentimiento dio vida a la
famosísima partitura. Funciones como
ésta cumplen una importante labor
en pro de la buena danza.
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EN
FLORIDA: BALLET ESTUDES COMPANY OF SOUTH
FLORIDA
Por
Krysten Villalón
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Las
danzas rusas deslumbraron al público
por el dinamismo y el colorido.
Foto: Luis Castañeda. Gentileza
del Ballet Etudes Company of South Florida. |
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En
el sur de la Florida sería difícil
percatarse de la proximidad de las fiestas
navideñas si no fuera por la temporada
del popular ballet "El Cascanueces"
que a partir de fines de noviembre se exhibe
aquí, al igual que en multitudes
de países a través del mundo.
Aunque dichosos de poder disfrutar de brisas
tropicales y sol radiante cuando otros se
deben abrigar de pies a cabeza contra el
frió invernal, los floridanos de
todas las edades se deleitan con la magia
que trae consigo el espectáculo esplendoroso
de este ballet que, precisamente, toma lugar
una víspera de Navidad en un hogar
alemán del siglo XIX. La función
que subió al escenario del Teatro
Jackie Gleason de Miami Beach fue la de
Ballet Etudes Company of South Florida,
bajo la dirección artística
de Susana Prieto Elden, y Rodolfo Rodríguez.
Al
levantarse el telón, la familia Stahlbaum
está preparándose para recibir
a sus invitados a la tradicional fiesta.
Los padres, vestidos con elegantes trajes
de época, y los hijos, en coloridos
atuendos confeccionados en múltiples
combinaciones de rojo y verde, disfrutan
de juegos y danzas. El misterioso padrino
de Clara, Herr Drosselmeyer, llega con sus
muñecos mágicos que bailan
y un cascanueces para Clara. Franz le arrebata
el regalo a su hermana y lo rompe, lo cual
provoca un gran desconsuelo en la niña.
Durante la noche, Clara regresa a buscar
su cascanueces, se recuesta debajo del árbol
y comienza a soñar. La trama se desarrolla
a partir de los cánones tradicionales
y ambos personajes, Clara y el príncipe
Cascanueces inician su viaje hacia el reino
de las golosinas, luego de pasar por el
reino de las nieves.
En
el segundo acto, pequeñísimos
angelitos ejecutan pasitos tan graciosos
y ligeritos que parecen flotar en el aire.
El Hada Garapiñada y su caballero,
dan la bienvenida a la pareja, y al escuchar
sus relatos de la batalla y del viaje, le
ordenan a las golosinas que bailen para
los agasajados, danzas exóticas propias
de sus tierras. Las danzas rusas, con el
solista Michael Cusumano, deslumbraron al
público. El Café de Arabia
también impresionó por los
bellos trajes y la sensualidad de la coreografía.
Después del Vals de las Flores y
el Grand Pas de Deux por el Hada de Azúcar
y su Caballero, las golosinas rinden tributo
a Clara por haber salvado a su príncipe
galante.
En
numerosas versiones de "El Cascanueces",
se toman libertades creativas para darle
oportunidad al talento juvenil. En esta
producción, montada por Susana Prieto
con música de Pyotr Tchaikovsky,
basada sobre la trama de Marius Petipa,
casi todo el reparto está compuesto
por alumnas del Ballet Etudes: Clara (Amnerie
Lemoine), Franz (Patricia Tumelty), Espíritu
(Jessica Maharbiz) y Rey Ratón (David
Fernández). El papel de Herr Drosselmeyer
estuvo a cargo del propio consejero artístico
de la compañía, Rodolfo Rodríguez,
(antiguo partenaire de la bailarina cubana
Alicia Alonso). Dagmar Moradillos, distinguida
bailarina en el sur de la Florida, con gran
presencia escénica y elegancia, encabezó
el elenco profesional como Reina de la Nieve
y El Hada Garapiñada.
Entre
los artistas invitados: Marcelo Gomes en
el rol de Rey de la Nieve y Caballero (cortesía
del ABT), quien impresionó al público
con su fuerte técnica, caracterizada
por saltos y elevaciones sin esfuerzo aparente.
Joaquín de Luz (cortesía del
ABT) cubrió el rol de "El Cascanueces"
en una notable representación. La
Orquesta Clásica de la Florida, dirigida
por el Maestro Alfredo Munar, acompañó
la obra con inspiración y consideración
con los bailarines.
"El
Cascanueces" es, sin duda, una experiencia
imperdible, que continuará siendo
el favorito de todos. Balletómanos
o recién iniciados, adultos o pequeñitos,
este cuento danzado permite imaginar mundos
maravillosos en una época del año,
donde las memorias dulces viven felices
por los siglos de los siglos.
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EN
VANCOUVER: ALBERTA BALLET Y BALLET BRITISH
COLUMBIA
Por
Noemí
Sabaté
Del
5 al 8 de Diciembre se presentó "El
Cascanueces", en el Queen Elisabeth
Theatre de Vancouver. Una coproducción
del Alberta Ballet y el Ballet British Columbia.
La coreografía estuvo a cargo del
Director Artístico del Ballet Alberta,
Mikko Nissinen. La música de Pyotr
Ilyich Tchaikovsky, una de las figuras esenciales
de esta obra, fue interpretada en vivo por
la Orquestra Sinfónica de Vancouver.
El ballet tuvo como artistas invitados a
Evelyn Hart, Jesús Corrales y cincuenta
niños de la ciudad. La magia de la
Navidad inundó el escenario con la
originalidad del decorado, la sala, el misterioso
árbol de Navidad y el palacio del
Hada de Azúcar, creados por Roger
La Voie. Los rutilantes, exquisitos y suntuosos
vestidos diseñados por Paul Daigle,
añadieron aún mayor belleza
a la producción. Los bailarines alternaron
sus roles a través de las distintas
representaciones. Si bien los papeles protagónicos
son los más esperados por el público,
las variaciones también tienen su
encanto. Un espectáculo genial para
toda la familia.
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EN
SAN FRANCISCO: SAN FRANCISCO BALLET
Por
Maritza
Gueler |
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El
oso del San Francisco Ballet es la estrella absoluta
de la primera parte de este cuento de Navidad.
Foto: Lloyd Englert. Gentileza del SFB. |
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| El
San Francisco Ballet, primera compañía
de los Estados Unidos donde se estrenó "El
Cascanueces" en 1944, todos los años
hace honor a este clásico del ballet por
excelencia. En 1986, Helgi Tomasson, actual director
de la compañía, introdujo ciertas
modificaciones a la versión original de William
Christensen. Una puesta naif, que se asemeja a los
libros cuento para niños por su colorido
y por su diseño, introduce al espectador
en un engolosinado mundo mágico. Drosselmeyer,
interpretado en forma alternativa, por Jorge Esquivel
y Val Caniparoli, es un simpático y dulce
viejito que logra encantar a los niños en
la noche de Navidad. Hasta el punto de hacer aparecer
un oso danzante que entretiene a la platea con sus
graciosos movimientos.
El
grupo de niños es la nota tierna del comienzo.
Ratones mecánicos que cruzan el escenario
durante el sueño de Clara, otros, que parecen
salidos del mundo de Disney y hasta una coqueta
ratona que llora a su rey muerto por un zapatillazo,
forman parte de la primera parte de este cascanueces
que apunta a conquistar al público infantil.
La fantasía y la belleza encuentran el
punto de mayor encantamiento cuando Clara llega
al reino de las nieves. Muriel Maffre, Katita
Waldo, Vanesa Zahorian, Yuan Yuan Tan, Leslie
Young, Nicole Starbuck, Lorena Feijoó y
Kristin Long, entre otras primeras bailarinas,
asumen este rol, de igual forma que se internan
en el papel del Hada de Azúcar o de La
Mariposa. Por otra parte, La coreografía
de la danza de las flores, apartada de la versión
tradicional de Petipa-Ivanov, se juega por el
despliegue visual, sin demasiada exigencia técnica.
El
cuerpo de baile y los solistas, al igual que los
primeros bailarines, muestran a una compañía
sólida y consistente en cuanto a su técnica
e integración. Sin duda, el gran final
recupera esa suerte de ensoñación
con la que se inicia el viaje de Clara a través
de una especie de trineo volador que lleva a la
protagonista, al príncipe cascanueces y
a Drosselmeyer.
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EN
MEXICO: COMPAÑIA NACIONAL DE DANZA
Por
Patricia
Aulestia
La
Compañía Nacional de Danza
(CND) del Instituto Nacional de Bellas Artes
(INBA), dirigida por Cuauhtémoc Nájera
presentó 20 funciones de "El
Cascanueces", en el Auditorio Nacional
con la participación de 203 artistas.
La actual versión, estrenada en 1999,
es la del coreógrafo James Kelly,
quién aprovechó el nivel técnico
de los intérpretes y ofreció
un ballet más contemporáneo
en su dinámica, con cambios radicales
en la versión original. Kelly usó
el mismo vocabulario clásico, con
ciertas diferencias en el ataque, la dinámica
y la velocidad. La compleja coreografía
mostró situaciones simultáneas
para destacar la historia de una Clara quinceañera
que "sueña con un enamorado",
el Cascanueces convertido en un príncipe
y su padrino Drosselmeyer que mueve mágicamente
su ensoñación.
Ya
que el Auditorio Nacional cuenta con cinco
mil quinientas cincuenta butacas y la distancia
entre el público y el espectáculo
es mayor que en un teatro convencional,
se amplió la escenografía,
se renovó el vestuario y se colocaron
pantallas gigantes en los extremos del escenario.
Lo más relevante de esta puesta fue
la participación de sesenta y tres
niños de la Escuela Nacional de Danza
Clásica y Contemporánea del
INBA.
Kelly
es maestro y coreógrafo en residencia
de la CND desde 1998 y montó más
de cuarenta coreografías en el Springfield
Ballet, Stage 7 Dance Theatre y The International
Ballet Company. La mayoría de las
representaciones contaron con la participación
de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes,
integrada por 70 músicos bajo la
dirección huésped de Enrique
Patrón de Rueda, aunque se realizaron
algunas funciones con grabaciones.
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CINE:
CHICAGO
Todo un show
Por Maritza
Gueler (USA)
Velma
Kelley llega con los minutos contados, esconde
el arma con la que asesinó a su hermana
y a su marido y sube a escena para lanzar toda
su seducción sobre los compases de "All
That Jazz". Desde la platea, Roxie Hart,
una insignificante aspirante a estrella, la observa
con la ambición de, algún día,
ocupar ese lugar. Rob Marshall, en su ópera
prima para el cine ("Annie" y coreografías
para la televisión), lanzó toda
la artillería creativa para provocar un
indiscutible impacto en el espectador. "Chicago",
película basada en el musical que Bob Fosse
creó en 1975, con música de John
Kander y letra de Fred Ebb, es un arrollador espectáculo
donde se funden la intriga, el amor, la traición
y la rivalidad.
Esta
versión cinematográfica que se desarrolla
entre la prisión, la corte y el escenario,
es un azote de dinamismo, sensualidad y talento.
Marshall también es el responsable de la
atractiva coreografía, basada en la de
Fosse, si bien difiere bastante de la concepción
original. A través de ella, logra escenas
de gran intensidad visual y dramática,
apoyado por un cuerpo de bailarines que se adaptan
sobradamente a las exigencias de una propuesta
coreográfica de alto nivel. Marshall hizo
de la prisión, un cabaret en el cual cada
una de las prisioneras cuentan sus dramáticas
historias a través de escenas de jazz-dance.
Osada coreografía, que impacta de igual
manera que las imágenes visuales que el
director va hilando a través de los personajes.
Un excelente camino para traducir al lenguaje
cinematográfico esta arrolladora pieza
musical.
"Chicago"
encierra una historia de crímenes, corrupción
y coristas asesinas que transcurre en los años
20. El guión, escrito por Bill Condon,
ganador del Oscar por su adaptación de
"Gods and Monsters", es irónico,
intenso, agudo. El autor usa como pivote el juicio
a Roxie Hart, condenada por haber matado a su
amante. Por su parte, Marshall optó por
superponer escenas reales con escenas imaginadas,
que se desarrollan al ritmo desbordante de la
música de Danny Elfman y del texto de las
canciones de Ebb.
Un
reparto de lujo: Richard Gere, como Billy Flynn,
Catherine Zeta-Jones (Velma Kelley) y Renée
Zellweger (Roxie Hart). Los tres, cantan, actúan
y bailan -sin doblaje- como verdaderos artistas
de comedia musical, y logran escenas magníficas
y de gran impacto. Una de las más brillantes
y mejor logradas es cuando Richard Gere, convertido
en múltiple titiritero y ventrílocuo,
manipula como marionetas a los periodistas que
lo acosan en busca de la noticia "fresca
y caliente". Con humor sardónico,
Gere mueve su cuerpo y conduce su voz para hacer
uno de los cuadros más interesantes -en
cuanto a realización musical- de este film
que deja al espectador subyugado ante tanto despliegue
de talento.
Zellweger
logra cautivar con su magnífica interpretación
de Roxi. Artera, especuladora, ambiciosa, ella
entreteje los hilos de su propia fama. Actúa,
canta y baila con una deliciosa e inteligente
frescura. Jones, compone a una Velma Kelly más
dramática y menos sarcástica que
la del personaje de la comedia musical, Subyugante
en sus movimientos, impecable al bailar, ardientemente
seductora y déspota en su actuación.
Ambas actrices establecen una perfecta lucha de
"opuestos-semejantes" y se baten a duelo
artístico en la pantalla. El elenco de
reparto, mantiene el mismo nivel de excelencia
que los protagónicos. Queen Latifah en
su rol de carcelera hace una estupenda interpretación
tanto a nivel actoral como en su versión
de "When You're Good to Mama". John
C. Reilly, como el marido de Roxie, compone un
conmovedor personaje que llega a su clímax
cuando canta "Mr. Cellophane". El film,
que ya tiene siete nominaciones para los Globos
de Oro de la Asociación de la Prensa Extranjera
de Hollywood, es una realización fascinante
que logra captar los rasgos esenciales del musical
original y lo transforma en lenguaje cinematográfico.
¿Hace falta decir que es, sencillamente,
excelente?
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| _Nominaciones
para el Globo de Oro |
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Mejor
Comedia o Musical
- "Chicago"
- "Adaptation"
- "Mi
gran boda griega"
- "Nicholas
Nickelby"
- "About
a Boy"
Mejor
Director
- Rob
Marshal ("Chicago")
- Stephen
Daldry ("The Hours")
- Peter
Jackson ("El señor de
los anillos:Las dos torres")
- Martin
Scorsese ("The Gangs of New
York")
- Spike
Jonze ("Adaptation")
- Alexander
Payne ("About Schmidt
Mejor
Actor Comedia o Musical
- Richard
Gere ("Chicago")
- Kieran
Culkin ("Igby Goes Down")
- Nicolas
Cage ("Adaptation")
- Hugh
Grant ("About a Boy")
- Adam
Sandler ("Punch Drunk Love")
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Mejor
Actriz Comedia o Musical
- Rene
Zellwegger ("Chicago")
- Catherine
Zeta-Jones ("Chicago")
- Maggie
Gyllenhaal ("Secretary")
- Nia
Vardalos ("Mi gran boda griega")
- Goldie
Hawn ("The Banger Sisters")
Mejor
Actor de reparto
- John
C. Reilly ("Chicago")
- Paul
Newman ("Camino de Perdición")
- Chris
Cooper ("Adaptation")
- Dennis
Quaid ("Far From Heaven")
- Ed
Harris ("The Hours")
Mejor
Actriz de reparto
- Queen
Latifah ("Chicago")
- Kathy
Bates ("About Schmidt")
- Meryl
Streep ("Adaptation")
- Cameron
Díaz ("The Gangs of
New York")
- Susan
Sarandon ("Igby Goes Down")
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Chicago
en el teatro
El
musical "Chicago", original de Bob Fosse
(1975), no se llevó ningún Tony
en la temporada de su primer estreno, a pesar
de sus 11 nominaciones. No obstante, Fosse (ganador
y nominado por "Cabaret", "Lenny"
y "All that jazz") es el único
director que logró, en un mismo año,
1973, un Oscar por "Cabaret", un Tony
por "Pippin" y un Emmy por "Liza
with a Z". En 1997, año en que se
repuso el musical en Broadway en conmemoración
de los 10 años de la muerte de su creador,
la obra se llevó seis Tonys. Premios que
nunca había logrado recibir antes de la
muerte de Fosse en 1987.
La obra se estrenó, con elencos locales,
en diferentes países del mundo y el ingreso
mundial asciende a más de 550 millones
de dólares, un hecho sin precedentes para
los productores Barry y Fran Weissler que, en
1997, la llevaron a Broadway.
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Catherine
Zeta-Jones es una vibrante Velma Kelley en la versión
cinematográfica de "Chicago".
Fotos: David James. (Miramax). |
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| Los
sueños de Roxie Hart, interpretada por Renée
Zellweger. |
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BALLET
DEL SODRE
Entre cisnes,gitanos
y tangos
Por Tito
Barbon (Uruguay)
En
un gesto plausible, el Consejo Directivo del SODRE (Servicio
Oficial de Radiotelevisión y Espectáculos)
decidió ofrecer como regalo de fin de año:
siete funciones gratuitas a los fieles balletómanos
uruguayos. En éste "annus horribilis"
para el país, la idea fue bien recibida por el
público que desbordó la sala del Auditorio
y aplaudió a rabiar un espectáculo de
variados gustos.
El
segundo acto de "El Lago de Los Cisnes" abrió
el programa. Hacía mucho tiempo que el Ballet
Nacional del SODRE no representaba la obra; un clásico
de tremenda exigencia técnica y estilística.
Eduardo Ramírez, director del conjunto, introdujo
algunos cambios en la coreografía, que favorecieron
la versión y los bailarines se comportaron con
cierta homogeneidad. Aunque debe asumirse con modestia,
que en la actualidad, el elenco oficial no está
en condiciones de abordar esta obra dignamente.
Rimsky-Korsakov
creó efectos innovadores en la brillante orquestación
de sus obras, así como Pablo Picasso inventó
nuevos modos de expresión o de interpretación
de culturas diferentes con el Cubismo. No es casual
que nuestro recordado escenógrafo y diseñador
Carlos Carvalho, haya encontrado en ellos las formas
y colores del bien inspirado vestuario para el "Capricho
Español". Cuando el telón se alzó,
Alicia Carballo proyectó sobre el panorama una
figura alusiva a "Les damoiselles dAvignon",
al tiempo que se iluminaron los trajes de Carvalho reproduciendo
la esencia de esa imagen. A ello se sumaron los movimientos
angulosos de la coreografía de Ramírez,
lo cual permitió rememorar la primavera de 1907
en París, cuando el movimiento Cubista nacía.
Muy bien iluminados por Batlle Da Cunha desfilaron majos,
jotas y sobre todo, dos gitanos bien plantados y con
garbo: Patricia Martínez y Alejandro González.
Después
del deslumbrante colorido orquestal y visual del español
capricho, irrumpió el tan de moda baile ciudadano
rioplatense, el "Tango". Con ironía
Madame Chanel hubiera agregado: "Las modas pasan,
sólo el estilo permanece". Pero el tango,
quejándose en el sonido del bandoneón,
continúa su andar sentimental, agrisado y austero.
La escenografía: un farol y un banco. En la escena
dos personajes vibrantes, precisos, sensuales encarados
por Sofía Sajac y Luis Ramos. Él, "compadrito"
(hombre jactancioso, provocativo y pendenciero), sinuoso,
liviano en los saltos, ensombrecida su cara por el "gacho"
(sombrero) negro que, lamentablemente, cuando los caprichos
de la luz la revelaba, mostraba la expresión
severa del "malevo arrabalero" (hombre matón
y pendenciero que vivía en barrios marginales).
Ella, la "percanta" (mujer), controla su poderosa
fuerza interior porque "en el tango el macho manda".
Sumisa ante el desaire, firme en la embestida, los pómulos
salientes que acentuaban los matices del rostro que,
sin gesticular, realzaban el expresivo discurso de piernas
y puntas de acero con musicalidad excepcional.
Cuando
Ramírez estrenó este Pas de Deux en el
2000, lo tituló "Tangueando", y lo
hizo con dos piezas de Astor Piazzolla, vocabulario
académico y algunas pinceladas "canyengues"
(manera especial de bailar e interpretar el tango).
Más tarde agregó otro título de
Piazzolla y tres parejas de bailarines para terminar,
a manera de Coda con el himno tanguero, "La Comparsita",
del uruguayo Gerardo Matos Rodríguez, sin que
por ello la obra creciera.
El
último programa de la Temporada de Ballet 2002
puso de manifiesto una vez más el potencial de
los bailarines; aunque comienza a notarse la ausencia
de algunos valores y se anuncian otros para el 2003.
Curiosamente, como por ósmosis, el Ballet del
SODRE logró conformar un formidable equipo de
artistas con notable proyección escénica,
cualidad que no poseen muchos conjuntos con técnica,
estilo y disciplina superiores a éste. Es posible
que estén necesitando encontrar su propio perfil
artístico. Perfil que contemple las posibilidades
y limitaciones del conjunto. El equilibrio sería,
tal vez, una buena solución.
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THE
FOUNDRY
El valor de la búsqueda
Por Maritza
Gueler (USA)
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"The
Fleshing Memory", una obra experimental realizada
por el grupo The Foundry.
Foto: Alex Ketley. Gentileza de Yerba Buena
Center for the Arts. |
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Dos
funciones a sala llena y con localidades agotadas fue
el resultado del último estreno de la compañía
The Foundry como parte del programa "Bay Area Now
3" que se realiza en el Yerba Buena Center for
the Arts de San Francisco. "The Fleshing Memory"
es una obra de danza multimedia creada por Christian
Burns y Alex Ketley. En el hall de entrada, una serie
de pantallas de televisión, muestran escenas
relacionadas con la obra. En la sala, en un espacio
no convencional en el cual el público rodea el
cuadrilátero donde se desarrolla la pieza. Dos
parvas de papeles arrugados, ubicados en dos rincones
opuestos, ofician de escenografía.
La
obra, producto de un trabajo de investigación,
improvisación y experimentación, es una
combinación de danza, teatro, texto y video.
Su objetivo: hacer una meditación sobre la percepción
de la memoria. Música electrónica y ciertos
efectos acústicos semejantes a sonidos de la
naturaleza, en algunos casos, generan un clima estático
y contenido. Cuando se apagan las luces, sobre las dos
pantallas de video ubicadas sobre las parvas de papeles,
se proyecta la imagen de un hombre que corre por un
campo, con diferentes intensidades y actitudes corporales.
La proyección de esa escena permanece durante
largos minutos, tal vez excesivos, y sin resolución
aparente. Diversas secuencias visuales continuarán
hasta el final de la obra coreográfica a modo
de acompañamiento alegórico.
Mientras
la proyección en la pantalla continúa,
un haz de luz marca una diagonal sobre el espacio escénico.
Desde uno de los rincones, a contraluz, aparece una
de las bailarinas, Andrea Flores, e inicia un largo
y lento camino que la llevará hacia el lado opuesto,
lugar donde la espera otro bailarín, Ketley,
con quien iniciará un diálogo corporal
de gestos contenidos y quebrados. Flores, bailarina
que formó parte de las huestes de Alonzo Kings
Lines Ballet, y es frecuente compañera de Homer
Avila, realiza un trabajo que con las limitaciones
de la obra es, sencillamente, excelente. Delicados
brazos, pies magníficos y una sólida estructura.
Ketley,
cubre su rostro y su cuerpo con papeles, hasta quedar
totalmente envuelto en ellos, rodeado por cinta adhesiva.
De esta manera, y durante toda la obra, peregrinará
amarrado por esos papeles que no le permiten ver y que
limitan sus movimientos. Un interesante solo se desarrolla
a través de esa diagonal que, por momentos, deja
de estar iluminada para dar lugar a otros espacios de
la escena. Cuando llega el final de la obra, Ketley
logra desembarazarse de esos papeles que, de alguna
manera, le impidieron avanzar.
Nick
Yagoda, con movimientos espásticos también
cruza ese camino diagonal donde converge quizá,
la soledad de la memoria. Intenso trabajo corporal que
rompe los cánones tradicionales del movimiento.
Un banco ubicado en el medio de uno de los lados de
ese cuadrilátero cobra sentido y razón
de ser cuando Summer Lee Rhatigan comienza a leer un
texto con atractiva cadencia, medida entonación
y una hermosa voz. El recurso de introducir textos,
es frecuente en The Foundry, tal como puede serlo en
innumerables compañías de danza moderna.
El
resto de los bailarines, Torsten Z. Burns, Rita di Lorenzo,
Marina Hotchkiss, Anthony Luensman, Derek Powel y Nick
Yagoda, van apareciendo, por turno, a veces en dúos
o en tríos, para continuar con el mismo estatismo
y la misma diagonal donde comenzó la primera
escena en vivo. La sólida formación clásica
de los bailarines es el punto más interesante
de esta obra que, sin ellos, se caería, irremediablemente.
Los intérpretes, vestidos en ropa de calle, calzados
con zapatillas deportivas, utilizan sus recursos corporales
para transitar una gestualidad posmoderna que, sin embargo,
carece de fuerza dramática y poética.
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Groupe
DACM
Arriesgadas "Top
models"
Por Iratxe
de Arantzibia (España)
Rotundidad
es la principal característica de "ShowRoomDummies",
espectáculo de la compañía francesa
Groupe DACM, penúltima cita de la tercera edición
de Dantzaldia, festival de danza contemporánea
de Bilbao. El Palacio Euskalduna acogió esta
artística y original propuesta, que parte de
una profunda reflexión sobre el lenguaje del
cuerpo humano y del maniquí, utópico ideal
de la perfección de belleza. De factura impecable,
el montaje, de una hora de duración, presenta
a cinco bailarines que vagan por los terrenos de lo
animado y lo inerte. Gustó y sorprendió
este espectáculo de hondos planteamientos psicológicos,
cuidada estética y fino lenguaje coreográfico.
El
punto de arranque del montaje es el desorden, aquel
que puede crear un cuerpo vivo en la frontera de lo
inanimado que, sin embargo, suscita la pasión
por su simple y única presencia, inmóvil
y provocativa. Los textos "Ivonne, Princesse de
Bourgogne" (W. Gambrowicz) y "La Vénus
á la Fourure" (L.von Sacher-Masoch) proporcionan
los personajes de Ivonne y Wanda, respectivamente, arquetipos
inspiradores de la coreografía. Por su parte,
Ivonne, a la que se une el príncipe por provocación,
se muestra en la corte generando escándalo, horror
y repulsión hasta lo insoportable. A pesar de
su naturaleza taciturna y su inmovilidad, consigue encarnar
todos los defectos, e inquieta a la gente al mostrárselos,
por ser el vivo reflejo de sus propios vicios.
El
texto de "La Vénus á la Fourure"
cuenta como protagonista a Severine, quien, envuelto
en un torbellino de deseo, se desvive por una estatua
de Venus para encontrar después a una mujer,
Wanda, a la que manipula de manera masoquista hasta
que encarna esta Venus para él. Ella suscita,
a su vez, el conflicto erótico. Yvonne y Wanda
tienen en común que crean el desorden con su
sola presencia. Su inercia se manifiesta, por la ausencia
de reacciones en el caso de Yvonne, y por el carácter
glacial de una Wanda con apariencia de estatua. Estos
dos personajes comparten su existencia pasiva en un
entorno que, a la vez, es capaz de romper los mecanismos
psicológicos -e incluso sociales- de sus manipuladores
y escapan a su propia naturaleza de instrumentos en
manos ajenas.
Un
maniquí de escaparate es un ser humano vulgarizado.
Propone una imagen de perfección, pero nunca
lo consigue. Y, aunque no es absolutamente real, apela
a la imaginación del espectador. Constituye un
lienzo en blanco sobre el que se proyecta su deseo,
incluso su rechazo. La coreografía juega con
la alternancia de roles en la persona del bailarín:
por un lado, representa un ser humano en toda su extensión,
y por el otro, encarna un maniquí. Así,
el lenguaje de la danza se inspirará en una doble
fuente. El vocabulario del cuerpo, en el que se incorpora
el uso de máscaras, y el movimiento robótico
del maniquí. De este modo, los creadores Gisèle
Vienne y Etienne Bideau-Rey confeccionan una coreografía
que produce, al final, una mezcla sin fin entre bailarines
y cuerpos artificiales: todos ellos maniquíes
con un lenguaje común. Sin duda, el trabajo realizado
en función de la dual calidad de movimiento (ser
humano-maniquí) resulta impecable, así
como la construcción del patrón de conductas
a través del cual, en un par de segundos, el
bailarín rota dentro de su doble personalidad
escénica.
La
compañía gala demuestra una preocupación
sin igual por el aspecto plástico de su montaje.
El espacio escénico, cuidado hasta el más
mínimo detalle, presenta una hilera de sillas
ocupadas por una quincena de seres inertes. ¿Son
seres humanos o maniquíes? Gracias al movimiento,
se descubre la naturaleza de cada uno de los elementos
en escena. Finalmente, serán cinco los bailarines-marionetas
-Jonathan Capdeville, Olivier Balzarini, Yves-Noel Genod,
Marie-Caroline Hominal y Hélène Iratchet-,
intérpretes de este original "ShowRoomDummies".
Sin
embargo, el dúo de coreógrafos exime a
sus maniquíes danzantes de una introspección
de sus sentimientos. Toda la interioridad de los personajes
se halla en su superficie. No hay nada más que
lo expuesto en ese escaparate público que es
el escenario. Pero esto encierra una trampa. Vienne
y Bideau-Rey traspasan la carga emocional al espectador.
El "travestimiento", malformación y
"marionetización" de los bailarines,
la crudeza de la música y la sobria puesta en
escena confluyen en una amalgama de sentimientos, desde
la comicidad, hasta el erotismo y la repulsión,
que genera una sensación de desasosiego en el
público asistente. No se trata de un espectáculo
complaciente, ni mucho menos. No se buscan innecesarias
concesiones al público.
Directa,
dura e impenitente, "ShowRoomDummies", obra
de la compañía gala DACM (Grenoble), remueve
los espacios recónditos del alma del espectador.
El bilbaíno festival de danza contemporánea,
Dantzaldia demuestra así su osado compromiso
con las vanguardias coreográficas. Si bien, el
fin último del arte no consiste en proporcionar
placer a su público, no es menos cierto que arriesgadas
apuestas como este universo de "top-models"
de cartón piedra requieren una gran sensibilidad
y conocimiento del mundo de las artes escénicas.
Aunque ello no sea óbice para tildar de magnífica
la confección de esta colección de danza
de "haute-couture", no apta para públicos
más cercanos al "prêt-à-porter"
en materia de baile.
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