EFECTO DE LA ACTIVIDAD FISICA EN LA DENSIDAD ÓSEA
El misterio de los huesos (Parte I)
Por Lya Contreras del Toro (México) *
Médico especialista en Rehabilitación

El hueso es un tejido metabólicamente activo con una remodelación continua que ocurre a través de la vida, proporcionando una actividad neta de las células de resorción ósea igual a las formadoras de hueso. En el adulto, la remodelación ósea da cuenta en gran medida de esta actividad. La remodelación comprende el proceso de resorción ósea seguido de la formación ósea y proporciona un mecanismo para la autorreparación y la adaptación a la tensión.

La cantidad de mineral óseo presente en el esqueleto depende de la cantidad que se adquiere durante la fase de desarrollo y maduración esquelética y también de la cantidad que se pierde. En este proceso, la actividad física es una determinante significativa de la masa ósea pico. La falta de ejercicio físico está asociada con una reducción del contenido mineral óseo (CMO) y de la densidad mineral ósea (DMO) por lo que el ejercicio es frecuentemente recomendado para prevenir osteoporosis. La gran mayoría de investigadores han demostrado que el ejercicio físico está asociado con el incremento DMO y CMO.

Se ha comprobado desde hace algún tiempo que los deportistas tienen una densidad mineral ósea mayor que la población en general y que el rol del ejercicio en la mineralización ósea empieza a entenderse recientemente. El efecto del ejercicio en DMO parece estar relacionado con el mecanismo máximo de estrés aplicado a determinadas regiones. Hay evidencias de que la DMO está en función de la fuerza muscular y se ha establecido por numerosos estudios previos que la respuesta del hueso a la carga mecánica está en el sitio específico y no generalizado a todo el cuerpo.

Por otro lado se ha considerado que la masa ósea pico en mujeres premenopáusicas es una determinante importante para detectar el riesgo subsecuente de fractura osteoporótica. Por otra parte, existen estudios donde se refiere que la actividad física especialmente relacionada con el peso puede actuar en el incremento de la DMO y contrarrestar la pérdida ósea inducida en mujeres que cursan con oligomenorrea o amenorrea. También hay que tener en cuenta la relación que existe entre las alteraciones del ciclo menstrual con un entrenamiento físico excesivo como responsables de la disminución de la densidad mineral ósea e inclusive de la presencia de fracturas en mujeres deportistas. En la actualidad ha quedado bien establecido que atletas amenorreicas tienen baja densidad ósea vertebral.

Sin embargo a pesar de demostrar en gran parte de la literatura los efectos benéficos del ejercicio sobre la densidad mineral ósea hay autores que sugieren que la actividad física puede asociarse a una reducción de la masa ósea. Por ejemplo hay estudios que refieren el efecto positivo del ejercicio sobre la DMO pero consideran que el ejercicio vigoroso en mujeres jóvenes puede hacerlas propensas a la osteoporosis, especialmente en combinación con amenorrea.

Después de haber realizado una búsqueda extrema, se ha comprobado que existe menos información en relación con la densidad mineral ósea en bailarinas de ballet clásico que son sometidas a un entrenamiento físico excesivo. Si se tiene en cuenta que un bailarín profesional inicia su carrera desde los 8 años y dedica por lo menos 6 horas diarias de actividad física intensa, es factible pensar que en algún momento de su vida pueda sufrir un daño o lesión en alguna parte del cuerpo que lo limitará e impedirá la realización de un adecuado desempeño.
Por tal motivo, los bailarines de ballet clásico tienen un alto riesgo de lesiones semejantes a las ocurridas en atletas y deportistas profesionales, lo que obliga a investigar y analizar las técnicas de entrenamiento como punto prioritario para el beneficio individual y para el futuro de estos profesionales. Una encuesta sobre lesiones en los bailarines realizada por la Organización Nacional de Danza del Reino Unido reporta que la mayoría de las lesiones se presentan por una inefectiva absorción de fuerzas de impacto durante la realización de ejercicios en zapatillas de punta. Este estudio surge frente a la necesidad de determinar el efecto de un entrenamiento físico vigoroso en la DMO y si éste, por si sólo, constituye un factor predominante en la disminución de la densidad mineral ósea.

Por dentro

El efecto del ejercicio sobre la salud ósea es un factor de gran interés. Existen evidencias de que los individuos que realizan ejercicio con soporte de peso tienen valores de masa ósea substancialmente mayor que las personas inactivas. Se ha comprobado a través de investigaciones que un programa específico de ejercicio puede ser mucho más efectivo para estimular e incrementar la masa ósea y evitar su pérdida. En las mujeres esta pérdida inicia después de la tercera década de la vida. Por otro lado, ciertos cambios hormonales se asocian con un incremento de osteoporosis. Por otra parte, también se considera que, tanto la falta como el exceso de actividad física pueden provocar osteoporosis.

La reducción de la masa ósea es un importante factor de riesgo para la presencia de fracturas osteoporóticas. Aunque la osteoporosis es más frecuente en mujeres postmenopáusicas (mayores de 50 años) hay evidencia de mujeres jóvenes sobre todo atletas, gimnastas y bailarinas de ballet que presentan disminución de la densidad mineral ósea. Mujeres atletas activas jóvenes que pierden sus ciclos menstruales a causa de un excesivo entrenamiento, son candidatas a pérdida ósea. Los cambios hormonales en estas mujeres son semejantes a las mujeres posmenopáusicas ya que presentan bajos niveles de estrógenos y progesterona. Las irregularidades en el ciclo menstrual incluyen amenorrea (falta de menstruación), oligomenorrea (insuficiencias en la menstruación), retraso en la menarca (primera menstruación), deficiencia en la fase lútea y anovulación (falta de ovulación). Y estas alteraciones en la función endocrina reproductiva pueden potencialmente reducir la masa ósea. No obstante, la fase lútea y la anovulación no han demostrado ser factores evidentes en la reducción de la masa ósea.

Continuará en el próximo número de DANZA en Español

 

 

Cabeza de fémur normal y con osteoporosis

 
 
 
 
 
     

 
   

Dra. Lya Contreras del Toro

Nació en la ciudad de México y cursó la carrera de maestro de danza clásica en el Sistema Nacional para la Enseñanza Profesional de la Danza en el INBA. Posteriormente se recibió de médica en la Facultad de Medicina en la Universidad Autónoma Metropolitana plantel Xochimilco con medalla al mérito universitario. Lya se especializó en Medicina de Rehabilitación en el Instituto Nacional de Rehabilitación de la Secretaría de Salud, y dictó cursos de capacitación para maestros y alumnos de las escuelas de danza del INBA. También realizó ponencias en congresos nacionales e internacionales relacionados con temas de medicina y danza.

Actualmente trabaja en el Centro Nacional de Rehabilitación de la Secretaría de Salud y tiene a su cargo la clínica de Danza en el servicio de Rehabilitación del Deporte de la División de Rehabilitación Ortopédica de este centro. Es promotora del convenio INBA-SSA que tiene por finalidad de llevar a cabo investigaciones sobre danza para el beneficio de los bailarines.

   
 
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