|
Por primera vez, los cuatro grandes festivales españoles
coproducen un homenaje a Salvador Dalí en el centenario de
su nacimiento. Integraron el programa "El sombrero de tres
picos" y "El café de Chinitas", ambas con
coreografía de José Antonio.
La celebración del centenario del nacimiento del pintor
ampurdanés Salvador Dalí (1904-1989) protagonizó
el único espectáculo de danza ofrecido por la 65 edición
de la Quincena Musical. Creador polifacético, el máximo
representante pictórico del Surrealismo demostró su
interés por la danza en una pequeña parte de su vasta
producción artística. Su producción en ese
campo sólo se limitó a siete escenografías,
algunas sólo para la aventura americana de los Ballets Russes
de Sergei Diaghilev. Dalí realizó la escenografía
de diversas obras, entre ellas, "El sombrero de tres picos"
en su periplo americano estreno en el Zeigfeld Theatre de
Nueva York, en 1949 y "El café de Chinitas",
estrenada por el Ballet Theatre de Detroit, en 1949. Ambas obras
integraron el espectáculo que se presentó en el Centro
Andaluz de Danza, en una clara muestra de adhesión de la
Quincena Musical a los actos del "Año Dalí".
Por primera vez, los cuatro grandes festivales españoles
Quincena Musical, Festival de Perelada, Festival de Granada
y Festival de Santander coproducen un espectáculo en
homenaje al pintor. El programa confeccionado con las obras "El
sombrero de tres picos" (50 minutos) y "El café
de Chinitas" (1 hora y 15 minutos), ambas con coreografía
de José Antonio, osciló entre la flojedad de la primera
pieza y la brillantez de la segunda. Las canciones populares recuperadas
por Federico García Lorca (1898-1936) y armonizadas por Chano
Domínguez, la intervención de Esperanza Fernández
como artista invitada y a la poderosa presencia del telón
daliniano, que representa a una mujer crucificada con torso de guitarra,
crean el clima óptimo para hacer de "El café
de Chinitas" el auténtico espectáculo de danza
flamenca.
Dalí y la danza
La relación de Salvador Dalí con la danza está
intrínsecamente unida a la colaboración de Pablo Picasso
(1881-1973) con los Ballets Russe de Sergei Diaghilev. La primera
escenografía del pintor surrealista fue "Bacchanale"
en el Metropolitan Opera House de Nueva York en 1939, aunque previamente
había sido el artista malagueño el responsable de
los telones en su estreno londinense. El mismo sistema de doble
autoría telones europeos de Picasso y escenografías
americanas de Dalí siguieron otras obras como "Laberinto",
"Sentimental colloquy", "Mad Tristan" o "El
sombrero de tres picos".
Una cuestión diferente es la elaboración de los telones
de "El café de Chinitas". Dalí, profundamente
conmocionado por el asesinato de su amigo Federico García
Lorca, acepta el encargo de Encarnación López "La
Argentinita" para realizar la escenografía de esta obra
que, en su origen, recoge 13 canciones populares seleccionadas por
el poeta granadino, en un intento de redimirse y homenajear a Lorca.
Ya en 1961, en una etapa diferente de su carrera, el pintor ampurdanés
escribió el libreto y realizó la escenografía
y el vestuario de "Gala", obra coreografiada por Maurice
Bejart y premiada en el Teatro Fenice de Venecia.
El sombrero de tres picos
El viejo corregidor intenta seducir a la joven y bella molinera,
creándose multitud de equívocos y enredos entre el
molinero, el mandatario real y la dama. Éste es un pequeño
esbozo de la trama de "El sombrero de tres picos", obra
homónima de Pedro Antonio de Alarcón escrita en 1874
y para la que Manuel de Falla compuso la música entre 1916
y 1919. Su consagración se produjo gracias a los Ballets
Russe, en una primera coreografía (1919) firmada por Leónide
Massine, en la que se aúnan la cultura española, la
música de Falla y originariamente el diseño de Picasso.
No será hasta 1949 cuando Salvador Dalí aporte su
granito de arena a la escenografía americana de la obra.
Con estos precedentes, José Antonio, autor de la coreografía
ofrecida por el Centro Andaluz de Danza, mantiene en esencia el
aire castizo y popular de la obra jota, farruca, fandango.
En conjunto, quizá por el peso del vestuario de reminiscencias
goyescas, da la sensación de obra vetusta con escaso hálito
de vida, a excepción de la soberbia, grotesca e histriónica
actuación del propio José Antonio en el rol de corregidor.
El café de Chinitas
Mucho más afinada, creativa, colorista y hasta daliniana
es la segunda obra de la velada "El café de Chinitas".
Ocho canciones populares recogidas por Federico García Lorca,
a modo de otros tantos cuadros flamencos, son el pretexto para crear
un universo onírico, imaginativo y sugerente que, en cierta
medida, pretende retratar la conflictiva relación entre Lorca
y Dalí. Esta pieza habla del derecho a la diferencia, de
la pasión, del compromiso social, de la opción sexual...
describe a un Dalí misógino precoz y lleno de miedos
a la hora de definir su identidad sexual, para quien el asesinato
del poeta granadino supone un gran varapalo moral y frustra una
anhelada reconciliación con su amigo Lorca.
Durante algo más de una hora, los integrantes del Centro
Andaluz de Danza, con Úrsula López como el destino
y Elena Algado junto a Miguel Ángel Corbacho como bailaores
principales, se emplearon a fondo en ocho piezas con músicas
populares como "Los cuatro muleros" o "Viva Sevilla".
Magnífica la composición escénica del catalán
Lluís Danés muy elaborada la simbología
daliniana y soberbia la adaptación musical de Chano
Domínguez, en el punto medio entre la tradición y
la transgresión.
Ya lo había advertido el propio José Antonio que
ésta era la obra más creativa del programa y, desde
luego, así fue. Imágenes surrealistas de hondo lirismo
y de gran belleza plástica para plasmar la controvertida
relación de dos genios universales: Federico García
Lorca y Salvador Dalí.
No obstante, quizás hubiera sido preferible la sola elección
de "El café de Chinitas", obra imbuida del espíritu
del pintor que satisfizo ampliamente al público, mientras
que "El sombrero de tres picos" dejó al público
dividido, aunque con una clara tendencia a la decepción.
En suma, los asistentes disfrutaron de la juventud de la nueva savia
del Centro Andaluz de Danza, de la música tanto de Falla
como las canciones populares adaptadas por Chano Domínguez,
y, sobre todo, de la imaginación de los telones del homenajeado
Salvador Dalí.
|