| Creada por el incuestionable Paul Taylor, este
año la compañía inicia la temporada en
Nueva York y continúa una gira por todo el país.
Entrevista con Paul Taylor y comentarios de Tom Evert, uno de
sus grandes bailarines.
Indiscutible, admirado y reconocido en todo el mundo, Paul
Taylor marcó un hito en la historia de la danza contemporánea
internacional. Su primer espectáculo lo presentó
en Manhattan, en el Henry Street Settlement el 20 de mayo
de 1954. Y allí comenzó la historia oficial
de la Paul Taylor Dance Company (PTDC). Cincuenta años
después, la compañía liderada por Taylor
inició un ciclo de dos años de celebraciones
que se realizarán en cincuenta estados del país.
En el City Center de Nueva York, la Paul Taylor Dance Company
lanzará su temporada "a puro Taylor" del
1° al 20 de marzo con el ciclo "Season of Solid Gold"
(Temporada de oro sólido), en la que subirán
a escena dos estrenos, "Dante Variations" y "Klezmerbluegrass"
y diecisiete obras maestras creadas desde 1956 hasta 2002.
En forma paralela, también se presentará un
libro sobre la compañía. Ochenta y cuatro páginas
que incluyen fotos históricas y críticas de
más de veinticuatro obras de Taylor escritas por los
más reconocidos críticos como Clive Barnes y
Terry Teachout, entre otros.
Paul Taylor nació en Wilkinsburg, Pensylvania, en
1930, y creció en Washington, DC. Niñez solitaria
y un atractivo mundo interior en el que solía jugar
con marionetas y títeres silenciosos. Nadador avezado,
cuando llegó el turno de la universidad, decidió
estudiar arte y natación en Syracuse University hasta
que descubrió la danza y fue a parar a Nueva York,
a una de las escuelas número uno: la Juilliard School.
Formó parte de aquella pléyade de jóvenes
ansiosos y creativos que fundaron una especie de movimiento
de danza independiente durante la década de los 50.
Mientras dirigía su propia compañía,
formó parte de la Martha Graham Dance Company y pasó
por la compañía de Merce Cunningham. En los
tiempos en los que la danza clásica y la moderna eran
enemigas a muerte, Paul Taylor terminó integrando,
por breve tiempo el New York City Ballet como bailarín
invitado de George Balanchine. Toda una hazaña.
Coreógrafo de singular musicalidad que se animó
a apostar a la diversidad. Desde el Ragtime, al reggae, al
tango y, sin duda, a los clásicos y barrocos, sus obras
fueron marcando hitos estéticos que aún hoy
prevalecen.
Brad Rosenstein: ¿Cómo
integra la música con la danza?
Paul Taylor:
Trato de relacionar la música con la danza, generalmente,
antes de comenzar a trabajar en la coreografía, la
música ya está elegida. No obstante, esto no
es algo rígido. Pero me gusta relacionar el sonido
y el movimiento como si fueran dos viejos amigos que tienen
el derecho de interrumpirse el uno al otro, que tienen la
posibilidad de no estar de acuerdo o de mantenerse en silencio
algunas veces. Y esa clase de interrelación entre el
sonido y el movimiento es algo musical para mí. No
sólo se trata de copiar las notas
BR: ¿Cómo
tuvo usted la revelación de la danza? ¿Alguna
vez pensó que iba a ser un gran bailarín?
PT: No tenía
razones para pensar eso, excepto que lo sentí en un
momento, y finalmente pasó. Tenía un trabajo
de medio tiempo en la biblioteca del colegio, y un día
fui a la sección donde aparecían las publicaciones
de danza, no sé por qué, pero fue interesante.
Encontré varios libros que tuvieron una gran influencia
en mí y que provocaron ese "flash" que dejó
salir todas las cosas que pensé que quería hacer
para tomar una nueva dirección. Uno de esos libros
hablaba de Martha Graham, y el otro libro fue la biografía
de Nijinsky. Y decidí dejar de estudiar.
BR:
Cuando recién empezaba y pasaba sus veranos en el American
Dance Club, tanto José Limón como Martha Graham,
pusieron los ojos en usted. ¿Quién fue el que
lo vio y dijo: "Yo quiero a ese"? ¿Qué
es lo que cree que vieron en usted?
PT: Bueno, era
muy alto y además no había muchos varones que
se dedicaran a la danza en aquellos tiempos. Había
poca competencia
A Martha (Graham) le gustaban los hombres
grades y desnudos, bueno, no completamente desnudos, pero
(sonríe
con picardía) bueno, de acuerdo con el vestuario que
ella usaba en sus espectáculos.
BR: ¿Cómo
fue bailar con ella?
PT: Hermoso y
horrible
aburrido y molesto
y muy inspirador
Fui muy afortunado por poder estar alrededor de ella en esos
momentos y por trabajar en su compañía. Y los
bailarines que ella tenía eran mayores que yo, o sea
que fue como un entrenamiento para mí. Y si bien no
me di cuenta en aquel momento, cuando miro hacia atrás
me siento muy afortunado por haber estado con esos grandes
corógrafos. No estoy seguro si ahora un joven bailarín
podría tener una experiencia similar.
BR: ¿Cómo
hacía para tener su propia compañía mientras
trabajaba con Graham o con Merce Cunnigham? ¿Era posible
esa diversificación?
PT: Todo empezó
al mismo tiempo. En aquella época, todos los bailarines
tenían la posibilidad de hacer una audición
para un musical o para otra cosa y prácticamente podías
vivir de eso, si tenías suerte, además de hacer
diferentes trabajos. Y cuando no tenía otra cosa que
hacer, hacía mis propias coreografías y las
bailábamos con amigos o compañeros de clase.
Por supuesto que nadie venía a vernos y no tenías
cobertura de prensa. Lo hacíamos por divertirnos y
todos estábamos en el mismo barco. Todos nos conocíamos,
era un pequeño mundo, y no sólo los bailarines
nos conocíamos entre nosotros sino que también
conocíamos pintores y compositores. Era una pequeña
aldea dentro de una gran aldea. Y todos queríamos ser
diferentes.
BR: ¿Qué
es lo que hizo que usted se distinguiera como bailarín
en el escenario?
PT: No tenía
idea de cómo me veía en el escenario. Ahora,
cuando veo fotos me cuesta creerlo
Posiblemente, parte
de ello haya sido mi manera de bailar. Siempre tuve el cuidado
de hacer las cosas lo mejor posible, pero realmente no sé
exactamente qué fue lo que me distinguió como
bailarín. Posiblemente porque era diferente de los
otros. Nunca pensé en la audiencia mientras bailaba,
en lo único que ponía atención y cuidado
era en lo que estaba haciendo. Nunca fui la clase de bailarines
que se alimentan con la reacción de la audiencia.
BR:
Mucha de la gente que escribió sobre usted en esa época
inicial se refirió a su pasado como nadador, la línea,
la clase de los movimientos
PT: El agua ha
sido de gran influencia para mí, la forma en que el
agua se mueve, las ondulaciones del agua en los lados de una
piscina.
BR: ¿Cuáles
son los antecedentes de su pasado que lo conectan con la danza?
PT: Trato de
recordar, y no sé exactamente. Pero recuerdo que cuando
era un niño, alguien me regaló un teatro de
marionetas y armaba historias con esos títeres y con
esas marionetas. Pero nunca las hice hablar, siempre las historias
eran a través de los gestos o los movimientos.
Un genio, una leyenda viva, un icono cultural, el mejor coreógrafo
del mundo, el maestro de la danza moderna. Infinitos calificativos
intentan describirlo. No obstante, Paul Taylor prefiere considerarse
un reportero cuyo trabajo es observar a la gente y registrar
esas impresiones.
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