Homenaje a Josefina Méndez
Una joya
Por Reny Martínez (Cuba)
 
 
Josefina Méndez como Doña Rosita la Soltera en la obra del coreógrafo Iván Tenorio subió a escena para festejar sus 50 años con la danza.
Fotos: Nancy Reyes
 
 
 

El jubileo por las bodas de oro de Josefina Méndez culminó con una gala en el Gran Teatro de La Habana. Exposiciones y documentales formaron parte de este homenaje a una de las "cuatro joyas" del ballet.

Ha transcurrido medio siglo desde aquel 27 de marzo de 1955 cuando una joven alumna de la Academia de Ballet Alicia Alonso –previamente discípula aventajada de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana– hacía su debut escénico profesional en un importante escenario capitalino. Según el historiador del Ballet Nacional Miguel Cabrera, el debut se produjo con la interpretación de los "napolitanos" en el Acto II de "El lago de los cisnes", en una producción del entonces Ballet de Cuba, con Alicia Alonso en el papel protagonista junto a su estelar partenaire ruso Igor Youskevitch.

Esa jovencita es Josefina Méndez, tal vez la más histriónica de las integrantes del afamado grupo generacional de bailarinas e iconos de la escuela cubana de ballet. Ya en la década del ’60, durante una de sus visitas a Cuba, el desaparecido crítico inglés Arnold Haskell calificó a Méndez como "las cuatro joyas del ballet cubano", cuarteto que incluye a Mirta Plá, Aurora Bosch y Loipa Araujo.

En sus años de gloria sobre las tablas, siempre se distinguió por su presencia escénica de refinada elegancia y la dramática expresividad de sus interpretaciones, con una reconocida musicalidad y depurada técnica, aunque sin los espectaculares virtuosismos de sus pares. Como pedagoga, se ha afirmado tanto en clases como en los ensayos y reposiciones, como una excelente "principal ballet mistress", formadora de nuevas generaciones de bailarines. En ambas facetas de su carrera, después de cosechar lauros en casi un centenar de países de América, Europa y Asia, ora como prima "ballerina" del Ballet Nacional de Cuba (BNC) ora como artista o maestra invitada de prestigiosas instituciones foráneas, como el Ballet de La Opera de París y el de la Opera de Viena, entre otras.

La función homenaje que le dedicó el BNC a esta preciosa perla de su corona, pretendía ser una "gala", sin embargo los elementos artísticos que posibilitan esa calificación, esta vez, no concurrieron en la medida necesaria. Los organizadores no quisieron posponer la fecha del 27 de marzo, y esperar al posterior retorno a la isla de Alicia Alonso y su compañía, el 2 de abril, tras una exitosa y larga gira por Holanda y España.

Sin embargo, el espectáculo producido bajo la dirección artística de Iván Tenorio, que no pudo verse realzado por las estrellas del BNC y la presencia de su eximia directora, tuvo entregas de altos quilates por parte de los más jóvenes del cuerpo de baile de la compañía mayor de ballet de Cuba. A ello se sumó una exhibición de buen arte a cargo de la primera bailarina Bárbara García, en particular, y por la solista Linet González. El maestro Tenorio concibió un atractivo programa, con la intención de reflejar su especial afecto por la "joya" festejada, pues la Méndez inspiró, en no pocas ocasiones, algunas de sus coreografías para el BNC.

Hubo repeticiones de obras, como "Tablada", del español Juan Carlos Santamaría, de "Un concierto en blanco y negro", el ejercicio académico del desaparecido coreógrafo puertorriqueño José Parés sobre música de Haydn, así como las reposiciones del "Grand Pas Classique", de Víctor Gsovski en versión de Alicia Alonso con música del francés Daniel Auber. También de Tenorio, "Estudios para Cuatro", donde la danza clásica libera su expresividad corporal en relación con la atrevida agresividad erótica de los tangos compuestos por el argentino Astor Piazzolla.

En este programa se incluyó en forma algo impostada una escena sacada del ballet "Viva Lorca", de Tenorio, sobre un collage de músicas de compositores españoles. En esta obra, como Doña Rosita la Soltera, Josefina Méndez se reafirmó como la bailarina trágica que algunos críticos vieron y merecidamente apuntaron. Con su gestualidad y proyección facial, quedaba suficientemente clara la interacción del triángulo fatal formado por los personajes de El Poeta y La Muerte.

Josefina Méndez recibió otros homenajes oficiales entre los cuales figura una exhibición antológica biográfica con fotos, vestuario de los papeles creados por la artista, trofeos, medallas y otros lauros conseguidos en sus cinco décadas de vida artística, que incluyen la formación de nuevas generaciones entre las cuales se encuentra a su descendiente más directo, su hijo Víctor Gilí, primer bailarín del Ballet Nacional.

 
 
Función homenaje dedicada por el BNC a una de sus más preciadas "ballet mistress", representante indiscutible del ballet cubano.
 
 
 
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