|
"La Bella Durmiente" condensada en cuatro
escenas: el bautizo, el hechizo, el beso y la boda. El Castillo
de Chapultepec fue el escenario ideal para la puesta de Dariusz
Blazer. La compañía fue la estrella.
Dariusz Blajer, director de la Compañía Nacional
de Danza se apuntó un gran acierto al haber hecho realidad
un sueño esperado por muchos años "La Bella Durmiente"
en el Castillo de Chapultepec.
Con ello prueba que cuando hay voluntad, decidida dirección
y se sabe cómo involucrar a todo su equipo de trabajo en
un proyecto, que es de por sí un gran reto, se puede lograr
un formidable éxito artístico y de taquilla, sorprendente
en tiempos de crisis financieras que agobian al ámbito cultural.
Originario de Polonia y mexicano por naturalización, Dariusz
Blajer, demostró un gran conocimiento de su oficio al haber
ideado un ameno y claro guión coreográfico en el que
en hora y quince minutos extracta los números cumbres de
un gran clásico del repertorio del ballet internacional.
El pretexto fue que este año después de haberse presentado
por 28 años "Lago de los Cisnes" en la Isleta del
Lago de Chapultepec tuvo que posponerse hasta octubre de 2005, debido
a la restauración que se está realizando en el Bosque
del popular centro de esparcimiento que es Chapultepec. Fue así
como se establecieron acuerdos entre el Instituto Nacional de Bellas
Artes (INBA) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia
(INAH) para que el Castillo de Chapultepec fuese el escenario ideal
de la puesta en escena del renombrado cuento de hadas, enriquecido
por la sugerente arquitectura del Museo Nacional de Historia.
Desde una hora y media antes, el público inició el
ascenso hacia el Castillo, facilitada por una eficaz logística,
hasta ocupar totalmente las 800 sillas y tribunas instaladas en
la Explanada Principal del Museo.
Una noche más bien fría, con un cielo despejado y
luna llena, acompañó a los curiosos espectadores que
se aprestaron a presenciar el espectáculo inspirado en el
cuento de Charles Perrault, con música de Piotr I. Tchaikovsky,
coreografía de Rosemary Valaire, según la original
de Marius Petipa. Esta versión, con idea y adaptación
coreográfica de Dariusz Blajer, diseño de vestuario
de Eugenio Servín, y producción, diseño de
elementos escenográficos e iluminación de Víctor
Flores.
"La Bella Durmiente" creada en el Teatro Maryinsky de
San Petersburgo en 1890, fue estrenada la Compañía
Nacional de Danza en 1978 en el Teatro Juárez de Guanajuato
y el Palacio de Bellas Artes. La obra no se representaba en el medio
desde 1992. Y si bien la duración del ballet en su versión
anterior era de dos horas con diez minutos, Blajer la condensó
en cuatro escenas: el bautizo, el hechizo, el beso de amor y la
boda. En este nuevo montaje participó toda la compañía
y alumnos de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea.
Una de las virtudes de la actual puesta en escena, es que la historia
se relata a través del lenguaje de la danza.
El bautizo
Cuatro enormes estandartes enmarcan al reloj y la formidable araña
de cristal que, desde el centro, dominan el lujoso ambiente de la
época. Desde la primera terraza el rey Florestán XXIV
(Carlos Olivares), la reina (Slauka Ladewig) y princesa Aurora en
brazos de su nana, custodiados por soldados, esperan a sus invitados.
Bajan presurosos por las magnificas escaleras hacia un bien iluminado
salón, escenario de grandes proporciones, al cual van llegando
sus escogidos convidados, entre ellos, las madrinas del bautizo
las Hadas de las Lilas (María del Mar Mazzaferro), de la
Belleza (Miriam Aranda) y de la Virtud (Jacqueline López).
Por desgracia se olvidaron de invitar a la malvada Hada Carabosse
(José Luis González), quién insultada por esta
ofensa, irrumpe maltratando al pobre Catalabutte, maestro de ceremonias
(Raúl Salazar) en el momento en que el cortejo del Hada de
las Lilas, las otras hadas y sus caballeros brindan sus mágicos
regalos a la princesita. Y la maldición no se deja esperar,
la furiosa Carabosse amenaza que su obsequio, un huso de hilar de
oro, algún día pinchará un dedo de Aurora provocándole
la muerte. Afortunadamente el Hada de las Lilas, que aún
no había ofrecido su regalo impidió que se cumplieran
los malos deseos de Carabosse, bajo la promesa de que Aurora sólo
dormirá profundamente acompañada de toda su corte
por cien años y despertará al recibir un sentido beso
de amor. Sin embargo, los reyes, previniendo los malos augurios
de Carabosse, decretan la prohibición de husos en todos los
confines de su reino.
El hechizo
Para celebrar los 16 años de Aurora (Sandra Bárcenas),
sus reales padres ofrecen una fastuosa fiesta. La bella princesa
acompañada de cuatro príncipes que la cortejan da
inicio al festejo con el Adagio de la Rosa. Son momentos de júbilo,
sus amigos interpretan el Vals de las guirnaldas. Todo es algarabía
hasta que una misteriosa anciana encapotada, busca a la princesa
Aurora y le regala una rosa roja. La joven entusiasmada baila con
ella y se pincha un dedo. Ante el inesperado accidente, sus padres
tratan de auxiliarla mientras la princesa pierde el sentido. La
enigmática vieja levanta la rosa y saca de su tallo un huso
de oro que entierra en el piso, levantándose la capa y mostrando
que es la maldita Carabosse. El Hada de las Lilas cumple su promesa
y hechiza a toda la concurrencia que sucumbe en un sueño
centenario.
El beso de amor
Han transcurrido cien años, el príncipe Désiré
(Raúl Fernández), anhelando enamorarse de alguien
especial, cabalga en un caballo blanco por el bosque acompañado
por uno de sus amigos.
El hada de las Lilas se presenta ante el príncipe y le comenta
que en el Castillo duerme una hermosísima princesa. Désiré
le ruega al hada que le enseñe dónde duerme la princesa
llega al real aposento y encuentra a Aurora, se enamora instantáneamente
de ella y le da un beso de amor. El hechizo desaparece, la princesa
despierta. ¡Carabosse ha fracasado!
La boda
Para celebrar este gran acontecimiento, la boda del príncipe
Désiré y Aurora, que sella el triunfo del amor, conocidos
personajes de los cuentos llegan a dar sus parabienes a los novios:
Florestán y sus hermanas (Gerardo Gil, Alma Rosa Cota y Carmen
Correa), El gato con botas ( Alessandra Morales y Francisco Rojas),
Caperucita y el lobo (Iratxe Beorlegui y Ares Perezmurphy) y El
pájaro azul (Blanca Ríos y Ryoichi Iketani). Aurora
y Désiré formulan votos de amor eterno en el Gran
pas de deux y todos los participantes ejecutan alborozados una alegre
Mazurca.
Finalmente El Hada de las Lilas despide a los consortes que se
internan románticamente en el bosque montados en el caballo
blanco.
El conjunto
Como es característico, la estrella del espectáculo
fue la compañía, desempeñándose con
propiedad, a pesar a la cercanía de los espectadores.
Los primeros bailarines Sandra Bárcenas y Raúl Fernández
interpretaron impecablemente sus roles, con gran dominio técnico-artístico.
Los secundaron brillantemente el expresivo José Luis González,
así como las talentosas y precisas Blanca Ríos, Jacqueline
López, María del Mar y Mazzaferro. También
las experimentadas Carmen Correa y Alma Rosa Cota. Bien caracterizados
en sus personajes Iratxe Beorlegui y Ares Perezmurphy, Alessandra
Morales y Francisco Rojas.
Menciones especiales merecen el "regisseur" Carlos López
en la coordinación artística y Víctor Flores
con sus aportes para resaltar la época y el estilo de esta
espectacular puesta en escena. ¡Bravo!, también a los
encargados del vestuario por la imaginativa tarea de remozar los
trajes de la producción de estreno.
En las trece funciones programadas, alternaron en los papeles principales
los primeros bailarines Irma Morales y el cubano Jorge Vega, Slauka
Ladewig, las argentinas Agustina Galizzi y María del Mar
Mazzaferro, la española Iratxe Beorlegui, la peruana Alessandra
Morales, el japonés Ryoichi Iketani, Héctor Jiménez,
el peruano José Urrutia y cubano Jiandy Martínez.
Falta solucionar, para próximas temporadas, una más
expedita salida de los asistentes.
¡No se puede hacer más con menos!
|