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La nueva temporada de primavera-verano de la compañía
dirigida por Peter Martins anunció varios estrenos. A ello se sumó
la reposición de la obra creada en 1958 por Jerome Robbins, "New
York Expo: Opus Jazz".
La nueva temporada de primavera-verano del New York City Ballet (NYCB)
que acaba de dar comienzo en el State Theatre del Lincoln Center de Nueva
York, anuncia varios estrenos, además de revivir para su repertorio
una obra creada en 1958 por Jerome Robbins para Ballets: U.S.A., grupo
que el genial coreógrafo dirigía. Esta pieza, titulada "New
York Expo: Opus Jazz", totalmente estadounidense en música
(Robert Price), individualidad (decorados de Ben Shahn, y vestuario de
Florence Klotz), y el inimitable estilo bailable de Robbins, causó
sensación en el año de su estreno.
Mucho ha cambiado el mundo desde entonces, y hoy se baila de diferente
manera. Los bailes populares contienen otros movimientos, y las rutinas
clásicas, aún manteniendo la tradición académica,
abordan el virtuosismo con más facilidad. Es por eso que había
gran interés de ver cómo este producto _tan típico
de la época, igual que del coreógrafo_, era interpretado
por bailarines clásicos del momento actual. El propio Robbins una
vez expresó tener dudas de que un trabajo tan idóneo de
la cultura popular de otrora, pudiera lograr una interpretación
correcta por parte del NYCB.
Para comenzar, las diferentes cortinas de fondo que cambian en cada cuadro,
recuerdan el Manhattan del famoso musical "West Side Story",
e igual sucede con las diferentes secuencias de la coreografía,
en esta oportunidad montada por Edward Verso. En la Entrada, ya se establece
como cabecilla el dúctil Seth Orza, quien se adapta al estilo con
gran soltura. Georgina Pazcoguin se le une en Statics, y ambos se entregan
a la danza con frenesí; sin embargo, Passage for Two, resulta un
Pas de Deux algo aburrido por parte de la pareja formada por Rachel Rutherford
y Craig Hall. Theme, Variations and Fugue, que sigue, trae de nuevo al
proscenio a todos los intérpretes (un total de 16), para terminar
tan alegremente como comenzaron. Aquí la orquesta sonó muy
"jazzy" y sincopada, bajo la batuta de Maurice Kaplow, y mereció
el aplauso de los intérpretes desde la escena.
El primer estreno de la serie, "Tala Gaisma", es original de
Peter Martins, director artístico de la compañía.
La música es del compositor Peteris Vasks, original de Letonia
(Distant Light: Concerto para violín y orquesta de cuerdas), tuvo
una feliz interpretación por parte del violinista Kurt Nikkanen.
La atmósfera de la coreografía es intrigante, según
sugiere la misteriosa partitura, y en el amplio escenario aparece un hombre
solitario, Jared Angle, al que rodean tres tentativas sirenas, la exquisita
Sophiane Sylve, Darci Kistler y Miranda Weese, luciendo vestuario de Catherine
Barinas. No se puede precisar una relación definitiva entre cada
una de ellas y el bailarín, pero todos los Pas de Deux indican
una situación diferente: Sylve es la seductora, Kistler la romántica,
y Weese, la rebelde. Angle queda solo en una oportunidad ejecutando movimientos
que reflejan introspección e inconformidad con las diferentes situaciones.
En fin de cuentas, el hombre queda en pie al final, con las tres damas
rendidas a sus pies. No es la mejor obra de Martins, aunque la eficiencia
de los bailarines le da realce. La orquesta esta vez estuvo dirigida por
Andrea Quinn.
Para cerrar la noche, subió a escena ese antiguo caballo de batalla
titulado "Stars and Stripes", que George Balanchine creara en
1958, con los arreglos musicales de Hershy Kay, sobre música de
Sousa. Una manera de Mr. B de mostrar agradecimiento al país que
lo colocaría en la cumbre de la fama. De las cinco campañas
(o secuencias de danza) que componen la obra, se gana el galardón
de oro de la noche, Daniel Ulbricht, no solo por sus vueltas múltiples
y perfección en sus cabriolas, sino por su simpático porte
y dinamismo. La pareja estelar compuesta por Ashley Bouder y Benjamín
Millepied, ejecutó sus rápidas variaciones apropiadamente,
aunque Millepied, al final, atropelló un poco los pasos debido
a la velocidad con que la orquesta fue llevada por Kaplow.
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