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"La bella durmiente" en la versión coreográfica
de Paul Chalmer, quien remoza y renueva el argumento del cuento original
de Charles Perrault. La magnífica Carla Fracci subió a escena
como el hada mala.
Vale la pena confesarlo: "La bella durmiente" es un ballet
que agrada. Sea por su positivismo, ligado al esperado e infaltable final
feliz, sea por su aura de fábula, con el bien que triunfa sobre
el mal, la historia de la pequeña Aurora, princesa desgraciada
por el simple olvido de un maestro de ceremonias, aun hoy atrapa y conmueve.
Más especialmente cuando quienes la interpretan son bailarines
de alto nivel.
Este ballet estilo Luis XIV de Marius Petipa (en su más puro estilo)
sobre la bellísima música de Piotr I. Tchaicovski y con
el argumento del cuento de Charles Perrault regresó, después
de dos años, al escenario de la Opera de Roma, en una versión,
ya convincente anteriormente. No resulta en absoluto desagradable el proceso
de amorosa renovación realizado por el coreógrafo Paul Chalmer,
quien se permite alguna pequeña libertad en la narración.
La princesa se hiere con el huso escondido en un ramo de rosas que le
da la bruja, los coloridos y exóticos cuatro príncipes que
aspiran a la mano de la joven, y diferentes contenidos desconocidos entonces.
Pero sobre todo, el anacronismo de una malvada Carabosse no sólo
femenina (allí donde el papel es tradicionalmente un travestido,
interpretado desde Cechetti a Ashton y sigue la lista...) sino directamente
perdonada y con tanto arrepentimiento final que es ella quien entrega
de propia mano el velo a la novia. Un pecado de lesa dramaturgia, debido
a la muy comprensible necesidad de conceder espacio escénico a
"Su Levedad, Carla Fracci", como siempre magnífica en
el papel.
La puesta tuvo dos artistas invitados: Lisa Cullum como Aurora en un
intenso primer acto, y Giuseppe Piccone, elegante príncipe Désiré.
Acompañados por el cuerpo de baile de la Opera di Roma, con la
actuación estelar de Fracci.
A pesar de los cambios del libreto, la escenografía y el vestuario
de Aldo Buti no desentonan en absoluto. Por el contrario, Buti le imprime
a la historia una especie de romántico "liberty" para
evitar cualquier atisbo de ambientación de tipo museo demasiado
rococó entre oros y esmaltes.
En los "divertissements" de las bodas, naturalmente hay merecidos
aplausos para todos en los pas-de-deux de carácter como el Pájaro
Azul de Emmanuel Thibault y Myriam Ould Braham, el Gato con Botas o Caperucita
Roja. Una mención también para la rubia Gaia Straccamore,
en ascenso, más cercana en su caracterización a la Trilly
de "Peter Pan" que al Hada de las Lilas. Un aplauso asimismo
para la orquesta, dirigida enérgicamente por el ruso Andriy Yurquevych.
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