Ballet de la Opera de Roma
Un cuento de hadas
Por Lorenzo Tozzi (Italia)*
Traducción: Mario E. Ceretti
 
 
Una renovada "Bella durmiente" realizada por el coreógrafo Paul Chalmer, quien se permite algunas libertades en la narración.
Fotos: Maria Falsini. Gentileza de Ballet de la Opera de Roma
 
 
 

"La bella durmiente" en la versión coreográfica de Paul Chalmer, quien remoza y renueva el argumento del cuento original de Charles Perrault. La magnífica Carla Fracci subió a escena como el hada mala.

Vale la pena confesarlo: "La bella durmiente" es un ballet que agrada. Sea por su positivismo, ligado al esperado e infaltable final feliz, sea por su aura de fábula, con el bien que triunfa sobre el mal, la historia de la pequeña Aurora, princesa desgraciada por el simple olvido de un maestro de ceremonias, aun hoy atrapa y conmueve. Más especialmente cuando quienes la interpretan son bailarines de alto nivel.

Este ballet estilo Luis XIV de Marius Petipa (en su más puro estilo) sobre la bellísima música de Piotr I. Tchaicovski y con el argumento del cuento de Charles Perrault regresó, después de dos años, al escenario de la Opera de Roma, en una versión, ya convincente anteriormente. No resulta en absoluto desagradable el proceso de amorosa renovación realizado por el coreógrafo Paul Chalmer, quien se permite alguna pequeña libertad en la narración. La princesa se hiere con el huso escondido en un ramo de rosas que le da la bruja, los coloridos y exóticos cuatro príncipes que aspiran a la mano de la joven, y diferentes contenidos desconocidos entonces. Pero sobre todo, el anacronismo de una malvada Carabosse no sólo femenina (allí donde el papel es tradicionalmente un travestido, interpretado desde Cechetti a Ashton y sigue la lista...) sino directamente perdonada y con tanto arrepentimiento final que es ella quien entrega de propia mano el velo a la novia. Un pecado de lesa dramaturgia, debido a la muy comprensible necesidad de conceder espacio escénico a "Su Levedad, Carla Fracci", como siempre magnífica en el papel.

La puesta tuvo dos artistas invitados: Lisa Cullum como Aurora en un intenso primer acto, y Giuseppe Piccone, elegante príncipe Désiré. Acompañados por el cuerpo de baile de la Opera di Roma, con la actuación estelar de Fracci.

A pesar de los cambios del libreto, la escenografía y el vestuario de Aldo Buti no desentonan en absoluto. Por el contrario, Buti le imprime a la historia una especie de romántico "liberty" para evitar cualquier atisbo de ambientación de tipo museo demasiado rococó entre oros y esmaltes.

En los "divertissements" de las bodas, naturalmente hay merecidos aplausos para todos en los pas-de-deux de carácter como el Pájaro Azul de Emmanuel Thibault y Myriam Ould Braham, el Gato con Botas o Caperucita Roja. Una mención también para la rubia Gaia Straccamore, en ascenso, más cercana en su caracterización a la Trilly de "Peter Pan" que al Hada de las Lilas. Un aplauso asimismo para la orquesta, dirigida enérgicamente por el ruso Andriy Yurquevych.

 
 
La inigualable "Prima ballerina absoluta" Carla Fracci como la malvada Hada Carabose que finalmente logra el arrepentimiento y se redime.
 
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