Nota exclusiva para lectores suscriptos. Usuario:  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Tamara Rojo en "Blancanieves"
Espejito, espejito
Por Iratxe de Arantzibia (España)
 
 
El decimonónico Teatro Arriaga de Bilbao se perfiló como el auténtico escenario para el estreno mundial de "Blancanieves", con Tamara Rojo en el protagónico.
Fotos: Pablo Almansa. Gentileza del Teatro Arriaga de Bilbao.
 
 
 

El estreno mundial de "Blancanieves", marcó un indiscutible triunfo de la danza en España. Ricardo Cué fue el creador de una coreografía de corte clásico, apoyada por la música original de Emilio Aragón.

Érase una vez una bella bailarina nacida para ser "Blancanieves", un príncipe con el lustro en horas bajas, un prometedor septeto de enanitos dentro del que brillaba uno especialmente, y, sobre todo, una envolvente música con claras reminiscencias a cuento. Un buen día, todos esos elementos se unieron, provocando casi una hecatombe dentro del mundo de la danza, al osar romper el maleficio y estrenar una "superproducción" de ballet clásico, muy, pero muy clásico, en el casi desierto ámbito del ballet en España. Para el estreno mundial de este tradicional cuento de hadas, el decimonónico Teatro Arriaga de Bilbao se perfiló como el auténtico escenario. La indiscutible, Tamara Rojo (Montreal, 1974), ‘Bailarina Principal’ del Royal Ballet de Londres, encarnó a la heroína del célebre cuento de los hermanos Grimm. Con un papel que se le ajustaba al milímetro, al explotar sus principales cualidades como bailarina, Rojo, pese a danzar con una lesión en el tobillo izquierdo, brilló poderosamente sobre el resto del elenco de la producción.

Frente a su derroche escénico, la actuación de su partenaire, el argentino de raíces vascas Iñaki Urlezaga, quien hasta mediados de este año también fue bailarín de la formación del Royal Ballet de Londres, resultó simplemente escasa. Más atinados, en general, estuvieron los intérpretes de los célebres siete enanitos, jóvenes bailarines, acaso estudiantes de danza, entre los que destacó sobremanera Federico Fressi, quien obtuvo más aplausos que el propio Urlezaga. Con una coreografía de cuño muy clásico, firmada por Ricardo Cué con la colaboración de Santiago de La Quintana, el ballet "Blancanieves" tuvo uno de sus grandes alicientes en la música original compuesta por Emilio Aragón, cuya batuta también dirigió a la Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Amén de la soberbia actuación de Tamara Rojo.

Y en cuanto a Blancanieves y al Príncipe, ‘fueron felices y comieron perdices’. El Teatro Arriaga de Bilbao, sin una sola localidad vacía, se puso en pie para ovacionar el espectáculo. Tanto gustó que obtuvieron más de cinco intensos minutos de aplausos.

El ballet "Blancanieves" está constituido por un solo acto, subdividido a su vez, en breves escenas que recuerdan al clásico de animación homónimo de Walt Disney (1935). Existe internamente una concepción muy cinematográfica, al seleccionar los fragmentos escénicos cumbre necesarios para comprender la narración, pero sin entrar en abundancia de detalles. El lenguaje coreográfico profundamente clásico pantomima, interpretaciones grupales, pas a deux –donde se destaca el pas de deux romántico entre Blancanieves (Tamara Rojo) y el Príncipe (Iñaki Urlezaga)– y solos en los que resplandece la bailarina española.

Desde sus orígenes, este proyecto fue pensado por y para Tamara Rojo y, ciertamente, la bailarina, Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2005, luce en todo su esplendor, ayudada por una coreografía que explota sus cualidades más sobresalientes como la potencia, la destreza y la maestría de sus piernas en una sucesión de "fouettes", "pirouettes" y "piqués". Rojo parece incluso una vertiginosa taladradora que horada el escenario vizcaíno, debido a la decisión con la que se arroja a ejecutar largas concatenaciones de giros. A esto se añade la técnica interpretativa en el rol cándido de Blancanieves, que la reafirma como la elección acertada para dicho papel. Por el contrario, el Príncipe que desvela los sueños de la mujer más bella del reino no estuvo afinado en el estreno. Hay técnica, experiencia e ilusión, pero falta brillo. Sin embargo, el peor escollo de la producción –la juventud e inexperiencia del cuerpo de baile– permitió atisbar algunas futuras promesas de la danza.

Emilio Aragón, alma máter de este proyecto, presentó una partitura muy adecuada para el cuento danzado. Y si a ello se le añaden una escenografía muy efectista y resplandeciente, y un vestuario muy cuidado, el resultado de esta producción no se puede contar más que con éxito. Ciertamente, en España, poder sacar adelante un espectáculo de danza ya es todo un éxito. Por eso, ni la escasez interpretativa de Urlezaga, ni los específicos fallos de sincronía del cuerpo de baile, ni la maldita manzana envenenada, ni la pérfida malvada, pudieron amargar la felicidad y las perdices –por aquello del cuento– de Tamara Rojo, Emilio Aragón y Ricardo Cué.

Tamara Rojo, aún lesionada, es mucha Tamara Rojo. Y a buen seguro, su espejito mágico particular siempre le recuerda sus buenas condiciones como bailarina. Quizá por eso, no hay más Blancanieves que Tamara Rojo. Y eso lo sabe el espejo.

 
 
Excelencia y perfección en el pas de deux romántico entre Blancanieves, Tamara Rojo, y el Príncipe, interpretado por Iñaki Urlezaga.
 
Volver al principio
 
   
 
 
 
Recomienda este artículo
Tu Nombre   Tu e-mail
 
Nombre de tu amigo   E-mail de tu amigo
 
 
 
    © 2004 - Todos los derechos reservados.