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Predominaron los pas de deux y la buena calidad de danza
en la gala inaugural de la temporada número 73 de la compañía
de San Francisco. Un anticipo a toda pompa de lo que serán los
próximos programas.
La gala del San Francisco Ballet (SFB) en el War Memorial Opera House
es la cita obligada anual que anuncia el lanzamiento de la temporada de
la compañía más antigua del país. Su director,
Helgi Tomasson, presentó un programa variado donde enfatizó
la presencia de los bailarines principales. No obstante hubo dos notorios
ausentes: Yuan Yuan Tan, que estaba bailando en China, y Yuri Possokhov
que viajó a Moscú para montar su versión de "La
cenicienta" para el Ballet Bolshoi.
"The vertiginous Thrill of Exactitude" de William Forsythe,
fue la primera obra que subió a escena luego de los discursos y
anuncios habituales en este tipo de gala. Sobre la base de la Sinfonía
en C Mayor de Franz Schubert, un quinteto de bailarines perfectamente
sincronizados y sin perder la velocidad requerida para la pieza, se lanzaron
a este desafío del ritmo y el estilo. Katita Waldo, con una línea
perfecta y una dinámica impecable; Vanessa Zahorian, fresca y ligera
y Kristin Long segura en su fraseo. Junto a ellas, Nicolas Blanc y Pierre-François
Vilanoba, un tanto irregulares en los unísonos y con cierta imprecisión
en algunos cierres. No obstante, el resultado fue una pieza compacta con
un equipo solvente.
Frances Chung, Jaime García Castilla y Rachel Viselli presentaron
un deslucido Pas de Trois de "Paquita" (Marius Petipa-Natalia
Makarova). A lo que siguió el pas de deux de "Chopiniana"
de Mikhail Fokine, estreno del SFB, con Claire Pascal y Rubén Martín.
Martín, sólido como partenaire. La pareja careció
de cierto romanticismo. Pascal, ligeramente desarticulada en el fraseo,
mantuvo cierto cuidado en los brazos pero olvidó por momentos las
posiciones de la cabeza.
Sin duda, uno de los grandes momentos de la noche fue la aparición
de Muriel Maffre, una de las favoritas del público de San Francisco,
con fama sobradamente ganada. Junto a Damian Smith interpretaron magníficamente
el pas de deux de "Reflections", una atractiva obra de Possokhov
que guarda un particular atractivo estético al incorporar espejos
en los cuales los bailarines se reflejan. Una ovación con el público
de pie marcó uno de los hitos de la noche.
Tras ellos, uno de los bocados más difíciles y más
atractivos para un bailarín, el pas de deux de "Cisne negro",
de "El lago de los cisnes" en versión de Tomasson. El
armenio (nueva adquisición del SFB) Davit Karapetyan, acompañó
a Lorena Feijóo en el papel de Odile, quien logró momentos
interesantes y atractivos tanto desde lo técnico como desde la
interpretación. Si bien Karapetyan tiene buenos saltos y una interesante
elevación, su Sigfrido solo sirvió como sustento para Odile.
Feijóo, cuya personalidad escénica se adecuó perfectamente
al personaje, deslumbró con sus treinta y dos fouettés dobles.
No obstante, no hubo química entre ambos bailarines.
Segunda parte
Hans van Manen, un coreógrafo que aparece de tanto en tanto en
la programación de la compañía, dio el presente con
"Solo". Una atractiva pieza basada en el trío para violín
de Johan Sebastian Bach, coreografiado para tres hombres. Los tres con
perfiles diferentes hicieron un magnífico trabajo, sólido,
y de alto nivel. Peter Brandenhoff, bailarín solista que debería
considerarse a la altura de principal por su ductilidad e inteligencia
al abordar los diferentes géneros, hizo una impecable actuación.
Deleitó con su fino toque de humor y su solvencia técnica.
Stephen Legate con su dinámica y Pascal Molat con su velocidad,
marcaron otro punto de distinción en esta gala.
A van Manen lo siguió un clásico, el Pas de Deux de "Harlequinade,
de George Balanchine. Tina LeBlanc y Joan Boada asumieron estos roles
que en su primer estreno de 1955 tuvo como protagonistas a dos de los
grandes nombres de la danza: Maria Tallchief y André Eglevsky.
Boada hizo un interesante despliegue de histrionismo medido de
acuerdo con el estilo con momentos de enorme sutileza técnica
en sus giros y terminaciones, hasta el punto de que en algunos pasajes
parecía estar hecho de elástico. Preciso, delicado y tierno,
Boada sacó provecho de este bello personaje. Le Blanc, como Colombina,
tuvo más aciertos técnicos que de interpretación.
Posee un fraseo exquisito y sus brazos tienen la particularidad de obedecerle
maravillosamente.
Otra nueva adquisición para la segunda parte de este programa:
el bailarín de Estonia, Tiit Helimets, bailarín principal
de la compañía. Junto a Nutnaree Pipit-Suksun interpretó
el pas de deux de "The Dance House" de David Bintley, inspirado
en una partitura de Dimitri Shostakovich. Esta obra que fue un encargo
del SFB se estrenó en 1994. Ambos bailarines lograron momentos
de gran emoción a través de una medida interpretación
de este pasaje en el que también está incluido un tercer
bailarín, Rory Hohenstein, que aparece como una contrafigura dentro
del discurso coreográfico.
Gonzalo García, vestido de rojo, hizo un solo de Lar Lubovitch
de la obra "Elemental Brubeck". Un fragmento breve, que García
supo explotar al máximo con su agilidad, buena técnica y
ese carisma particular que lo caracteriza. Breve y simpático.
El final estuvo reservado para el tercer movimiento de la conocida obra
de Tomasson, "Prism" que reúne al cuerpo de baile y solistas.
Hansuke Yamamoto, promovido a solista, tuvo la parte más atractiva
de la pieza y se lució con sus saltos y agilidad. Roy Bogas, en
el piano, ejecutó el tema de esta obra, el Primer Concierto para
Piano de Ludwig van Beethoven. Los otros solistas que fueron de la partida
en el final de esta gala (Moisés Martín, Elizabeth Miner,
Kirill Zaretsky, Sarah Van Patten y Sergio Torrado), mantuvieron solvencia
y precisión.
La temporada comenzó con "El lago de los cisnes", en
la versión de Tomasson y quedan aún siete programas más
que se extenderán hasta los primeros días de mayo.
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