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Los cereales
Los primeros de la mañana
Por Noemí Grau (USA)
La función de los cereales en la alimentación
diaria. Su contribución en el desarrollo muscular. Su contenido
de carbohidratos complejos aportan energía y tienen bajo
contenido en grasas y alto en fibra.
Su nombre proviene del latín y hace referencia a la diosa
de la agricultura llamada Ceres por los romanos. Los cereales son
un conjunto de plantas herbáceas cuyos granos o semillas
se utilizan en la alimentación. Su función es proporcionar
energía que es liberada cuando el cuerpo necesita realizar
un esfuerzo físico. Contribuyen a que el cuerpo desarrolle
una musculatura fuerte, y son bajos en grasa. Los cereales proveen
al cuerpo de carbohidratos complejos, también llamados féculas,
que son los que aportan energía. Tienen bajo contenido en
grasas y alto en fibra.
Su contenido en glúcidos y proteínas prácticamente
pueden satisfacer todas las necesidades alimentarias del hombre.
Sus lípidos poliinsaturados evitan el colesterol, y son ricos
en sales minerales, oligoelementos, y vitaminas.
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Las principales especies
- El arroz
- El maíz
- El trigo
- La avena
- El sorgo
- El sésamo
- El centeno
- La cebada
- El girasol
- El mijo
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De los cereales deriva una gran cantidad de productos, entre ellos
las harinas, las sémolas, los copos, el salvado y el germen,
que forman parte de los elementos de una alimentación adecuada.
Los granos de los cereales se componen de dos partes: la cáscara
(cobertura externa), y la semilla. La primera está formada
casi exclusivamente por celulosa, no digerible por el organismo,
pero que desempeña una función importante en el normal
funcionamiento del intestino. La semilla también se compone
de dos partes: el germen o embrión, muy rico en vitaminas
B, E y F, minerales, grasas y proteínas, y el endosperma,
integrado por una cubierta de aleurona, abundante en proteínas
y grasas, y por las celdillas de almidón o fécula,
que constituyen el 80% del grano. La lecina está en las partes
grasas, y su función consiste en mantener líquido
el colesterol.
Es conveniente consumir los cereales en el proceso previo al refinamiento
industrial, debido a que en este proceso se desechan los elementos
nutritivos más importantes y sólo quedan los almidones.
En cambio, las semillas no tratadas poseen grandes cantidades de
fósforo, manganeso, potasio, zinc, cobre, cobalto, sodio,
hierro, calcio y magnesio. Por otra parte, los cereales refinados
carecen de fibras, las cuales no sólo facilitan la absorción
lenta de los alimentos y evitan la fermentación digestiva,
sino que evitan el estreñimiento.
Cereales en la mañana
El descanso y ayuno nocturno permite desarrollar una situación
metabólica favorable desde el punto de vista fisiológico
para poder desempeñar actividades físicas e intelectuales
en mejores condiciones y con resultados más satisfactorios.
La actividad física y mental de una persona durante todo
el día está íntimamente relacionada con el
consumo de los nutrientes adecuados. Especialmente durante el desayuno,
que aporta entre el 10 y el 25% del consumo diario. Omitir el desayuno
o hacer un desayuno precario implica una ingestión menor
de los nutrientes críticos en la alimentación como
el hierro, el calcio, el magnesio, vitaminas A y B6, que no suelen
compensarse con el resto de las raciones del día.
Un desayuno ideal debería estar formado por alimentos ricos
en hidratos de carbono como pan, cereales, azúcar, miel o
mermelada. A ello se debe sumar las proteínas y grasas (jamón
york, serrano, fiambres, mantequilla o margarina), y una buena dosis
de alimentos ricos en calcio (productos lácteos), en fibra,
vitaminas y minerales (frutas o zumos).
El principal componente nutritivo de los cereales de desayuno (los
que se venden en los supermercados ya listos para comer), también
llamados cereales expandidos, son los glúcidos o hidratos
de carbono, que proceden de las harinas empleadas y de los azúcares
simples y otros productos dulces añadidos, como la miel,
el caramelo o el chocolate. La proteína que aportan, en general,
es de calidad biológica intermedia, que si se combina con
la de los productos lácteos, aumenta notablemente su valor
biológico. La mayoría de estos productos son poco
grasos, con excepción de los que llevan adicionados frutos
secos o desecados o chocolate. El contenido en fibra oscila entre
1 y 5 gramos cada 100 gramos del producto, y es más abundante
en aquellos que incluyen granos enteros, salvado o frutos secos
(entre 9 y 29 g/100 g).
Especialmente en estos cereales elaborados con nutrientes especiales
y empaquetados para la venta en los mercados, el contenido en glúcidos
y lípidos es lo que los hace calóricos, puesto que
aportan entre 350 y 480 kilocalorías por cada 100 g. En cambio,
el aporte de vitaminas y minerales es bastante modesto, si bien
en la actualidad vienen fortificados con una gran variedad de vitaminas
y minerales (vitaminas B1, B2, B3, B6, folatos, B12, vitamina D,
hierro y calcio). En este tipo de preparado de cereales para el
desayuno, una ración de 30 gramos cubre la cuarta parte de
la cantidad de vitaminas diaria recomendada. No obstante, el aspecto
negativo de estos productos comerciales es que para aumentar su
sabor y su textura suelen añadirles sodio y azúcares.
Los cereales como el pan, los cereales de desayuno, el arroz y
la pasta están en la base de la pirámide nutricional
y el organismo necesita más raciones de este grupo (entre
6 y 11 o más) que de ningún otro grupo alimentario.
Recientes investigaciones epidemiológicas a gran escala demuestran
que el consumo regular de cereales integrales puede reducir el riesgo
de sufrir trastornos cardiacos coronarios y algunos tipos de cáncer
hasta en un 30 por ciento. Entre la diversidad de estudios e investigaciones
relacionadas con la alimentación, la mayoría de los
científicos y nutricionistas coinciden en que el consumo
de alimentos integrales puede mejorar la salud.
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