Los vascos en la danza
Alicia en su país
Por
Iratxe de Arantzibia
(España)
La Asociación Bilbao Ballet Elkartea celebra la segunda edición de esta gala internacional con dirección artística del bailarín Igor Yebra. Esta vez, Alicia Amatriain fue la estrella vasca por excelencia.
Conseguir una temporada estable de ballet es uno de los objetivos fundacionales de la Asociación Bilbao Ballet Elkartea (ABBE). Para ello, desde hace un año, la entidad asociativa está apostando por diferentes líneas de trabajo. De esta manera, la celebración de la segunda edición de la Gala Internacional “Los vascos y la danza”, en doble función, viene a confirmar su vocación de apoyo hacia toda la diáspora de bailarines vascos de primer nivel en el extranjero. Nuevamente, el Presidente de Honor de la Asociación, Igor Yebra, asumió la dirección artística de tal evento, único en su especie, al ser una producción exclusiva de ABBE.
En esta ocasión, el artista bilbaíno, bailarín estrella de la Ópera de Burdeos, decidió quedarse al otro lado de las bambalinas, asumiendo todo el protagonismo el trío de bailarines vascos participantes: Alicia Amatriain, Iker Murillo e Itziar Mendizábal, junto a sus correspondientes partenaires –Jason Reilly, Galina Mihaylova y Jean Sebastien Colau. Además, de la casa, actuaron Teresa González Ardanaz, el grupo Beti Jai Alai y la jovencísima Sara Etxebarri, ganadora del 1er. Premio Bilbao para Jóvenes Intérpretes.
Y junto a ellos, Oksana Kucheruk y Roman Mikhalev, primer bailarín respectivamente del Ballet de la Ópera de Burdeos, pusieron su granito de arena en hacer de este espectáculo una gala con mayúsculas. Yebra, en calidad de director artístico, apostó por un montaje de corte clásico-neoclásico, salpimentado con algún aderezo de danza contemporánea, flamenco y euskal dantza. Con una duración de dos horas, la gala, dividida en dos actos, ofreció danza de primer nivel con bailarines de la tierra. Indiscutible dominio de la donostiarra Alicia Amatriain, quien demostró su versatilidad de registros en ambas piezas seleccionadas. El público rió y contuvo el aliento con la intérprete guipuzcoana. Aunque tampoco estuvieron a la zaga el bello salto del pasaitarra Iker Murillo y la elegancia de la hondarribitarra Itziar Mendizábal.
Como es de rigor, un aurresku, interpretado por Teresa González Ardanaz dio la bienvenida a los asistentes a la segunda edición de “Los vascos y la danza”. Posteriormente, el grupo Beti Jai Alai, con la propia González Ardanaz como solista, estrenó la pieza “Ama lurra”, con música original de Gontzal Mendibil. La obra es un canto a la Madre Tierra, representada por la bailarina bilbaína, que mimetiza la finura clásica de González Ardanaz con el sabor tradicional de los miembros del Beti Jai Alai.
Un pas de deux de Heinz Spoerli, “Engel”, llevó a escena al pasaitarra Iker Murillo, Bailarín Solista del Ballet de Zurich, junto a su partenaire Galina Mihaylova. Obra neoclásica, de líneas depuradas, rigor técnico y una angelical belleza muy centroeuropea, este fragmento de Spoerli tuvo en Murillo y Mihaylova a unos magníficos valedores. No siendo una pieza muy brillante en si, Oksana Kucheruk y Roman Mikhalev bordaron su pas de deux de “La Bella Durmiente”, del clásico de Marius Petipa. Con una gran elegancia, la hondarribitarra Itziar Mendizábal, bailarina solista del Ballet de Leipzig, acompañada del Jean Sebastien Colau, dibujó una fantástica obra neoclásica, surgida del genio creador de Uwe Scholtz.
Segunda jornada
La segunda gala “Los vascos y la danza” tenía un magnífico as escondido en la manga: Alicia Amatriain. La donostiarra eclipsó el fantástico nivel general, provocando la hilaridad máxima con la divertidísima pieza “Le grand pas de deux”, de Christian Spuck. La bailarina principal del Ballet de Stuttgart se transmuta en una especie de reencarnación del patito feo, cuyo contrapunto era el apuesto príncipe Jason Reilly. Si es difícil realizar un pas de deux con corrección técnica, más complicado aún es simular la torpeza elevada al infinito. Verdadero festín de risas en el patio de butacas y merecidos bravos para la donostiarra.
Cuando en noviembre del año pasado, Sara Etxebarri (13 años) se alzó con el 1er. Premio Villa de Bilbao para Jóvenes Bailarines, parte de su premio consistía en participar en la 2ª Gala “Los vascos y la danza”. Con el mismo desparpajo que cautivó al jurado, la joven bilbaína demostró su gracejo con una bulería, con ciertos toques de txalaparta. La pareja Kucheruk-Mikhalev puso su gota de delicada exquisitez en “Sonatina”, un clásico de Balanchine, sobre música del compositor vascofrancés Maurice Ravel. Pese a una nefasta grabación musical, el pasaitarra Iker Murillo estuvo brillante en su variación de “El Corsario”, en la que ejecutó unos bellísimos saltos, lo que ofreció mayor vistosidad al conjunto. Entre otras, Murillo posee dos interesantes cualidades: la belleza de su salto y el control de su giro al ralentí. Estuvo secundado por Galina Mihaylova en el papel de la esclava Medora. Pero, nuevamente, el terremoto donostiarra, Alicia Amatriain, marcó el corte, al ejecutar una complicadísima pieza contemporánea de Itzik Galili, junto a su compañero Jason Reilly. Basada en movimientos de capoeira, “Mono lisa” es una obra extrema en movimientos, en concentración, en energía. Además de sus bellas extensiones, la intérprete donostiarra hizo gala de su amplio dominio corporal, al contorsionarse sobre sí misma y estirarse hasta el infinito. Pieza muy dura de ejecutar que, en más de una ocasión, dejó boquiabierto al público, por las casi imposibles posturas mostradas en escena.
Y como broche de oro, la hondarribitarra Itziar Mendizábal, con Jean Sebastien Colau dándole la réplica, interpretó el pas de deux del “Cisne negro”, extraído de “El Lago de los Cisnes”, del que se conmemora su 130º aniversario este año. Magnética, sensual y enigmática, Mendizábal encarnó a una Odile convincente, especialmente, en la segunda actuación, en los que desgranó con más seguridad la retahíla de fouttés mitificados por los balletómanos de pro.
Al finalizar los ciento veinte minutos de danza de calidad, el patio de butacas aplaudió con entusiasmo a todos los intérpretes de la 2ª Gala “Los vascos y la danza”, teniendo una especial consideración por Alicia Amatriain, a la que premió con los bravos más cálidos. En el plazo de un mes, la intérprete donostiarra se llevó al bolsillo al público bilbaíno, bien en su doble rol Odette/Odile de “El Lago de los Cisnes” o en sus dos sorprendentes piezas de esta gala. Y eso sin desmerecer el fantástico trabajo de los otros vascos de la convocatoria, amén de sus partenaires y de las estrellas invitadas.
Lo mejor de este espectáculo es la oportunidad de reencontrarse y/o de conocer el trabajo de los bailarines vascos en el extranjero. Unos son una sorpresa, como el eclipse Amatriain, otros, un feliz reencuentro como la calidad de Murillo, y otros, un agradable encuentro como la elegancia de Mendizábal. De todos, el público vasco es el más agraciado por tener la oportunidad de disfrutar de estas joyas patrias, gracias a la constante, meritoria y silenciosa labor de ABBE. |
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La donostiarra Alicia Amatriain, primera bailarina del Ballet de Stuttgart, demostró su versatilidad de registros en “Los vascos en la danza”.
Foto: Vermerk. Gentileza de Sttutgart Ballet. |
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