Por primera vez el conjunto parisiense baila “La Fille mal gardée” en la versión coreográfica de Frederick Ashton. La compañía cuenta ya con otras dos versiones que no se reponen desde la década del ’80.
El Ballet de L’ Opéra de Paris ha bailado, al final de su intensa temporada 2006-2007, y por primera vez, “La Fille mal gardée” en la versión coreográfica del desaparecido maestro inglés Frederick Ashton, quien regala una adorable visión de los placeres bucólicos y la sensualidad atrevida de seres humanos enamorados, superando los temas manidos de dioses y semidioses mitológicos, y de príncipes.
Sin duda, la producción de este ballet del siglo XVIII realizada por Ashton (estrenada en Londres en 1960) –con una larga tradición en Francia–, podría ser calificada de obra maestra. Tanto debido a la contribución fundamental de las adaptaciones y ampliaciones de John Lanchberry, a la deliciosa música de Ferdinand Hérold (la versión cubana, basada en la original de Duberval, utiliza la música de Hertel), y a los exquisitos figurines para el vestuario y los decorados diseñados por Osbert Lancaster.
“La Fille…” es la última creación coreográfica –casi premonitoria de los acontecimientos por venir– en vísperas del estallido de la Revolución francesa en 1789. En ese mismo año, en Burdeos, el bailarín Jean Dauberval realizó la primera coreografía esta pieza y, luego, recibió varios montajes en Paris hasta la década del 1850, presumiblemente, el ultimo de ellos se debió a Jean-Pierre Aumer. El repertorio pasivo del Ballet de l’ Opéra de Paris cuenta ya con otras dos versiones, debidas a los coreógrafos Heinz Spoerli (suizo) y al francés Joseph Lazzini, las cuales no se reponen desde la década del 1980.
El argumento es simple en su desarrollo narrativo. Lise, la hermosa y vivaz hija de la viuda Mama Simone, y el joven campesino Colàs están enamorados. Simone, sin embargo, busca un mejor partido para su hija y pretende casarla con Alain, el hijo tonto de un rico vinatero de la región. Como es lógico, el amor verdadero prevalecerá, y durante las secuencias pantomímicas –de una claridad y sentido del humor extraordinarios, por los intérpretes–, aparecen en inteligentes inserciones las danzas folklóricas, la danza maypole, o del palo de mayo, las acciones propias a los cosecheros y cegadores, hasta la danza de los pollos. Todo lo cual está diseñado en una coreografía lírica, sólida y expresiva, tanto en sus movimientos para las partes superiores del cuerpo como en el brillante y preciso trabajo de los pies, sin apartarse de un estilo esencialmente inglés.
Este cronista se considera un afortunado, al ser testigo de la entrega artística de un cuarteto de protagonistas que, tal vez, fue la mejor distribución a elegir –una gran parte de la agrupación clásica parisiense estaba, entonces, de gira en Australia–, ya que Lise fue interpretada brillantemente por la joven première danseuse Dorothée Gilbert (conocida en su buena prestación relámpago durante el Festival de Ballet de La Habana en 2006, debido a un “accident de parcours”), consiguió una caracterización matizada de humor y picardía. Esa noche en el escenario del decimonónico Palais Garnier, Nicolas Le Riche, una de las estrellas consagradas del conjunto parisiense, hizo una radiante interpretación de Colàs. Sin embargo su robustez actual no le facilitaba la ejecución sin vacilaciones de algunas de las difíciles variaciones de Ashton, en particular los giros con “bravura” de sus solos.
El papel de Alain, el tonto adinerado pretendiente de la mano de Lise, fue interpretado por el solista Simon Valastro, realmente una revelación, al ejecutar con precisión los no menos difíciles encadenamientos, cargados de pequeños saltos, conocidos como “batterie”, y con aterrizajes que cierran con raras y ridículas posturas. El joven Valastro, quien logra el equilibrio entre lo cómico y lo conmovedor, consiguió merecidas ovaciones en sus saludos fuera de cortina.
Es necesario destacar el desempeño sensacional de la ex-étoile Michaël Denard en el papel de Mamà Simone, con el cual se rinde tributo –aunque a veces con excesiva gestualidad– a la comedia musical inglesa, especialmente en la clog dance (baile con zapatos de madera). También lo merece bien el cuerpo de baile, por su demostración evidente de cohesión dramática y la impecable sincronización en los grupos –junto a su reconocida buena formación académica–, al otorgar al ballet (montado por el ballet master inglés Alexander Grant, quien fuera el original Alain) una distintiva cualidad de placentera comunidad campestre. |
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| Lise, interpretada brillantemente por Dorothée Gilbert junto a Nicolas Le Riche, estrella consagrada de la compañía. |
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