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Herencia hispana

La unión hace la fuerza

Danzahoy redacción

El Tunanate, grupo de danzas tradicionales peruanas radicado en la costa este de Estados Unidos.
Foto: Marty Sohl. Gentileza de WAW. Archivo.
 
 

Desde el 15 de septiembre hasta el 15 de octubre se celebra en Estados Unidos el mes dedicado a los inmigrantes latinos. Los bailarines clásicos más destacados y el primer musical de Broadway donde se habló español.

El mes de la Herencia Hispana celebra y reconoce la rica influencia política, económica, social y cultural de los hispanos en todo el territorio de los Estados Unidos. El festejo de la Herencia Hispana fue primeramente aprobado como una celebración de una semana por una resolución conjunta del Congreso de los Estados Unidos el 17 de septiembre de 1968 si bien comenzó históricamente en 1974, bajo la presidencia de Gerald R. Ford. Catorce años más tarde, inspirado por este evento, el diputado Esteban Torres (California) presentó un proyecto de ley ante el Congreso para extender esta celebración a un mes. Oficialmente, en 1988, el presidente Ronald Reagan proclamó el mes de la Herencia Hispana del 15 de septiembre al 15 de octubre. Estos meses se seleccionaron con la intención de hacerlos coincidir con celebraciones de México, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Durante estas fechas se conmemora la diversidad cultural, lingüística y racial de la comunidad hispana en los Estados Unidos. Los festejos incluyen; desfiles, eventos musicales, festivales gastronómicos, torneos deportivos, conferencias de negocios y actividades tanto políticas como literarias.

En la danza, las corrientes se diversifican aún más y transitan desde lo popular hasta lo clásico. Y de la misma manera que en 1957, el músico Leonard Verstein y el coreógrafo Jerome Robbins se unieron para hacer el primer musical de la historia de Broadway donde no sólo se hablaba algo de español, sino que los personajes eran puertorriqueños inmigrantes y anticipaban en cierta forma un fenómeno que hoy es determinante de la sociedad estadounidense.

José Limón fue uno de aquellos pioneros hispanos que determinó el curso de la danza moderna en Estados Unidos, y justamente en este mes de celebración, su compañía repondrá “The Traitor”,uno de sus trabajos más significativos creados en 1950 para nueve hombres. El 7 de septiembre integrará el programa Evening Stars en Battery Park.

Por otra parte, el 12 de septiembre en un evento privado de KQED televisión, que forma parte de las celebraciones por la herencia hispana, se presentará por primera vez una compañía que recién acaba de fundarse, el Ballet Folklórico Argentino dirigido por Gigi Jensen. Allí presentará una chacarera con los bailarines Zenon Barron, Gigi Jensen, Juan Orosco, y Gilma Pereda.

Los hispanos representan una variada mezcla de razas y etnias que incluyen, entre otros: los mayas, taínos, mapuches, aztecas, amerindios, españoles, africanos, portugueses y europeos. De hecho, los hispanos en Estados Unidos se pueden subdividir en más de 70 categorías.

Desde Nueva York hasta San Francisco, este mes se ha convertido en la celebración más popular del país. Los salones, teatros y parques se decoran con brillantes colores para compartir la música y la alegría.

 

Los 11 clásicos

Selección y recopilación Célida P. Villalón (USA)

El argentino Herman Cornejo, en 1999 ingresó a las filas del ABT y lo promovieron a bailarín principal en 2004
 

JOAN BOADA – La historia de este bailarín cubano, ex miembro del Ballet Nacional de Cuba, y actualmente figura principal del Ballet de San Francisco, es más dramática que la de otros compatriotas. Boada es un prodigio del “ballon” a la par de poseer un carisma muy especial y una personalidad muy varonil y atractiva en la escena. Según reportajes periodísticos (El Nuevo Herald, junio 26, 1998), el bailarín fue invitado en dos ocasiones a unirse al Joven Ballet de Francia (Jeune Ballet de France) por el director Robert Berthier, en 1992 y 1994, e igualmente dos veces Alicia Alonso, directora de la compañía nacional, le negó el derecho a escoger su propio destino. En un viaje que hizo con el BNC a México, Boada recibió un boleto de avión de ida a París enviado por Berthier, y de esa manera escapó. Entre sus galardones: aparecen la Medalla de Bronce de la Competencia de Varna, el segundo lugar en la de París, y la Medalla de Oro en la Competencia Internacional de Osaka, todos obtenidos en el exilio.

KATIA CARRANZA – Nació en Monterrey, México, y allí comenzó sus estudios en la Escuela Superior de Música y Danza. Bailó como solista del Ballet de Monterrey y como artista invitada de la Compañía Nacional. Ganó la Medalla de Plata en la Competencia Internacional de Jackson, Misisipí, en 1998. Anteriormente había obtenido la Medalla de Plata en la Competencia Nacional de Guadalajara (1994) y en la de La Habana (1995). Desde 1998 forma parte del Miami City Ballet (MCB), del cual es actualmente figura principal.

JOSÉ MANUEL CARREÑO – Es producto de la escuela cubana, y parte de la dinastía de una familia identificada con la danza. Entre sus premios cuenta con un Diploma de Honor obtenido en la Competencia de Danza Internacional de Varna, en 1986; Medalla de Oro en la de Nueva York, en 1987, y el Grand Prix de la Competencia de Jackson, en 1990. Fue figura principal del English National Ballet por dos años, y actualmente, es estrella indiscutible del ABT. Siempre el elegante príncipe de la escena, Carreño es el estilista por excelencia y un superior partenaire. Es frecuente estrella invitada en los festivales bienales de danza que el Ballet Nacional de Cuba ofrece en La Habana, además de presentarse en galas a través del mundo.

ÁNGEL CORELLA - Madrileño de nacimiento, dio sus primeros pasos de ballet en la escuela de Víctor Ullate y perteneció por corto tiempo al Ballet de la Comunidad de Madrid que dirige el propio Ullate, y en la que Corella afirma no haber encontrado oportunidad de lucimiento. Artista principal del ABT en el presente, y bailarín invitado del Real Ballet de Londres hace algún tiempo, Corella llegó a América en 1995, después de haber ganado a los 18 años la Medalla de Oro en la categoría “junior” de la Competencia Internacional de Danza de París, y desde que irrumpió en los escenarios neoyorquinos, su natural virtuosismo y luminosa sonrisa lo convirtieron en favorito del público. Actualmente, dividido entre Estados Unidos y su país, gesta en España una fundación que lleva su nombre, y se propone crear una escuela y una compañía de ballet.

HERMAN CORNEJO – Argentino que recibió entrenamiento en el Instituto del Colón. Ganador de premios locales y regionales, y de la codiciada Medalla de Oro en la Competencia de Danza de Moscú en 1997 –primer adolescente de 16 años en obtenerla en la categoría “señor”–, en 1997 formaba parte del Ballet Argentino de Julio Bocca, donde después de su triunfo en Rusia fue elevado a solista. Estudió por algunos meses en Nueva York en la SAB, cuando en 1999 fue admitido en el ABT, y promovido a bailarín principal en 2004. Sus extraordinarias condiciones y su magnífica elevación le permitieron, en 2003, convertirse en bailarín principal. Su interpretación en “El Espectro de la Rosa” de Fokine, ha alcanzado comentarios elevadísimos de los más respetados críticos del patio estadounidense.

JOAQUIN DE LUZ – Natural de España, Madrid para más señas, comenzó su entrenamiento con Víctor Ullate y perteneció de 1992 a 1995 al Ballet de la Comunidad de Madrid. En 1996 ganó la Medalla de Oro en la Segunda Competencia de Danza Nureyev de Budapest. Ese mismo año se trasladó a Estados Unidos, e ingresó en las filas del Ballet de Pensilvania, además de haber aparecido como invitado del Ballet del Mediterráneo de Fernando Bujones. En 1997 realizó por China una gira artística llamada “Estrellas del Ballet Americano”; también ese año recibió el más alto premio otorgado por la revista “Seven Arts” de Filadelfia, y finalmente lo contrató por el ABT, donde alcanzó el rango de solista en 1998. En el otoño del año 2003, se integró a las filas del NYCB, donde ocupa la posición de bailarín principal. Su potencial se hace más evidente en escena cuando interpreta roles que demandan velocidad y fortaleza.

LORENA Y LORNA FEIJÓO – Ambas oriundas de Cuba. Lorena se estableció fuera de su patria desde hace algún tiempo, trabajó dos años con el Real Ballet de Flandes, en Bélgica, y fue por cuatro años solista del Ballet Joffrey de Chicago. Desde 1999 es figura principal del Ballet de San Francisco. Es una de las bailarinas preferidas del público de San Francisco y una de sus principales características, además de una buena técnica, es su gracia y presencia artística en escena. Lorna fue figura principal del Ballet Nacional de Cuba. En el año 2002, emigró, y comenzó a actuar con el Ballet de Cincinnati, mientras participaba en galas por el mundo entero. En 2003 se unió al Ballet de Boston como figura principal.

PALOMA HERRERA - Comenzó sus clases de baile con la profesora Olga Ferri, en la Argentina. Pronto su talento la llevó a participar en varias competencias de ballet en América del Sur. En 1990 fue una de las finalistas de la Competencia Internacional de Danza de Varna, cuando fue invitada por Natalia Makarova, que era miembro del panel de jueces, a unirse al English Nacional Ballet en Londres, pero a sugerencia del maestro argentino Héctor Zaraspe, continuó sus estudios en la SAB. En 1991 ingresó en las filas del ABT, y a los 19 años fue nombrada bailarina principal de la compañía.

SUZANNE LOPEZ – Original de Nueva Jersey, de padres cubanos, desde 1991 forma parte del Ballet Joffrey de Chicago, donde, además de ser bailarina principal, ocupa el cargo de profesora asistente desde 1995. Entre los roles más importantes de su repertorio se encuentran “La Pavana del Moro”, del mexicano José Limón, y “Nuestros Valses”, del venezolano Vicente Nebrada, además de bailar con gran éxito el codiciado role del Hada Garapiñada en el sempiterno “Cascanueces”.

CARLOS MOLINA – Nativo de Colombia, donde comenzó sus estudios de danza a la edad de 10 años, vino luego a Estados Unidos y por un tiempo perteneció al Ballet de Hartford. En 1996 ganó el premio Igor Youskevitch en la Competencia Internacional de Danza de Nueva York, y en 1998 ingresó en el ABT, donde llegó a ocupar el rango de solista. En el otoño de 2004 se unió al Ballet de Boston en categoría de bailarín principal.

XIOMARA REYES - Cubana de nacimiento, perteneció al Ballet Nacional de Cuba y ha sido figura principal del Ballet Real de Flandes durante varios años. En el invierno del año 2000, fue contratada por el ABT como solista, equivalente a haber entrado en la compañía “por la puerta grande”, y un año después fue ascendida a principal. En su haber aparecen los más codiciados roles de la escena como Lise en “La Fille Mal Gardée”, Julieta en “Romeo y Julieta”, Kitri en “Don Quijote”, y Olga en “Onegin”.

 

50 años de “West Side Story”

Por Célida P. Villalón (USA)

¿Medio siglo? Ese es el tiempo transcurrido entre mi primer viaje a la Babel de Hierro, y el presente. Nótese que en 1957, esta magnífica ciudad no había aún adoptado su actual apodo: Capital del mundo de la danza.

Wolf Trap Foundation conmemoró el 50 aniversario de “West Side Story”, primer musical con toque hispano rubricado por la coreografía de Jerome Robbins.
Foto gentileza de Wolf Trap Foundation.
 
 

La razón principal de esa visita a Nueva York, en los comienzos de ese otoño, era asistir a funciones del Royal Ballet de Londres, que ofrecía temporada en el antiguo Metropolitan, situado en esa época en el Oeste de la calle 30 y Broadway. El elenco llevaba a la cabeza a la radiante Margot Fonteyn, quien se presentaba en el Acto II de “El Lago de los Cisnes”, con su partenaire de esa época, Michael Somes.

Algo muy importante acontecía también en Nueva York a la misma vez que los periódicos anunciaban profusamente, y los críticos, y el público en general, comentaban de muchas maneras diferentes: el estreno de “West Side Story”, la obra musical que revolucionó la Gran Vía Blanca (léase Broadway), y crearía un estilo nuevo de danza, rubricada por la coreografía de Jerome Robbins. La música era original de Leonard Bernstein; Stephen Sondheim era el responsable por la letra de las canciones, y algunas de sus melodías, y Arthur Laurents, había escrito la historia, habiéndose basado libremente en “Romeo y Julieta” de Shakespeare.

Las carteleras indicaban que la matinée de aquel preciso miércoles de principios del otoño estaba totalmente vendida. No obstante, fui al teatro y sin asustarme por la espera (juventud, divino tesoro) que significaría aguardar por largo tiempo que un milagro sucediera, esperé pacientemente para conseguir el ansiado boleto.

¿Cómo describir lo que comenzó a desarrollarse allí, ante los ojos de todos? Las expectativas llegaron al máximo cuando apareció un salón de baile de gran color y movimiento, y los Jets y los Sharks, con sus respectivas parejas, atacaron ferozmente un rápido Mambo. ¿Mambo, en Broadway? ¿Acaso estaba soñando? Pues no, allí estaba Chita Rivera, como la insuperable Anita, moviendo sus caderas al tiempo que agitaba la saya del vestido, junto a Bernardo, Ken Le Roy, al que Riff, Mickey Colin, seguía en tono belicoso, mientras ejecutaba con su pareja un baile de otro estilo.

El público no paraba de aplaudir, pero a poco cambió la escena, y pronto surgió una balada, entonada por un grupo de chicas supuestamente puertorriqueñas, que cantaron con gracioso acento “I want to be in America...” A esto siguieron diálogos en que se repetían, frases en español... No era posible experimentar más sorpresa, además de sentir un desmedido orgullo por ser hispana, que seguía creciendo. ¿Y qué decir de Carol Lawrence, en el rol de María, una hija de Puerto Rico, y Larry Kert, como el gringo Tony, ambos personajes centrales de la trágica historia, que sucedía en pleno corazón de Manhattan?

La tarde transcurrió demasiado de prisa. Hubiera deseado que se prolongara eternamente.

El tiempo transcurrido no ha borrado la maravillosa impresión recibida ese lejano día. Después llegó ese mismo musical convertido en una exitosa cinta fílmica en 1961, y premiada con once premios Oscar, con Natalie Wood, la hispana Rita Moreno, Richard Bermeyer, George Chakiris y Russ Tamblyn. Pero aquella puesta en escena es la que se lleva todos los honores, por ser la primera en donde el ambiente teatral de Broadway habló en español, y bailó al compás de ritmos típicos del trópico.

 
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