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Kana Nakao, calzada con zapatos de tacones altísimos o con zapatillas negras de punta, muestra su virtuoso desplazamiento junto a Alex Gauna en “Go Tan”. |
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Alex Gauna
Un tango que termina pronto
Por
Mabel Diana
(Chile)
El coreógrafo, acompañado por la bailarina Kana Nakao y el músico Daniel Villegas emprenden una aventura que cuentan a través del tango historias de amor. Son distintos personajes, en los mismos cuerpos.
El Café del Teatro, en el Barrio Brasil de Santiago, es un espacio nuevo para la danza. Acostumbrado a los grupos musicales, a las tocatas, se abre por única vez al espectáculo del coreógrafo y bailarín Alex Gauna, “Go tan”.
Acompañado por la bailarina Kana Nakao y el músico Daniel Villegas emprenden la aventura contada a través del tango historias de amor. Son distintos personajes, en los mismos cuerpos. Distintos vestuarios que los arropan y desnudan. Los convierten mágicamente en los intérpretes amorosos, violentos, crueles o tiernos. El músico en vivo, acaricia el bandoneón y le saca sutiles acordes.
Imágenes en video nos devuelven a los mismos intérpretes, lejanos, difusos, quietos o juguetones. El espectáculo está armado con escenas reales y escenas virtuales, con solos y dúos. Con música grabada y música en vivo y se va desarrollando en un crescendo bien pensado. Piazzolla, Carlos Gardel, Adriana Varela, poesía cantada y también dicha en italiano. Todo se conjuga para que Alex Gauna reafirme su origen y su pasión por el tango.
Aquí, estilizado, inspirador, muestra hasta qué punto le sirve al coreógrafo y al bailarín para llevarlo preciso y limpio por su cuento de amor.
Kana Nakao, calzada con zapatos de tacones altísimos o con zapatillas negras de punta, muestra su virtuoso desplazamiento. En un acto de violento ataque o de oriental entrega a su compañero, baila acompañada, sostenida y abrazada o etérea y sola. Alex Gauna se apodera de ella, ella confía en él y en ese estar esperándola, firme y seductor.
La iluminación no estuvo acorde con la propuesta, hubo momentos que hizo falta la precisión que se vio en la danza en el manejo de la iluminación. Las imágenes de video también fueron poco claras o, el equipo para reproducirlas no fue el adecuado. El programar sólo una función no da la oportunidad de subsanar esos baches.
Daniel Villegas, en el bandoneón, pone tanto amor y precisión en su música como los bailarines en su danza. Un buen espectáculo para “repetirse el plato”.
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