Historia: El exotismo. Parte I
El extraño encanto de lo desconocido
Por
Enrique Honorio Destaville
(Argentina)
Numerosos creadores hallaron en el exotismo la fuente inspiradora de sus obras. Las influencias registradas en el ballet y las primeras creaciones donde se incluyeron secuencias con estas tendencias.
El exotismo despierta los sentidos. En cuanto a lo que define un diccionario por exotismo, es aquello que resulta extraño, chocante, y hasta extravagante. Ciertamente, el origen de la palabra es latino: exoticus, aunque proveniente del griego éxothikós. En realidad, y en lo cotidiano, se aplica el término a “aquella pequeña cosa puesta para más”, algo así como un poco de sal en la sopa... Pero del significado de éxothikós también se puede concluir que el término significa extranjero, extraño. Ello indica el carácter de una persona o de una cosa proveniente de tierras lejanas, así como tales características intrigan y llaman la atención por no pertenecer a nuestras civilizaciones de Occidente...
Al echar una mirada atrás se pueden encontrar antiguos ejemplos de influencia exótica. Ya en la primera época de la Historia del Ballet, se puede hallar el “Ballo di Donne Turche” del Maestro de Baile Santino Comesari (recién a partir del siglo veinte se acuña el término coreógrafo). El italiano lo estrenó en la Florencia de 1615, plena época de los Médici, conductores de la ciudad-estado. Los turcos... un tema de suprema atracción para los italianos desde la caída de Constantinopla en 1453, y su consolidación como férrea valla que impedía o hacía difícil el comercio con el extremo Oriente. Tanta extrañeza ante sus costumbres llevaría a bautizar –por extensión– al nuevo cereal (el maíz, proveniente de la recién descubierta América) con el equívoco mote de “il grano turco”. ¡Cuánto más debían atraer las mujeres turcas!... Aquellas a quienes se sabía encerradas en un harem, verdadero gineceo del que no salían por determinación de su señor, quien a veces llegaba a condenarlas a portar un “cinturón de castidad” con motivo de algunos de sus viajes. Todo un exotismo... y más aún si estaba relacionado con la sexualidad, tema en el que los italianos estuvieron siempre interesados...
Pero el ballet halló en la corte francesa su más grande esplendor, desde la época de los Valois, hasta la de los Borbones. ¿Acaso el más conspicuo de esta dinastía (Luis XIV) no fue relevante bailarín en su propia corte?... Más de doscientos años habían transcurrido desde el Descubrimiento de América, pero en aquel mundo donde la televisión, el cine, el teléfono, la radio, Internet no habían perturbado la atención del Occidente europeo, claro está, seguía sin conocerse acabadamente la civilización de los Incas del Perú. Y como sólo se la “conocía” por atisbos, atraía más quizá por costumbres de sus reyes, de su corte, y de su pueblo. De allí que cuando Michel Blondy creó el ballet “Les Indes Galantes” en 1735, sobre la notable partitura de Jean Philippe Rameau, no faltó el exótico cuadro de “Los Incas del Perú”. Exotismo más imaginado por mente francesa que fundado en la realidad del vestuario y de las auténticas danzas incaicas. Pero allí también estaban los infaltables cuadros no carentes de exotismo de “El Turco magnánimo”, y “Las Fiestas Persas”.
Avanzado ya el siglo dieciocho, la moda de las chinerías (“chinoiseries”, en el decir de los franceses) caló hondo en la corte francesa. Si no, ¿por qué tanto mueble lacado, tanto biombo de Coromandel, originales o de inspiración en los del Celeste Imperio?... La afición por esa arte pasó de inmediato al Ballet. Por entonces, ya laboraba Jean-Georges Noverre en la coreografía y se aprestaba a escribir sus famosas “Cartas”, en las que propugnaba el nacimiento de un nuevo ballet, arte generador de una obra que debía llamarse por sus características “Ballet d’Action”. Y Noverre presentó sus “Fêtes Chinoises”, con escenario y una serie de variaciones sobre temas de “chinoiseries”, para estar, seguramente, de acuerdo con la moda.
Dos siglos y medio atrás, el entusiasmo por el exotismo del Oriente medio se reforzó con los descubrimientos arqueológicos de investigadores y científicos. Poco a poco, los exploradores y los simplemente aventureros se dirigieron a Egipto a fin de estudiar y escudriñar pirámides, esfinges, monumentos y estatuas, algunas de ellas ya en ruinas. La expedición de Napoleón Bonaparte a Egipto en los comienzos del siglo XIX contribuyó al esclarecimiento científico y a llamar aún más la atención sobre la antigua civilización egipcia. Champollion estudió así la famosa Piedra Roseta, aunque esta ya en manos de los ingleses pudo investigarla por medio de una copia de aquella, y en 1822 concluyó con el desciframiento de los jeroglíficos egipcios. El imperio de los Faraones –con todos sus secretos– revivía y simultáneamente abría la puerta a la especulación y a otras inspiraciones que, consecuentemente, ganaron el teatro y la danza.
Continúa en el próximo número de Danzahoy en español
Esta nota que versa sobre el exotismo forma parte de una más completa sobre el mismo tema y que llega hasta el final del siglo XX. El autor se reserva los derechos de publicarla en otro medio. Sin embargo, esta publicación en Danzahoy es la primera que se hace como una forma de privilegiar al medio al que pertenece el autor desde el inicio y que a su vez forma parte del Consejo Asesor de esta publicación. |
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Jean-Georges Noverre presentó sus “Fêtes Chinoises” para estar de acuerdo con la moda.
Foto: Archivo |
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