Estampas de la escuela bolera y un homenaje a Carmen Amaya marcaron la gira de la compañía española. En el Teatro Gran Rex y con dirección de José Antonio, la troupe mostró un alto nivel interpretativo.
Las motivaciones y presentación ejemplar del Ballet Nacional de España llevó al público el día del debut a la unánime ovación, la que duró lo bastante para demostrar el fuerte interés de aquel en las variantes de la danza procedente de España.
La troupe vino dirigida por el recordado bailarín José Antonio, quien fue estrella del mismo elenco con un programa de dos obras. Una de escuela bolera, y la otra, un vibrante homenaje flamenco a Carmen Amaya.
El mismo director es el coreógrafo de “Aires de Villa y Corte” con música de José Nieto, quien bien se ha prestado para crear una partitura estrictamente de escena dando sustento eficaz a la danza.
En cuanto a José Antonio en su carácter de coreógrafo –reconstructor de pasos e imágenes de escuela bolera– no ha querido exacerbar ni los pasos ni las maneras de este “baile de palillos”, una escuela que viene del siglo XVIII, nacida en la siempre movida Andalucía.
En aquellos años, con espíritu español y las castañuelas en mano, se trató de imitar la danza clásica francesa. Y el resultado fue la escuela bolera con sus olés, fandangos, panaderos, seguidillas y el tan renombrado “Jaleo de Jerez”, todo lo cual tan bien cultivó y cultiva la familia Pericet desde hace generaciones, en la escena o en el aula de aprendizaje.
Como contracara de la mayor parte de las danzas de la península de “tierra a tierra”, la bolera es danza con elevación. La historia nos enseña cuán grandes fueron los esfuerzos por mantener su peculiar estilo y desbaratar decadentes intentos que la bastardeaban.
En estos “Aires...” el coreógrafo y director del Ballet Nacional presenta sus danzas a modo de divertissement y sobre los cinco movimientos que le proporciona la música de José Nieto. Claro está que la ajustada preparación del elenco es parte del éxito, luciéndose por su refinado baile Tamara López con Sergio García. Todos vestidos por Ivonne Blake con calidad en el diseño y la realización.
En “La Leyenda”, el director-coreógrafo apuntó a destacar las distintas facetas de la danza incontenible, de antiescuela y antiacademia que subyugaba a poco de comenzarla Carmen Amaya, a quien está dedicado el cálido homenaje.
La Capitana, como se la denominó en sus primeros años de intérprete, murió a los cincuenta años, recordándose lo que dijo de ella Vicente Marrero: “Había nacido en el baile dentro de un baile hecho de oro añejo”.
Esta bailaora enardecida cara de ídolo trágico y remoto, morena y de pómulos asiáticos (Sebastián Gasch) embelesó grandemente a Buenos Aires, siendo para quien escribe una de aquellas inscriptas en la breve lista de las exclusivas y únicas por su manera de expresar el sentimiento y el carácter en la danza.
Esta obra de José Antonio la recuerda no sólo a través de un estudiado canevas del flamenco propio de “La Capitana”, sino también del colorido y grandilocuente vestuario que portaba (diseño de Pedro Moreno). En todo el desarrollo de la obra el elenco acompaña y se prodiga en fervorosas danzas, logrando rutilantes destellos Elena Algado y Ana Moya con zapateo perfecto, “in crescendo” y acelerado y en la grandiloecuente gestualidad a lo Amaya. Miguel Corbacho y Jesús Carmona tienen a su cargo excepcional participación, todo lo cual coronó un debut muy esperado. |