Holland Dance Festival 2007
La vuelta de los grandes
Por
Rosa C. Corral
y
Ali Mahbouba
Traducciones del Inglés al Castellano: Luis Barros
Un festival tradicional que convoca a los más variados estilos coreográficos y reúne coreógrafos de distintas partes del mundo. Un homenaje a Hans van Manen y el regreso al escenario de Nacho Duato.
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| Sushaku Takeuchi dispuso del vestíbulo del Ayuntamiento de La Haya para montar un proyecto único, “The Butterfly Effect”. |
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Es fácil perderse en el maremagno de posibilidades que el público tiene durante las tres semanas que dura el Holland Dance Festival (HDF). Por esa razón, los organizadores agruparon las actividades en tres secciones, pues está visto que los holandeses no se conforman solamente con disfrutar viendo, sino que además quieren participar, aprender y enterarse.
Así pues, en la undécima edición de la bienal de danza en La Haya, se pudo ver cualquiera de los 57 espectáculos de las compañías procedentes de China, Japón, Australia y Sudáfrica, entre otros. También se pudo participar en uno o varios de los 96 talleres de danza, asistir a las charlas con los coreógrafos, o crear en grupo una coreografía propia.
La Compañía Nacional de Danza abrió el festival con la obra "Alas" de Nacho Duato. Si bien la compañía madrileña ha actuado varias veces en el teatro-sede de la que fuera "cuna creadora" de su director, el Nederlands Dans Theater, a Duato hacía 17 años que los holandeses no lo veían bailar. Y bailó como si los años no hubieran pasado para él.
Alrededor de una figura central, Duato, los bailarines de la CND, lo acompañan en un viaje hacia la búsqueda de su identidad. A veces el protagonista se parece a un “Petit Prince”, bajado de otro planeta, formulando preguntas ante su asombro. Otras, un Ulises navegando de isla en isla.
Las mariposas
El Ayuntamiento de La Haya es un edificio cuyo vestíbulo es enorme, todo blanco y con claraboyas en lugar de tejado. Los aproximadamente diez pisos que dan a él en forma de patio rectangular están provistos de galerías a modo de claustros. Sushaku Takeuchi dispuso de este espacio único, que aprovechó en todas sus posibilidades, para montar un proyecto único, “The Butterfly Effect”.
Con más de cien mujeres y niñas en escena, de las cuales ochenta eran aficionadas y las demás bailarinas profesionales, el coreógrafo japonés montó esta obra, que denota una mentalidad y creatividad fuera de lo usual, como oda a la ternura recíproca entre madre e hija. Cuarenta madres y cuarenta hijas, vestidas de mariposas blancas con las caras pintadas también de blanco, como las geishas japonesas.
Compañía de Danza Moderna de Pekín.
La obra que abrió el programa, Bliss, de Anouk van Dijk, es un encargo del festival, interpretado por una compañía china, que comprendió y asumió el lenguaje de la Van Dijk, que es ni más de menos que el de cualquier creador de lo que se ve hace años en Europa. Para ellos sin duda una experiencia didáctica y, por su ejecución, valida para un buen aplauso.
Bajo la dirección de Zhang Changcheng, esta compañía fusiona elementos tradicionales chinos con otros provenientes de la danza contemporánea europea.
Así es el caso en la obra “Offering” de la bailarina y coreógrafa Gao Yanjinzi. Ella representa el ser (¿quizás Mater Natura?) que, después de un largo ritual, recibirá la ofrenda. El "monje" que la lleva avanza con suma lentitud. Los demás bailarines se encargan de la danza en sí, en la que apreciamos posturas y movimientos de yoga, artes marciales orientales y danza moderna occidental. También danza hindú en cuanto a movimientos de cuello y cabeza, brazos, manos y dedos, así como la formación de "estatuas" con cuatro o seis brazos. Pero es la espiritualidad de la pieza lo que llega y envuelve. La música de Arvo Pärt, la estética religiosa oriental, las escenas en "slow motion", y la presencia de Gao Yanjinzi con su quietud humilde, haciendo como si se peinara la melena que le llega a las rodillas. Esta quietud se ve interrumpida por un solo enérgico en el que la cabellera juega un papel importante. En resumen: Ofrenda (Offering) es una joya traída desde Pekín.
Las nuevas generaciones
Regina van Berkel, una coreógrafa holandesa de una generación más reciente, también participó en el festival. En su “Triple-zone”se conjuntan las tres disciplinas de música, danza y medios visuales, formando un colorido caleidoscopio de melodías, ritmos, movimiento e imágenes. En un escenario en cambio continuo, se proyectan imágenes sobre cinco grandes pantallas mostrando diferentes escenografías y perspectivas para la acción que se desarrolla sobre el escenario. Las imágenes semejan hojas y células, ampliadas repetidas veces y en todos los colores y tonalidades. También cambian de posición los variados instrumentos de percusión, mientras los cuatro músicos y cinco bailarines se enfrascan en un diálogo emocionante.
El solo de Urtzi Aramburu es especialmente arrebatador, yendo desde un trance hasta un poderoso crescendo en respuesta al vigoroso tamborileo de los tres músicos que lo rodean. En otro solo más tranquilo, un saxofonista trata de convencer a Maud Liardon de que lo siga como al flautista de Hamelin, mientras este lo mira divertido. La pieza está construida como si estuviera improvisada, como si los encuentros ocurrieran espontáneamente. Esto le otorga un cierto cariz y permite que la abstracción resulte más asociativa.
De las compañías internacionales, Les Ballets de Monte-Carlo fue la que se esperaba con mayor expectativa. Sin embargo, el primer trabajo que presentó resultó ser un poco desilusionante. El director artístico Jean-Christophe Maillot creó su “Opus 40” como una oda a la juventud cuando cumplió 40. Bernice Coppieters en un solo muy bien hecho revive secuencias de su niñez. Esto se repite luego, pero esta vez acompañada por tres hombres que dirigen sus movimientos, tomando parte en los recuerdos de sus primeros impulsos sexuales de una manera conmovedora y casi erótica.
En general al ballet le faltó inspiración y sentido dramático. Tampoco ayudó mucho el canto insoportablemente gutural y estridente de Meredith Monk con su música experimental. Uno se pregunta por qué se eligió una música tan difícil para acompañar una pieza tan ligera.
La velada, sin embargo, se salvó gracias al poderoso “In Memoriam” de Sidi Larbi Cherkaoui. En esta obra, el coreógrafo explora cómo la memoria y la realidad pueden llegar a influir la una sobre la otra. Otros dúos tienen que ver con la atracción y la repulsión, dos aspectos de esta fuerza magnética que determinan la ternura o la agresión. Luego, en el momento cúlmine de la obra, Cherkaoui se libera de la pareja que lo controla y en un solo sublime ejecutado por el español Asier Uriagereka de manera sorprendente como si estuviera siendo manipulado por un ser invisible.
Este fuerte sentido de espiritualidad involucra la obra entera así como en otras dos secciones de trance, donde la compañía entera representa un microcosmos de la humanidad. En la primera giran como derviches rotatorios, entrecruzándose en sus caminos respectivos y tejiendo tramas en el jugo complejo de la vida. En la segunda se deslizan en punta en formación triangular y ejecutan gestos intrincados con las manos sobre las cabezas hasta que finalizan apuntándolas hacia el cielo. Un hipnotizante y absoluto punto culminante de todo el festival. |
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Hans van Manen a los 75
En la edición de este año del Holland Dance Festival, tuvo lugar la celebración de los 75 años de Hans van Manen, el coreógrafo más estimado de Holanda. El Het Nationale Ballet, de Holanda, que en el correr de este año había organizado un festival en su honor, ofreció en La Haya una deliciosa selección de sus creaciones, como parte del Holland Dance Festival. En “Metaforen” la compañía agotó ingeniosamente todas las posibilidades de la simetría, y se basó en las diagonales del escenario. El bailarín español Juan Eymar quedó confirmado como una de las nuevas incorporaciones de la compañía. Formó pareja primero con el solista Cédric Ygnace en un dúo protagónico que resultó muy innovador la primera vez que fue presentado en 1965, dado que los dos hombres realizaban figuras que estaban convencionalmente reservadas al pas de deux entre un hombre y una mujer.
Van Manen luchó siempre para que el ballet se emancipara de esa estereotipada división de roles según el género. En “Dreaming about you”, cuya premiére tuvo lugar hace un año, el coreógrafo se manifiesta en el punto culminante de su calidad artística, logra combinar lo popular con lo serio y con la música de vanguardia (Prince junto a Louis Andriessen y Erik Satie), para llegar a una forma de arte superior. El dúo es visualmente sorprendente, con Marisa López vestida de azul cobalto y el colombiano Felipe Díaz enfundado en un leotardo de color oro. Ambos estupendos bailando en una relación impregnada de confrontación y sarcasmo, aunque también llena de ternura y amor.
“El Adagio Hammerklavier” (1975) se trata de un ejercicio de control y equilibrio absolutos, con tres dúos maravillosos manifestando relaciones de profundo anhelo. El dúo de Larissa Lezhnina y Jozef Varga resultó especialmente sublime, con equilibrios que dejaban al espectador sin aliento.
Finalmente, “Black Cake”, un indiscutible favorito del público. Tiene un comienzo efervescente al compás del scherzo ascendente de la última sinfonía de Tchaikovsky, seguido por tres dúos contrastantes donde quedó patente el talento histriónico de Lezhnina y del español Juanjo Arqués, así como la capacidad dramática de la dominicana Michele Jiménez.
El final rezuma humor cuando los bailarines beben champaña y se tambalean por el proscenio cual si estuviesen borrachos, elevando sus copas hacia el público, aunque uno sospecha que se dirigían específicamente a Van Manen quien estaba siendo especialmente agasajado esa velada con la presentación de una caja de DVD con más de 20 de sus coreog |
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