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20 años de Neodanza

Una apuesta contra viento y marea

Por Carlos Paolillo (Venezuela)

La compañía venezolana dirigida por Inés Rojas explora distintas tendencias contemporáneas. En sus inicios partió de una expresión cercana al neoclásico, hasta llegar a las corrientes de la nueva danza.

La trayectoria artística de Neodanza ha sido claramente atípica. A lo largo de sus 20 años de actividades, la compañía venezolana dirigida por Inés Rojas ha explorado en distintas tendencias de la danza contemporánea, partiendo en sus inicios de una expresión muy cercana al ballet neoclásico, hasta arribar en la actualidad a extremos de experimentación dentro de las corrientes de la nueva danza, muy especialmente la improvisación.

Esta característica evidencia, más que dificultades en la definición de una línea cierta de creación, necesidad de tanteos permanentes, de búsquedas conceptuales y estéticas continuas y contrastantes, de indagaciones en vocabularios desconocidos, que conduzcan, finalmente, a codificaciones corporales auténticas.

Inés Rojas, bailarina de formación rigurosamente clásica, ha demostrado inquietud y avidez, además de riesgo, en la conducción artística de Neodanza. Para ello debió introducirse en ámbitos ideológicos, formales y técnicos en apariencia lejanos a sus intereses y sensibilidad, hasta lograr conformar, contra viento y marea, un ensamble que adquirió su fisonomía definitiva a principios de los años ’90 siguiendo los principios de la danza postmoderna, logrando además una notable proyección internacional en su momento.

En esta configuración, el aporte de los bailarines cubanos Alexey Tarán y Osmany Téllez resultó determinante, quienes, desde una perspectiva radical y nihilista el primero, y espontánea y cotidiana el segundo, contribuyeron a la conformación de un lenguaje fuertemente expresivo en medio de su abstracción, no pura sino premeditadamente contaminada. 

Transitando ese sendero, Inés Rojas se inició también hace algunos años en la creación coreográfica, enriqueciendo de esta manera su condición de intérprete dúctil y experimentada y develando un mundo afectivo y creativo singular, que con el tiempo ha ganado en personalidad y solidez.

La reciente conmemoración del vigésimo aniversario de Neodanza fue discreta y también reveladora de convicciones que se confirman y de potencialidades que se descubren. En el Teatro Alberto de Paz y Mateos de Caracas se vieron dos estrenos, que aunque muy distintos entre sí, pueden considerarse como una cohesionada unidad. Rojas y Téllez son creadores de perfiles propios, que juntos conforman una llave creativa orgánica y coherente.

La temporada trajo el estreno de “Útero party”, de Inés Rojas, dueto sobre la pareja abordada desde una perspectiva urbana ruidosa y desaprensiva, resuelta en dura clave de incomunicación en medio de su desinhibido humor. Los bailarines Vanessa Lozano y Pedro Alcalá bordan con habilidad las características psicológicas de sus personajes, logrando superar lugares comunes y estereotipos.

Por su parte, Osmany Téllez presentó “Invisible animal-pilot bites burning cosmos”, fresco coreográfico postmoderno, dinámico y exhaustivo en su diseño espacial, que explora en el absurdo humano en una doble dimensión, concreta y abstracta. Notable resulta su cuadro de atractivos intérpretes: Astrud Angarita, de regreso a los escenarios venezolanos, los noveles y muy estimulantes bailarines Sophía Rodríguez y Carlos Penso y la propia Inés Rojas exhibiendo curtido oficio y plenitud artística.

 
El festejo de los 20 años de Neodanza en el Teatro Alberto de Paz y Mateos de Caracas mostró gran cohesión artística.
Foto gentileza Neodanza.
 
 
 
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