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Alfredo Caruso

Un adiós cerca de los 80

Por Enrique Honorio Destaville (Argentina)

Una despedida que afecta al mundo del ballet, la danza y la plástica, disciplina a la que se dedicó en las últimas décadas. Alejado de los escenarios, atrás había dejado su carrera como bailarín profesional.

La muerte de Alfredo Caruso, ocurrida el 15 de febrero, cuando estaba por cumplir sus 80 años, afecta al mundo del ballet, la danza y la plástica, disciplina que lo había atrapado en las últimas décadas, alejado ya de los escenarios. Atrás había quedado una carrera como bailarín profesional, primero en el Ballet del Teatro Argentino de La Plata, y luego en la Compañía del Teatro Colón. En esta última fue especialmente reconocido por algunos creadores que lo distinguieron con papeles especiales de solista. El alemán Heinz Rosen que le encomendó el unicornio de su ballet “La Dama y el Unicornio”, y Jack Carter en algunas de sus obras.

Pero la inquietud creativa de quien acaba de morir lo llevó a coreografiar, y de él se recuerda muy especialmente su “Romeo y Julieta”, sobre música de la Obertura fantasía de Tchaicovsky.

Fue director de varias agrupaciones, como el Ballet Oficial de Tucumán, el de la provincia de Córdoba, y también de la Compañía de Ballet del Teatro Municipal de Santiago de Chile. En todas ellas resaltó su profesionalidad y un escrupuloso control del repertorio y del elenco.

Ya había dado cuenta de su minuciosidad en el detalle en su labor de bailarín. Viajero incansable por algún tiempo, aprovechaba estas ocasiones para pintar en los países que lo recibían como huésped. Así arribó a Rusia, se internó en la parte asiática, cuando aún estaba constituida la Unión Soviética, y alcanzó a pintar los impactantes contrastes de Samarcanda, por ejemplo. Más tarde llegó a la admiración de las culturas precolombinas, dando muestras de su originalidad en numerosos cuadros que expuso. Por otra parte, ya había efectuado estudios sobre la influencia histórico-cultural en el advenimiento del Arte, en cursos realizados tanto en el Museo del Louvre como en del Prado.

En 1997, la serie “América Alfarera fue expuesta en el Museo Octavio Pinto (Córdoba, Argentina), y los cuadros de esta serie se incorporaron a las colecciones de la Manzana de las Luces –sitio histórico de la ciudad de Buenos Aires– y de varias embajadas, así como a las del príncipe heredero de Holanda Guillermo Alejandro y su cónyuge, la princesa Máxima.

Ese mismo año de 1997 la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) organizó el primer salón de Artes Plásticas y obtuvo el primer premio el talentoso Caruso (con “Madre Tierra”) por lo que la Cancillería del reino de Tailandia la adquirió de inmediato. Actualmente cuadros del inolvidable “Caru” se encuentran en colecciones tan importantes como la de Amalia Lacroze Reyes de Fortabat y en museos e instituciones de nuestro país y otros estados de Europa, América y Asia.

Sus restos fueron cremados por su propio pedido, y su nombre siempre estará vinculada con la cultura de su patria, de la que fue notable difusor. Muy especialmente, aquellas tapas de la revista “Música Hoy” magníficamente ilustradas con sus obras, como aquella del quinto centenario del Descubrimiento de América.

 
Alfredo Caruso, en su estudio de pintura, actividad a la que se dedicó durante las últimas décadas de su vida.
 
 
 
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