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  El Incolballet presentó “Miniaturas móviles”, obra del coreógrafo estadounidense Meredith Rainey, en el encuentro realizado en Colombia.
Gentileza: FIBC.
 
   

Festival internacional de Cali

Academicismo y exploraciones

Por Carlos Paolillo (Desde Colombia)

La segunda edición de este festival internacional se realizó en distintos teatros de la ciudad de Cali. El Incolballet fue la compañía anfitriona que recibió a compañías de ocho países de América latina

Cali es una ciudad cuyos habitantes se expresan a través de una salsa trepidante y de los ritmos que traen los aires de la costa pacífica colombiana. Pensar en la capital del Valle del Cauca como un ámbito posible para el desarrollo de un centro especializado en danza clásica, podría resultar una utopía extrema. Sin embargo, la creación hace treinta años del Instituto Colombiano de Ballet Clásico (Incolballet) en esta región, ha desechado esta creencia.

A semejanza de Cuba, aunque a una escala distinta de penetración social y niveles de formación y creación artística, Incolballet se presenta como un proyecto modelo, difícil de repetir en algún otro lugar de América latina. Una voluntad individual poderosa, la de su promotora Gloria Castro, lo ha hecho posible junto a una visión ambiciosa de la educación en el ballet, no exclusiva de los círculos sociales tradicionales y más allá de la concepción de una escuela pequeña y de corto alcance.

La conmemoración del Día Internacional de la Danza en Cali es un proyecto que sorprende por su capacidad de animación y convocatoria de audiencias. Constituye la excusa para promover una plataforma que encuentra en la celebración de la danza escénica su razón de ser fundamental: el Festival Internacional de Ballet, que realizó su segunda edición en el Teatro Municipal Enrique Buenaventura, el Teatro Jorge Isaacs y distintos espacios ciudadanos.

La iniciativa de Incolballet consiste en solidificar un evento que se convierta en referente latinoamericano. La convocatoria de este año reunió a ocho países –Alemania, Argentina, Cuba, Chile, Estados Unidos, México, Venezuela y Colombia– alrededor de espectáculos y programas de formación, difusión y sensibilización de públicos.

La apertura del festival estuvo a cargo de la compañía de Incolballet, que en los últimos tiempos ha dado signos claros de renovación y apertura. El conjunto representó “Miniaturas móviles”, obra del coreógrafo estadounidense Meredith Rainey, que brinda una aproximación casi fidedigna al espíritu del neoclásico de Balanchine, aportando a este la personal experiencia de su autor.

Sorprende en Rainey su claro sentido de la abstracción. Sin historia previa ni narración alguna, la escena va adquiriendo una atmósfera inquietante, densa y aséptica, lúdica y emocional. La estructura planteada es exhaustiva y en alguna medida impredecible.

Musicalmente la obra ofrece contrastes. Por un lado, Chopin, utilizado en el prólogo y epílogo, ofrece las reminiscencias de un tiempo romántico. Por el otro, Steve Reich en su condición de autor minimalista profundiza en la intención reiterativa e insistente del discurso coreográfico. La pieza demanda de sus intérpretes conocimiento profundo de los códigos del ballet académico, al tiempo que la suficiente versatilidad para violentarlos cuando sea necesario.

De diversidad de tendencias se nutrió el Festival Internacional de Ballet de Cali, evento que intenta promover el equilibrio estético. Hubo demostraciones de academicismo por parte del Ballet Nacional de Cuba y el Ballet de Santiago de Chile, mientras que los bien asentados experimentos del Colegio del Cuerpo de Cartagena de Indias y Surdance Ensemble de Argentina, convivieron con ellas en aparente armonía, superando diferencias y presuntas oposiciones.


 
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